{"id":12136,"date":"2021-08-25T11:02:08","date_gmt":"2021-08-25T16:02:08","guid":{"rendered":"http:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=12136"},"modified":"2021-08-25T11:02:09","modified_gmt":"2021-08-25T16:02:09","slug":"bienvenidos-a-la-nueva-era-taliban-mas-burkas-y-mas-caros-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/bienvenidos-a-la-nueva-era-taliban-mas-burkas-y-mas-caros-el-mundo\/","title":{"rendered":"Bienvenidos a la nueva era talib\u00e1n: m\u00e1s burkas&#8230; y m\u00e1s caros | El Mundo"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"font-size:18px\"><em>La inquietante normalidad afgana conlleva registros de los barbudos en domicilios, acusaciones por miedo entre los vecinos y muchos negocios cerrados<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Captura-de-Pantalla-2021-08-25-a-las-10.56.37-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-12137\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Captura-de-Pantalla-2021-08-25-a-las-10.56.37-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Captura-de-Pantalla-2021-08-25-a-las-10.56.37-300x200.jpg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Captura-de-Pantalla-2021-08-25-a-las-10.56.37-768x512.jpg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Captura-de-Pantalla-2021-08-25-a-las-10.56.37-1536x1025.jpg 1536w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Captura-de-Pantalla-2021-08-25-a-las-10.56.37.jpg 1982w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Mujeres con burka en un mercado de Kabul. <strong>Hoshang Hashimi<\/strong> AFP<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-medium-font-size\">LLU\u00cdS MIQUEL HURTADO \/ Corresponsal Estambul \/ EL MUNDO<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMe he tenido que ir cambiando de casa en casa. Ya no s\u00e9 d\u00f3nde esconderme\u00bb, lamenta Majid al tel\u00e9fono. Trabaj\u00f3 de traductor para un medio internacional, lo que pone&nbsp;<strong>su cabeza, y la de su familia, en la mirilla de los talib\u00e1n<\/strong>. Desde que comenzaron su&nbsp;ofensiva un buen pu\u00f1ado de periodistas locales y ayudantes de agencias internacionales han perdido la vida o han sido amenazados por las huestes. Con los fundamentalistas en el poder, la tendencia no cambia: bienvenidos a la&nbsp;<strong>&#8216;nueva normalidad&#8217; afgana.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No tiene nada que ver con la Covid-19. Aunque la enfermedad sigue causando estragos, en uno de los pa\u00edses del mundo con menor acceso a vacunas, el miedo a la pobreza y a la muerte bajo el yugo talib\u00e1n ha rebasado por la derecha, para muchos, el miedo a morir por el coronavirus. Pero la vida se abre adelante. Una &#8216;nueva normalidad&#8217; en la anormalidad del desgobierno, la arbitrariedad y la incipiente aplicaci\u00f3n de normas que rompen con el pasado m\u00e1s reciente.<\/p>\n\n\n\n<p>Jalid vive escondido. Apenas sale de casa. Le aterran los v\u00eddeos que han comenzado a inundar las redes sociales en los que&nbsp;<strong>milicianos talib\u00e1n irrumpen en casas<\/strong>&nbsp;y comienzan a registrarlas con malas formas. Buscan documentos que, siempre seg\u00fan su parecer, supongan pruebas incriminatorias irrefutables de una cooperaci\u00f3n con el &#8216;enemigo&#8217; extranjero. Como cumpliendo el gui\u00f3n del auge de un fascismo, ha comenzado el juego de acusaciones vecinales. Se\u00f1alar a otro para evitar que a uno lo se\u00f1alen.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCada d\u00eda la cosa va a peor.<strong>&nbsp;Se multiplican las amenazas<\/strong>&nbsp;para m\u00ed y mi familia. En el pueblo, hay vecinos que han cogido un arma y se han unido a los talib\u00e1n. Hay noticias de que est\u00e1n chiv\u00e1ndose de lo que hicieron personas como yo\u00bb, alerta Majid. Similares preocupaciones tiene Anissa, una mujer sola con una hija que logr\u00f3 la protecci\u00f3n secreta de algunos vecinos, frente al dedo acusatorio de otros que, en medio del patriarcado rural, la se\u00f1alaron por vivir sola,&nbsp;<strong>divorciada, sin un &#8216;guardi\u00e1n&#8217;.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En un pa\u00eds amplio, multi\u00e9tnico y con diferencias sociales, la &#8216;nueva normalidad&#8217; ofrece contrastes. En las zonas rurales, donde los talib\u00e1n se asentaron hace a\u00f1os, el patriarcado se aplica en sus formas m\u00e1s agresivas, en una tendencia que va a peor. En las ciudades, donde los talib\u00e1n reci\u00e9n llegaron del campo existe, por el momento, una extra\u00f1a convivencia de normas draconianas, frente a la inercia de su poblaci\u00f3n nativa. Otro contraste: el caos del aeropuerto con la relativa calma en el resto del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos negocios han echado el cierre temporalmente, a la espera de una estabilidad en la situaci\u00f3n de seguridad.