{"id":121839,"date":"2026-05-08T08:22:02","date_gmt":"2026-05-08T14:22:02","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=121839"},"modified":"2026-05-08T08:41:30","modified_gmt":"2026-05-08T14:41:30","slug":"eduardo-ruiz-sosa-la-literatura-mexicana-debe-centrarse-en-los-gritos-no-en-los-tiros-la-lectura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/eduardo-ruiz-sosa-la-literatura-mexicana-debe-centrarse-en-los-gritos-no-en-los-tiros-la-lectura\/","title":{"rendered":"Eduardo Ruiz Sosa: \u00abLa literatura mexicana debe centrarse en los gritos, no en los tiros\u00bb | La Lectura"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-pale-cyan-blue-background-color has-background has-medium-font-size\">El escritor culichi, cuya literatura siempre est\u00e1 atravesada por la memoria, la violencia y la marginalidad, publica la espectral y fascinante &#8216;El paisaje es un grito&#8217;. \u00abLa violencia en M\u00e9xico es un desastre social descomunal que cada vez va a peor\u00bb<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"910\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/17778812285644-910x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-121840\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/17778812285644-910x1024.jpeg 910w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/17778812285644-267x300.jpeg 267w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/17778812285644-768x864.jpeg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/17778812285644.jpeg 1200w\" sizes=\"(max-width: 910px) 100vw, 910px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">El escritor mexicano Eduardo Ruiz Sosa. Yoh Gonz\u00e1lez<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/autor\/andres-seoane.html\"><\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"><strong><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/autor\/andres-seoane.html\">Andr\u00e9s Seoane<\/a> \/ La Lectura<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Como ocurre muchas, demasiadas veces,&nbsp;<strong>todo arranca con una deportaci\u00f3n<\/strong>. En este caso la de Baldor, expulsado del Otro Lado, que nos cuenta su regreso a un origen que ya no existe. Hay libros que no se escriben desde una idea sino desde una acumulaci\u00f3n de fuerzas que terminan encontrando una forma. En&nbsp;<a href=\"https:\/\/candaya.com\/libro\/el-paisaje-es-un-grito\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>El paisaje es un grito<\/em><\/a>&nbsp;(Candaya), el mexicano&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/cataluna\/2019\/07\/15\/5d2c6b25fdddff8c2b8b45b9.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><strong>Eduardo Ruiz Sosa<\/strong><\/a>&nbsp;(Culiac\u00e1n, 1983) parece haber llegado a ese punto en el que su literatura,&nbsp;<strong>siempre atravesada por la memoria, la violencia y las comunidades en los m\u00e1rgenes<\/strong>, deja de organizarse en torno a un centro reconocible y empieza a expandirse como un territorio inestable, hecho de voces, desplazamientos y restos. Su relato es menos una historia de vuelta que un descenso a un espacio donde todo ha cambiado de lugar, empezando por el propio paisaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Ruiz Sosa, afincado en Espa\u00f1a desde 2006, lleva tiempo construyendo una obra singular dentro de la narrativa en espa\u00f1ol. Desde&nbsp;<em>Anatom\u00eda de la memoria&nbsp;<\/em>hasta&nbsp;<em>El libro de nuestras ausencias<\/em>, sus novelas han explorado&nbsp;<strong>formas de comunidad fracturadas, atravesadas por la violencia y por una memoria que no se deja fijar<\/strong>. Pero aqu\u00ed, en este nuevo libro, hay algo que se desplaza. No tanto un giro como una intensificaci\u00f3n. \u00c9l mismo lo reconoce al recordar el origen del libro, que no estaba previsto en su plan inicial y que fue creciendo de manera inesperada, como si respondiera a una l\u00f3gica propia: \u00abe<strong>s una novela que yo no hab\u00eda planeado<\/strong>, en mi esquema original no estaba esto contemplado y se fue metiendo as\u00ed que la dej\u00e9 correr solita\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Para saber m\u00e1s<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2026\/03\/22\/17742116579120.