{"id":122013,"date":"2026-05-10T10:05:03","date_gmt":"2026-05-10T16:05:03","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=122013"},"modified":"2026-05-10T10:05:04","modified_gmt":"2026-05-10T16:05:04","slug":"djabu-victima-de-mutilacion-genital-a-los-cinco-anos-desde-entonces-duermo-con-las-manos-en-mis-partes-papel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/djabu-victima-de-mutilacion-genital-a-los-cinco-anos-desde-entonces-duermo-con-las-manos-en-mis-partes-papel\/","title":{"rendered":"Djabu, v\u00edctima de mutilaci\u00f3n genital a los cinco a\u00f1os: \u00abDesde entonces, duermo con las manos en mis partes\u00bb | PAPEL"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\">Eran 15 ni\u00f1as y la tortura dur\u00f3 dos horas. Estuvo a punto de morir. Hoy, la modelo y empresaria Djabu Balde cuenta su historia en &#8216;Entre dos madres&#8217;: \u00abO\u00edas gritar a una ni\u00f1a y sab\u00edas que luego ibas t\u00fa\u00bb<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"910\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/17782372869034-910x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-122014\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/17782372869034-910x1024.jpeg 910w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/17782372869034-267x300.jpeg 267w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/17782372869034-768x864.jpeg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/17782372869034.jpeg 1200w\" sizes=\"(max-width: 910px) 100vw, 910px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Djabu Balde, posando en Madrid.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/autor\/pedro-simon.html\"><\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"><strong><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/autor\/pedro-simon.html\">Pedro Sim\u00f3n<\/a> \/ Texto \/ Antonio Heredia \/ Fotograf\u00edas PAPEL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Madrid<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Una ni\u00f1a de cinco a\u00f1os. Una choza oscura llena de otras ni\u00f1as. Unas mujeres mayores que agarran con unas manos que parecen pinzas hidr\u00e1ulicas. Y un \u00fanico estilete fin\u00edsimo para mutilarlas a todas. Primero una. Luego otra. Luego otra m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Se escuchan dos tipos de gritos. Fuera: los gritos de las madres. Dentro: los de las otras ni\u00f1as. A medida que las peque\u00f1as van gritando, la ni\u00f1a de cinco a\u00f1os sabe lo que va a suceder.&nbsp;<strong>La siguiente va a ser ella.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda ser el principio de una novela de terror, pero es el comienzo de una vida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAl ser un recuerdo traum\u00e1tico, no se te olvida con facilidad, porque es algo que tienes que ir sanando. Recuerdo estar jugando muy feliz y, a lo siguiente, estar dentro de una casa de paja. Recuerdo a mi madre llorando much\u00edsimo, sin parar, y yo no entender el porqu\u00e9. Gritaba:&nbsp;<strong>&#8216;\u00a1Estoy aqu\u00ed, todo ir\u00e1 bien!&#8217;.&nbsp;<\/strong>Para m\u00ed era algo extra\u00f1o, porque all\u00ed [en Guinea-Bissau] era normal que los adultos cargaran a los ni\u00f1os, as\u00ed que no vi nada raro al principio. Lo \u00fanico que quer\u00eda era bajarme para saber qu\u00e9 le pasaba a mi madre. Aquella mujer me sujetaba cada vez m\u00e1s fuerte. Y no era solo yo: otras ni\u00f1as estaban igual, en el mismo infierno\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Para saber m\u00e1s<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2025\/06\/13\/17498266461866.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Historias.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2025\/06\/14\/684c3b46e4d4d899478b456e.html\">Aminata, superviviente de ablaci\u00f3n genital: \u00abEn las relaciones, el hombre termina y t\u00fa solo lloras\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Redacci\u00f3n:PEDRO SIM\u00d3N\u00a0(Texto)<\/li>\n\n\n\n<li>Redacci\u00f3n:\u00a0DAVID GONZ\u00c1LEZ (ARABA PRESS)\u00a0(Fotograf\u00edas)<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2025\/06\/14\/684c3b46e4d4d899478b456e.html\">Aminata, superviviente de ablaci\u00f3n genital: \u00abEn las relaciones, el hombre termina y t\u00fa solo lloras\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"cardTitle_signUp\">Lecturas XL<\/h2>\n\n\n\n<p>Las mejores historias, cr\u00f3nicas y reportajes en profundidad. Para entender la realidad sin l\u00edmite de espacio y tiempo.Correo electr\u00f3nico introducido:losperiodistas.com.mx@gmail.comCambiarApuntarme<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abRecuerdo que \u00e9ramos como unas 15. Tengo retratadas sus caras y<strong>&nbsp;la sensaci\u00f3n de que nos hab\u00edan llevado all\u00ed para jugar juntas como cualquier otro d\u00eda.