&nbsp;<strong>La imagen m\u00e1s vistosa del retorno talib\u00e1n<\/strong>&nbsp;fue la de los tenderos de negocios de moda femenina pintando de blanco muros y p\u00f3steres que mostraban mujeres. Muchas cafeter\u00edas y restaurantes han reabierto, aunque tratando de adaptarse a la nueva situaci\u00f3n. Las im\u00e1genes de hace pocos meses, con chicos y chicas compartiendo una relajada tarde, ser\u00e1 dif\u00edcil que se repita por mucho tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo las<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/internacional\/2021\/08\/17\/611bd7bb21efa0f4358b45c8.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">&nbsp;nuevas normas fundamentalistas<\/a>, no es posible que una mujer salga a la calle sola,&nbsp;<strong>sin un var\u00f3n a su lado<\/strong>. Afganist\u00e1n pasa en estos momentos por un extra\u00f1o per\u00edodo transitorio: los milicianos talib\u00e1n patrullan, pero la falta de Gobierno y de directrices llevan a los cuadros inferiores a aplicar sus propias leyes, aumentando el riesgo de arbitrariedad y la ausencia de rendici\u00f3n de cuentas, en caso de propasarse. Los afganos creen que, cuando el foco medi\u00e1tico global se apague, comenzar\u00e1 lo peor.<\/p>\n\n\n\n<p>En las ciudades grandes como&nbsp;<strong>Kabul<\/strong>, en cuyos centros sol\u00eda concentrarse la poblaci\u00f3n m\u00e1s liberal, todav\u00eda es posible que una mujer pasee sola, a\u00fan a riesgo de ser reprobada e incluso castigada por un &#8216;polic\u00eda&#8217; a iniciativa propia. El verdadero cambio salta a la vista&nbsp;<strong>en las tiendas de burkas<\/strong>, dominadas por el color azul predominante de esta prenda que tapa completamente a la mujer, de la cabeza a los pies. \u00abEn el pasado vend\u00eda cuatro o cinco al d\u00eda. Tras la llegada de los talib\u00e1n, entre 15 y 17\u00bb, admite un vendedor.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el aumento repentino de la demanda -en la capital, hasta hace una semana, la presencia del burka se reduc\u00eda a mujeres llegadas del campo o pordioseras-,&nbsp;<strong>ha aumentado su precio<\/strong>: de 1.000 afghanis (unos 9,9 euros) a 1.200 (unos 11,9 euros). Mientras esperaba un billete para la salvaci\u00f3n, Anissa no tuvo otra que cubrirse bajo el burka: \u00abEs la \u00fanica forma de evitar que los talib\u00e1n puedan reconocerme. Por sus propias normas, jam\u00e1s levantar\u00e1n el burka a una mujer cubierta con \u00e9l\u00bb, explica.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante sus primeros d\u00edas, los talib\u00e1n&nbsp;<strong>han prometido derechos para las mujeres<\/strong>&nbsp;\u00abdentro de los m\u00e1rgenes de la ley isl\u00e1mica\u00bb. Una definici\u00f3n demasiado voluble, pues hay pa\u00edses con leyes isl\u00e1micas donde las mujeres pueden trabajar o estudiar, como en Afganist\u00e1n hasta hace bien poco. Pero, seg\u00fan denuncian varias periodistas y activistas, muchas chicas fueron despedidas o expulsadas de su lugar de trabajo habitual la semana pasada. En cuanto a estudiar, explica Anissa, s\u00f3lo permitir\u00e1n hasta secundaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Las primeras se\u00f1ales de que los talib\u00e1n no est\u00e1n por cumplir sus promesas est\u00e1n ah\u00ed. El portavoz del movimiento,&nbsp;<strong>Zabihullah Mujahid<\/strong>, inst\u00f3 este martes a las mujeres, en un comunicado, a<strong>&nbsp;encerrarse en casa<\/strong>. El vocero subray\u00f3 que se trataba de una medida \u00abtemporal\u00bb para protegerlas. \u00abEstamos preocupados por que nuestras fuerzas, que son nuevas y no han sido a\u00fan adiestradas, puedan maltratar a las mujeres\u00bb, se justific\u00f3 Mujahid. \u00abDios no quiera que nuestras fuerzas les acosen o hagan da\u00f1o\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Una pregunta que flota en el aire es<strong>\u00a0hasta cu\u00e1ndo podr\u00e1n comprarse burkas<\/strong>,\u00a0<strong>productos b\u00e1sicos o comida fresca<\/strong>. Numerosos vecinos de Kabul han alertado del paulatino cierre de bancos, lo que est\u00e1 dificultando la obtenci\u00f3n de dinero. \u00abHemos puesto dinero en el banco por los ladrones, pero ahora que comienza a mantenerse cierta seguridad, no podemos sacar el dinero\u00bb, se queja Yasmin, una ciudadana de Kabul, al medio afgano Ariana news.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: https:\/\/www.elmundo.es\/internacional\/2021\/08\/25\/61260c4b21efa0537b8b465e.html<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La inquietante normalidad afgana conlleva registros de los barbudos en domicilios, acusaciones por miedo entre los vecinos y muchos negocios 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