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Entrevista.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2026\/03\/23\/69bd8a07e9cf4a4c5d8b4594.html\">Kirstin Valdez Quade: \u00abEl sue\u00f1o americano siempre ha sido una ficci\u00f3n excluyente, pensada s\u00f3lo para unos pocos\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Redacci\u00f3n:ANDR\u00c9S SEOANE<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2026\/03\/23\/69bd8a07e9cf4a4c5d8b4594.html\">Kirstin Valdez Quade: \u00abEl sue\u00f1o americano siempre ha sido una ficci\u00f3n excluyente, pensada s\u00f3lo para unos pocos\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2026\/04\/24\/17770272452437.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Entrevista.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2026\/04\/27\/69eb47cafc6c83ff058b457c.html\">Rodrigo Rey Rosa: \u00abLos criollos heredamos los peores modales de aquella Espa\u00f1a que M\u00e9xico denuncia\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Redacci\u00f3n:ANTONIO LUCAS\u00a0(Texto)<\/li>\n\n\n\n<li>Redacci\u00f3n:\u00a0RORY O&#8217; BRYEN\u00a0(Fotograf\u00edas)<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2026\/04\/27\/69eb47cafc6c83ff058b457c.html\">Rodrigo Rey Rosa: \u00abLos criollos heredamos los peores modales de aquella Espa\u00f1a que M\u00e9xico denuncia\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"cardTitle_signUp\"><\/h2>\n\n\n\n<p>Esa deriva se percibe en la propia textura del relato. Si en sus novelas anteriores el espacio ya ten\u00eda un peso determinante, en&nbsp;<em>El paisaje es un grito<\/em>&nbsp;\u00e9ste adquiere una centralidad radical. No es solo escenario, ni siquiera contexto, sino una fuerza activa que modela a los personajes y es moldeada por ellos. Ruiz Sosa recuerda&nbsp;<strong>los viajes de su infancia y adolescencia, atravesando en autob\u00fas el desierto de Sonora durante horas<\/strong>, y c\u00f3mo aquel \u00abaparente espacio sin vida en determinados momentos se mueve, interact\u00faa con la gente de muchas maneras\u00bb. A esa experiencia se suman los relatos de migrantes,&nbsp;<strong>las historias de quienes cruzan la frontera, van y vienen, habitan ese espacio en tr\u00e1nsito<\/strong>. El resultado es una concepci\u00f3n del paisaje como algo din\u00e1mico, casi org\u00e1nico, donde lo natural y lo artificial se entrelazan.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa convivencia entre las personas transforma el espacio,&nbsp;<strong>el espacio transforma a las personas impone unas formas de convivencia o unas formas de estar en el mundo<\/strong>\u00ab, defiende. Y a\u00f1ade una idea que atraviesa toda la novela: hablar, nombrar, contar, no es solo describir el entorno, sino configurarlo. \u00abLa idea de que lanzar ese grito, hablar mucho, que es lo que hacen los personajes todo el tiempo, le da forma al entorno en el que estamos y nos regresa una imagen del espacio\u00bb. De ah\u00ed el t\u00edtulo,&nbsp;<strong>tomado de un verso de su paisano culiacanense Francisco Meza<\/strong>, pero convertido aqu\u00ed en una declaraci\u00f3n de principios: el paisaje no se contempla, irrumpe.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\"><strong><em>\u00abNarrar el crimen como una aventura es una forma de olvidar por completo a las v\u00edctimas\u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Esa irrupci\u00f3n est\u00e1 marcada por una violencia que rara vez se muestra de forma directa, pero que lo impregna todo. Frente a cierta tradici\u00f3n narrativa que ha convertido el crimen en espect\u00e1culo, Ruiz Sosa opta por desplazar el foco.