&nbsp;<\/strong>Nos sentaron a todas dentro de la caba\u00f1a. No llev\u00e1bamos nada de ropa en la parte de arriba; solo una tela anudada alrededor de la cintura, un tipo de ropa tradicional similar al envoltorio de una toalla, pero con tela africana. Nos recolocaron aquella tela, la levantaron y la pasaron hacia arriba para atarla alrededor de nuestro cuello, formando una especie de cruz\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abRecuerdo que empezamos un estado de angustia. O\u00edas gritar a una ni\u00f1a y luego a otra y sab\u00edas que aquello te iba a tocar a ti. Me agarraban entre varias. El cuchillo era superfino y era el mismo para todas. Tuve miedo. Me abrieron las piernas y lo siguiente fue un dolor impresionante.&nbsp;<strong>Fueron como dos horas de tortura hasta que acabaron con todas<\/strong>\u00ab.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abRecuerdo mucho sangrado y que la cosa se empez\u00f3 a complicar.&nbsp;<strong>No solo nos cortaron, sino que despu\u00e9s nos cosieron. Te ponen pa\u00f1os como si fueran un pa\u00f1al.&nbsp;<\/strong>Gracias a un t\u00edo, me llevaron de urgencias al hospital porque me desangraba y ten\u00eda una infecci\u00f3n muy grande. Se supone que las mutiladas ten\u00edamos que estar all\u00ed diez d\u00edas y luego participar en una ceremonia. Yo no estuve en la ceremonia, sino en el hospital. Lo \u00fanico que yo quer\u00eda entonces era estar con mi madre. Ella me contaba el cuento de mi vida. Empezaba: \u00e9rase una vez una ni\u00f1a a la que le hicieron mucho da\u00f1o&#8230;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La ni\u00f1a que entonces ten\u00eda cinco a\u00f1os hoy es una mujer con 34. La ni\u00f1a que viv\u00eda en Gab\u00fa (Guinea-Bissau) hoy lo hace en Madrid. La chiquilla cercenada hoy no puede lucir con m\u00e1s plenitud.<\/p>\n\n\n\n<p>De tal manera que vamos a terminar aquel cuento que comenz\u00f3 la madre:&nbsp;<strong>Djabu Balde<\/strong>&nbsp;lleg\u00f3 a Espa\u00f1a siendo todav\u00eda una ni\u00f1a, acab\u00f3 la carrera de Filolog\u00eda Inglesa en Sevilla, trabaj\u00f3 como traductora, fue madre y -en la actualidad- tiene una empresa de idiomas para ni\u00f1os y ejerce como modelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una historia -la suya- que te recuerda que todav\u00eda hay 230 millones de mujeres que han sufrido mutilaci\u00f3n genital en todo el mundo, s\u00ed. Pero tambi\u00e9n lo inamputable de lo esencial.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sin embargo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSiempre he sido muy insegura.&nbsp;<strong>Desde entonces, siempre dorm\u00eda con las manos en mis partes, como una manera de protegerme.&nbsp;<\/strong>Incluso ahora tambi\u00e9n lo hago de un modo insconsciente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>(&#8230;)<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo cuenta en su libro<em>&nbsp;Entre dos madres<\/em>&nbsp;(editorial Medialuna), un relato autobiogr\u00e1fico donde Djabu Balde desgrana su infancia pasada a cuchillo, su llegada a Espa\u00f1a con nueve a\u00f1os, su nueva familia adoptiva, la herida de la adolescencia, el turbi\u00f3n de las relaciones de juventud y esta primavera que es hoy. Todo atravesado por las dos horas en aquella choza oscura.&nbsp;<strong>Aqu\u00ed habla en p\u00fablico de lo que casi la mata por primera vez.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMi padre estudi\u00f3 finanzas y mi madre fue a la universidad para ejercer de maestra. Ella fue la primera mujer que se sac\u00f3 una carrera en su tierra.&nbsp;<strong>Cada vez que sal\u00eda de clase, recib\u00eda una paliza de los extremistas.