&nbsp;<strong>\u00abNo me gusta el tratamiento que se le dio durante mucho tiempo a la violencia en M\u00e9xico\u00bb<\/strong>, asevera, y cuestiona esa mirada que convierte a narcotraficantes o polic\u00edas corruptos en protagonistas de aventuras. \u00abNarrar el crimen como una aventura es una forma de dejar de lado y de olvidar por completo a las v\u00edctimas\u00bb, opina el escritor, que en su obra pretende \u00ab<strong>escuchar la voz de las familias, la voz de las v\u00edctimas, ese eco que parece que est\u00e1 perdido<\/strong>&nbsp;y al que nadie le prestaba atenci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa decisi\u00f3n no es solo \u00e9tica, tambi\u00e9n est\u00e9tica. Supone renunciar a una narrativa centrada en la acci\u00f3n para trabajar con lo que queda despu\u00e9s, con la huella. \u00abEstamos hablando de&nbsp;<strong>un desastre social de la violencia en M\u00e9xico muy descomunal<\/strong>&nbsp;y prestar atenci\u00f3n a la aventura criminal me parece que es injusto\u00bb, insiste. En ese desplazamiento se sit\u00faan los personajes de la novela, que&nbsp;<strong>no son h\u00e9roes ni villanos, sino cuerpos atravesados por esa violencia, por la p\u00e9rdida<\/strong>, por la imposibilidad de encontrar un lugar estable.<\/p>\n\n\n\n<p>Baldor, el protagonista, encarna esa imposibilidad. Su regreso no es un reencuentro, sino una constataci\u00f3n de la p\u00e9rdida. Frente al modelo cl\u00e1sico del retorno, ese Ulises volviendo a \u00cdtaca, en esta novela todo se ha desajustado. \u00ab<strong>No se puede volver al origen<\/strong>\u00ab, afirma rotundo Ruiz Sosa. \u00abEn el momento en que alguien se va de su lugar de origen, este lugar de origen sigui\u00f3 por un camino y \u00e9l sigui\u00f3 por otro.&nbsp;<strong>El resultado es una fractura irreparable, el origen ya no existe como tal, y la b\u00fasqueda se convierte en otra cosa<\/strong>, en la b\u00fasqueda de un destino diferente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\"><strong><em>\u00abEl migrante no existe, pues estar en dos lugares al mismo tiempo es no estar en ninguno\u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Ese desajuste que produce la migraci\u00f3n no es para el escritor una excepci\u00f3n, sino una condici\u00f3n esencial del mundo contempor\u00e1neo. \u00ab<strong>El desarraigo no es un fen\u00f3meno para nada nuevo, aunque hoy se perciba con m\u00e1s intensidad<\/strong>. El movimiento, el tr\u00e1nsito, el viaje, es una parte consustancial de de la naturaleza humana, pero hoy la comunicaci\u00f3n instant\u00e1nea hace ese desarraigo m\u00e1s visible, vemos la transformaci\u00f3n de nuestro lugar de origen\u00bb, explica. A eso se suma un contexto global marcado por el auge de la xenofobia y el rechazo al otro. \u00abEn cualquier lugar del mundo,&nbsp;<strong>en todas partes, vemos hoy c\u00f3mo aumenta esta forma de rechazo<\/strong>\u00ab, dice sobre esa tensi\u00f3n atraviesa la novela sin necesidad de subrayados.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese espacio de intemperie, f\u00edsica y moral, los personajes de Ruiz Sosa, precarios, dolientes, desesoerados, construyen formas de comunidad fr\u00e1giles, inseguras, casi fantasmales. Ese es uno de los ejes m\u00e1s persistentes de su literatura.&nbsp;<strong>\u00abSon personajes que, de alguna manera, se sostienen unos a otros pendiendo de un hilo\u00bb<\/strong>, resume. En la novela hay una escena que condensa esa l\u00f3gica: Baldor, que vive en un piso de inmigrantes indocumentados, decide quedarse junto a un compa\u00f1ero que est\u00e1 muriendo, a pesar de que eso implicar\u00e1 su deportaci\u00f3n.&nbsp;<strong>\u00abEse v\u00ednculo irracional con un desconocido para que no se muera s\u00f3lo es lo que mantiene unida a esa comunidad fantasmal\u00bb<\/strong>, sentencia Ruiz Sosa. No hay \u00e9pica, hay una \u00e9tica m\u00ednima, casi elemental, que consiste en no abandonar al otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa \u00e9tica se traduce tambi\u00e9n en una apuesta formal. La novela se abre a lo po\u00e9tico, a lo teatral, a lo fragmentario, no como un gesto experimental vac\u00edo, sino como una necesidad. \u00ab<strong>Me resulta muy poco factible aproximarme a la realidad en la que estamos viviendo con una forma narrativa de hace 100 a\u00f1os<\/strong>\u00ab, afirma. La idea de una narraci\u00f3n ordenada, limpia, que organiza la experiencia del mundo de manera coherente, le resulta insuficiente. \u00abHay novelas que est\u00e1n bien ba\u00f1adas, bien limpitas, bien peinadas y pueden ser muy buenas pero creo que hay un artificio que se excede para mi gusto\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a eso, propone una escritura que asuma el caos, la simultaneidad, la mezcla de registros.&nbsp;<strong>\u00abEl mundo es brutalmente ca\u00f3tico\u00bb, insiste, \u00aby la ficci\u00f3n no deber\u00eda ocultarlo\u00bb<\/strong>. De ah\u00ed su inter\u00e9s por el lenguaje oral, por lo coloquial, por esa dimensi\u00f3n en la que lo po\u00e9tico aparece de forma inesperada. \u00abMientras uno m\u00e1s escucha hablar a la gente en la calle m\u00e1s se da cuenta de que el lenguaje po\u00e9tico est\u00e1 vivo\u00bb, explica. La novela, desde sus mismas citas y referencias, trabaja precisamente en&nbsp;<strong>ese cruce, donde lo culto y lo popular, lo can\u00f3nico y lo marginal, se contaminan<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2026\/05\/04\/17778810061170.jpg\" alt=\"El escritor mexicano Eduardo Ruiz Sosa en su casa de Barcelona, donde reside desde hace a\u00f1os.\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">El escritor mexicano Eduardo Ruiz Sosa en su casa de Barcelona, donde reside desde hace a\u00f1os.Yoh Gonz\u00e1lez<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>La memoria, en ese contexto, no puede ser lineal.&nbsp;<strong>\u00abEl pensamiento es simult\u00e1neo\u00bb, recuerda Ruiz Sosa, evocando a Borges, \u00aby la escritura debe intentar acercarse a esa l\u00f3gica fragmentaria\u00bb<\/strong>. Algo similar ocurre con el tratamiento del espacio y el tiempo. La novela est\u00e1 situada en el norte de M\u00e9xico, en la frontera, pero evita una localizaci\u00f3n precisa. Se mueve en ese territorio difuso, donde las coordenadas se desdibujan para que la experiencia migratoria pueda leerse en un plano m\u00e1s amplio. \u00ab<strong>Estas historias, igual que las de las fosas comunes o de los desaparecidos, son iguales en todo el mundo<\/strong>, as\u00ed que cualquiera puede empatizar con ellas sea de donde sea\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo similar ocurre con el tratamiento del espacio y el tiempo. La novela est\u00e1 situada en M\u00e9xico, en la frontera, pero evita una localizaci\u00f3n precisa. Ruiz Sosa cuenta una an\u00e9cdota reveladora:&nbsp;<strong>una noche, en Barcelona, despert\u00f3 en un autob\u00fas convencido de estar en Tijuana<\/strong>. \u00abEsa sensaci\u00f3n como de estar en dos lugares al mismo tiempo lo que en realidad significa no estar en ninguno\u00bb, dice, fue clave para la escritura. La novela se mueve en ese territorio difuso, donde&nbsp;<strong>las coordenadas se desdibujan para que la experiencia migratoria pueda leerse en un plano m\u00e1s amplio<\/strong>. \u00abEse problema ocurre all\u00e1, aqu\u00ed y en cualquier lado\u00bb, reitera.