&nbsp;<\/strong>Hasta que mis t\u00edos, para evitarlo, decidieron ir a recogerla dentro de la facultad. Yo fui la \u00fanica hija que tuvieron los dos. A la semana de nacer, mi padre se march\u00f3 del pa\u00eds. Los ahorros de mi abuelo fueron para pagarle una patera y tener una oportunidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fue el camino del padre.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed era la familia.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed era el pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed era ser ni\u00f1a antes de.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\"><strong><em>\u00abEl objetivo es que no tengas placer, que est\u00e9s sometida\u00bb Djabu Balde<\/em><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>\u00abMi infancia fue superbonita. All\u00ed la gente es feliz sin nada. Se me viene a la cabeza estar con mi abuelo superculto. Bajo un \u00e1rbol enorme. Jugando descalza. Con mocos en la cara. Cosiendo para mis mu\u00f1ecas, a las que vest\u00eda muy estilosas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que llega aquella escena que lo trastoca todo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abRecuerdo ese momento como si estuviera dentro de una pel\u00edcula. Recuerdo c\u00f3mo nos llevaron, el lugar, la sensaci\u00f3n y la escena completa. Ni siquiera recuerdo con detalle mi aspecto f\u00edsico, pero s\u00ed permanecen perfectamente en mi memoria mis pies peque\u00f1os, con las cadenas t\u00edpicas que hac\u00edan ruido al caminar y que llevaba en a pierna derecha.&nbsp;<strong>Recuerdo que iba saltando, jugando, pensando en algo normal, propio de una ni\u00f1a<\/strong>\u00ab.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan la \u00faltima investigaci\u00f3n de UNICEF en 31 pa\u00edses de \u00c1frica, Asia y Oriente Medio, la mitad de las v\u00edctimas lo son a la edad en que lo fue Djabu (antes de los cinco a\u00f1os). M\u00e9dicos del Mundo reporta que, en Espa\u00f1a,&nbsp;<strong>ya han sido atendidas m\u00e1s de 700 mujeres migrantes que fueron cercenadas en origen.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo supimos nada de mi padre hasta mucho despu\u00e9s, yo pas\u00e9 a ser una ni\u00f1a abandonada y mi madre, una se\u00f1alada\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La oportunidad de escapar de todo aquello fue la enfermedad grave de la abuela. Para tratar de curarla, la anciana fue enviada a la vecina (y m\u00e1s desarrollada) Senegal, en donde los contactos de su desaparecido padre la encontraron acomodo.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed lleg\u00f3 la abuela, que morir\u00eda poco despu\u00e9s. Y con ella, Djabu, que arrancaba una segunda vida. Lo primero que aprendi\u00f3 estaba a flor de piel.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab<strong>Se nota mucho cuando eres mutilada, porque te sientes muy peque\u00f1a.<\/strong>&nbsp;El objetivo es que no tengas placer, que est\u00e9s sometida\u00bb, sostiene. Y evoca: \u00abEllas, las senegalesas, que no son mutiladas, eran mucho m\u00e1s seguras, m\u00e1s libres que nosotras, las guineanas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn Senegal yo viv\u00eda con una familiar de la novia que mi padre ten\u00eda en aquel pa\u00eds. Mi madre iba a verme cada mes para ver c\u00f3mo estaba. Solo ten\u00eda siete a\u00f1os y muchas responsabilidades. Limpiaba, recog\u00eda, trabajaba&#8230; Un hijo de aquella se\u00f1ora se fij\u00f3 en m\u00ed y quiso hacerme algo, pero me salv\u00f3 in extremis una vecina. \u00bfQue si era otro ni\u00f1o? No, no, ese hombre ten\u00eda m\u00e1s de 30 a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La tercera vida de nuestra protagonista -ya vamos por la tercera- comenz\u00f3 a los nueve a\u00f1os, cuando logr\u00f3 los papeles y lleg\u00f3 a Espa\u00f1a en avi\u00f3n mediante la v\u00eda de la reagrupaci\u00f3n familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEra la negra de Torre de la Reina, en Sevilla. All\u00ed viv\u00eda con mi padre y su mujer espa\u00f1ola. Le ten\u00eda rencor a mi padre por habernos dejado, aunque tambi\u00e9n sent\u00eda necesidad de su figura. Su mujer me ve\u00eda como una amenaza.&nbsp;<strong>Todo eran gritos. Me llamaba bastarda. Cuando mi padre no estaba, me dejaba sin cenar o me dejaba encerrada en el patio<\/strong>\u00ab, rememora. \u00abAquella mujer le comi\u00f3 la cabeza y mi padre, para asustarme, empez\u00f3 a decir que me iba a devolver a Guinea&#8230; Tuve un ataque de ansiedad por eso. Recuerdo a mi padre conduciendo a mucha velocidad para asustarme. Ese momento. Y yo tir\u00e1ndome del coche en marcha. No pod\u00eda seguir as\u00ed\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Djabu lloraba mucho, dice.