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\"><strong><em>\u00abQuer\u00eda que el cansancio f\u00edsico de la migraci\u00f3n, olvidado en los discursos pol\u00edticos, estuviera en mi escritura\u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Otra palabra clave, que adquiere un<br>peso especial en&nbsp;<em>El paisaje es un grito<\/em>, es intemperie, que introduce una dimensi\u00f3n hostil.&nbsp;<strong>\u00abEn el mundo contempor\u00e1neo el paisaje no nos recibe, nos agrede\u00bb<\/strong>, explica el autor. \u00abNo es un espacio vac\u00edo, sino un espacio que expulsa, que obliga a moverse, y esa violencia del entorno se traslada al cuerpo. Q<strong>uer\u00eda que el cansancio f\u00edsico de la migraci\u00f3n, a menudo olvidado en los discursos pol\u00edticos o medi\u00e1ticos, estuviera presente en mi escritura\u00bb<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ruiz Sosa recurre, para explicarlo, a la figura del&nbsp;<em>bracero<\/em>. \u00ab<strong>En todo el mundo los migrantes son cuerpos que vienen a ser machacados por el trabajo<\/strong>, que se desplazan para ser explotados\u00bb. Pero antes de llegar a ese destino, hay un trayecto igualmente f\u00edsico, atravesado por el cansancio, por el desgaste.<\/p>\n\n\n\n<p>La literatura, en ese contexto, aparece como una forma de archivo, pero tambi\u00e9n como una posible intervenci\u00f3n. \u00abComo archivo, seguro que s\u00ed, pues la escritura puede conservar aquello que est\u00e1 siendo borrado. Pero&nbsp;<strong>aspira a algo m\u00e1s, a ser una forma de sacudir y de espolear la realidad<\/strong>\u00ab, desea Ruiz Sosa, cuyo inter\u00e9s literario por las zonas ocultas de la sociedas -la violencia en torno a la miner\u00eda, las fosas clandestinas, los movimientos estudiantiles reprimidos&#8230;- responde a&nbsp;<strong>esa voluntad de mirar donde otros no miran<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background\"><strong><em>\u00abLa literatura puede ser archivo, pero tambi\u00e9n aspira a ser una forma de sacudir y de espolear la realidad\u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Una voluntad que no parece estar agotada. Por eso,&nbsp;<em><strong>El paisaje es un grito<\/strong><\/em><strong>&nbsp;no cierra un ciclo, sino que abre una grieta,<\/strong>&nbsp;como reconoce el escritor al hablar de su proyecto narrativo. Durante a\u00f1os, dice, pens\u00f3 en escribir solo cuatro novelas, luego seis, pero este libro ha alterado ese plan. \u00abEsta historia cambi\u00f3 todo lo que ten\u00eda pensado desde hace a\u00f1os\u00bb, comparte. Incluso el final se transform\u00f3 durante la escritura. \u00ab<strong>Me dej\u00e9 conducir sin frenos por todos esos cambios<\/strong>&nbsp;que iban apareciendo de improviso\u00bb, revela.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa apertura hacia lo imprevisto, hacia lo que desborda el control, es quiz\u00e1 la clave de una novela que no busca ofrecer respuestas, sino intensificar las preguntas.&nbsp;<strong>En una \u00e9poca marcada por el desplazamiento, la violencia y la incertidumbre, Ruiz Sosa construye un espacio donde esas fuerzas se hacen visibles&nbsp;<\/strong>sin necesidad de ordenarlas. Un espacio que no se deja habitar c\u00f3modamente que obliga a mirar de otra manera. Como un grito que no se puede ignorar.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2026\/05\/04\/17778810070526.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El paisaje es un grito<\/h2>\n\n\n\n<p>Eduardo Ruiz Sosa<\/p>\n\n\n\n<p>Candaya. 398 p\u00e1ginas. 21 \u20ac<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2026\/05\/07\/69f8511421efa0055e8b4572.html\">https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2026\/05\/07\/69f8511421efa0055e8b4572.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El escritor culichi, cuya literatura siempre est\u00e1 atravesada por la memoria, la violencia y la marginalidad, publica la espectral y 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