<\/p>\n\n\n\n<p>Y luego se quedaba dormida en la cama con las manos cruzadas entre las piernas.<\/p>\n\n\n\n<p>(&#8230;)<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2026\/05\/08\/17782373381760.jpg\" alt=\"La modelo y empresaria Djabu Balde.\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">La modelo y empresaria Djabu Balde.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Una vida en Guinea-Bissau. Una segunda vida en Senegal. Una tercera con su padre en Sevilla&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Y hay una cuarta vida: su adopci\u00f3n por parte de una familia espa\u00f1ola a los 16 a\u00f1os tras la intervenci\u00f3n de los Servicios Sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Y hay una quinta vida para aquella mujer que pudo haber muerto tras ser mutilada de chiquilla: se fue a Sevilla para estudiar Filolog\u00eda Inglesa. \u00abNo quer\u00eda tener relaciones con los hombres, porque sab\u00eda que lo me hab\u00eda pasado de ni\u00f1a era por culpa de ellos, de sus normas&#8230;&nbsp;<strong>Al principio de conocernos, no les contaba lo que me hab\u00edan hecho, porque no quer\u00eda encasillarme en el victimismo.&nbsp;<\/strong>Hasta que ya era inevitable contarlo. Necesit\u00e9 mucha terapia con psic\u00f3logos para entender\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y hay una sexta vida en Valencia, ciudad a la que viaj\u00f3 por amor y en la que pas\u00f3 lo mejor y lo peor. Lo mejor: \u00abTuve a mi hijo\u00bb. Lo peor: \u00abSufr\u00ed malos tratos y acab\u00e9 pasando hambre. Sobreviv\u00edamos gracias a la Cruz Roja. No lo cuento con victimismo. Pero todos podemos recibir una hostia y saber que hasta aqu\u00ed hemos llegado\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora estamos por la s\u00e9ptima vida ya en Madrid, porque Djabu tiene m\u00e1s existencias que un gato y todas las suyas caben en esta sonrisa que es como un cuadro al \u00f3leo.<\/p>\n\n\n\n<p>La nueva mujer habla media docena de idiomas y aprob\u00f3 para tripulante de cabina, ejerce de modelo y estudi\u00f3 interpretaci\u00f3n, tiene una academia de ingl\u00e9s en guarder\u00edas y est\u00e1 a punto de sacar su libro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab<strong>Estoy superorgullosa de haber reconstruido mi identidad, de sanar, de haber podido con todo.&nbsp;<\/strong>No es sencillo contar mi historia, pero, si ayuda, bien est\u00e1. A pesar de lo ocurrido, no pierdo la alegr\u00eda. Pero creo que en la infancia no deber\u00eda de existir la vulnerabilidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace tres a\u00f1os, Djabu regres\u00f3 a su Guinea natal porque quer\u00eda estar con su otra abuela ancian\u00edsima, con su madre, con lo que ocurri\u00f3, con la sociedad que lo consiente, con las mujeres de las pinzas hidr\u00e1ulicas, con los gritos infantiles, con la ni\u00f1a que fue.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed estaban todos esper\u00e1ndola.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn mi zona, la gente es muy pobre y vive con lo esencial: la prioridad en una familia es el saco de arroz&#8230; Necesitaba reencontrarme con mi cultura, entender, entenderme\u00bb, comenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces las vio.<\/p>\n\n\n\n<p>-All\u00ed estaban todas aquellas ni\u00f1as. Mutiladas como yo. Me emocion\u00e9.&nbsp;<strong>Me preguntaba por qu\u00e9 hab\u00eda sido yo la elegida, la que hab\u00eda tenido otra vida, y no ellas.&nbsp;<\/strong>Fue as\u00ed como empec\u00e9 a conectar conmigo misma, a comprender que soy muy afortunada.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 hiciste?<\/p>\n\n\n\n<p>-Me arruin\u00e9. Compr\u00e9 un saco de arroz para cada ni\u00f1a y cada ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2026\/05\/08\/69fdbe3421efa0752c8b459e.html\">https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2026\/05\/08\/69fdbe3421efa0752c8b459e.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eran 15 ni\u00f1as y la tortura dur\u00f3 dos horas. Estuvo a punto de morir. 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