{"id":120959,"date":"2026-04-23T07:40:56","date_gmt":"2026-04-23T13:40:56","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=120959"},"modified":"2026-04-23T07:40:57","modified_gmt":"2026-04-23T13:40:57","slug":"morante-la-gloria-y-el-abismo-ethic","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/morante-la-gloria-y-el-abismo-ethic\/","title":{"rendered":"Morante, la gloria y el abismo | ethic"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La gloria de Morante siempre comparece acompa\u00f1ada. Lleva al lado una sombra, una amenaza, un precipicio. Sevilla ha tenido la cortes\u00eda terrible de resumirlo en cuatro d\u00edas. El jueves 16 de abril, la plaza se abandon\u00f3 a uno de esos arrebatos que desbordan el idioma y humillan al reglamento.<\/h3>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"614\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/morante-1-1024x614.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-120960\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/morante-1-1024x614.jpg 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/morante-1-300x180.jpg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/morante-1-768x461.jpg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/morante-1.jpg 1500w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\"><a href=\"https:\/\/ethic.es\/articulistas\/ruben-amon\">Rub\u00e9n Am\u00f3n<\/a> \/ ethic<\/h6>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/twitter.com\/Ruben_Amon\">@Ruben_Amon<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/api.whatsapp.com\/send?text=Morante,%20la%20gloria%20y%20el%20abismo%20%20https:\/\/ethic.es\/morante-gloria-abismo\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a><a href=\"mailto:?subject=Ethic%20-%20Morante,%20la%20gloria%20y%20el%20abismo&amp;body=Morante,%20la%20gloria%20y%20el%20abismo%0D%0Ahttps:\/\/ethic.es\/morante-gloria-abismo\"><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>La gloria de Morante siempre comparece acompa\u00f1ada. Lleva al lado una sombra, una amenaza, un precipicio. Sevilla ha tenido la cortes\u00eda terrible de resumirlo en cuatro d\u00edas. El jueves 16 de abril, la plaza se abandon\u00f3 a uno de esos arrebatos que desbordan el idioma y humillan al reglamento. El lunes 20, la sangre vino a recordarle a la misma plaza que&nbsp;<strong>el&nbsp;<\/strong><strong>\u00e9xtasis jam<\/strong><strong>\u00e1<\/strong><strong>s viaja solo<\/strong>. Morante hab\u00eda subido a la cumbre y el toro le aguardaba abajo, como si la tauromaquia, irritada por tanta belleza, hubiera decidido cobrar un tributo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel jueves de resaca fervorosa en la Maestranza sucedi\u00f3 algo bastante m\u00e1s serio que una gran faena. Sucedi\u00f3 una alteraci\u00f3n del orden.&nbsp;<a href=\"https:\/\/ethic.es\/morante-torero-punk-idolo-contracultural\">Morante<\/a>&nbsp;tore\u00f3 como si se hubiera propuesto discutir el propio argumento de la corrida. Puso banderillas, dispuso una silla en la arena, le dio a la tarde una respiraci\u00f3n extra\u00f1a, entre liturgia antigua y&nbsp;<em>performance<\/em>&nbsp;desaforada, y condujo al toro y a la plaza hasta un punto donde la faena dejaba de medirse en trofeos para empezar a medirse en conmoci\u00f3n. La espada lo priv\u00f3 de la contabilidad reglamentaria. Le dej\u00f3, en cambio, una forma superior de triunfo. Los chavales se echaron al ruedo, lo izaron en volandas y quisieron llevarlo por la Puerta del Pr\u00edncipe como quien no celebra una salida a hombros,&nbsp;<strong>sino una insurrecci<\/strong><strong>\u00f3<\/strong><strong>n est<\/strong><strong>\u00e9<\/strong><strong>tica<\/strong>. La Polic\u00eda puso el l\u00edmite f\u00edsico. Sevilla ya hab\u00eda traspasado el otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed se reconoce a Morante. En esa capacidad de desplazar el toreo desde su administraci\u00f3n hasta su misterio. Otros matan toros. \u00c9l modifica el aire. Otros resuelven la lidia. \u00c9l la convierte en episodio, en relato, en ceremonia nerviosa. Morante no encadena suertes. Compone climas. Lo singular consiste en que lo hace con materiales antiqu\u00edsimos, como si invocara una memoria enterrada de la tauromaquia, aunque al mismo tiempo somete esa memoria a una torsi\u00f3n modern\u00edsima, insolente, casi peligrosa<strong>. Patrimonio y vanguardia. Y viceversa.<\/strong>&nbsp;De ah\u00ed que su figura atraiga al aficionado viejo que cree haberlo visto todo y al muchacho que accede a la plaza como quien entra en un concierto o en una conspiraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\"><strong>Las grandes tardes de Morante pertenecen a la tradici\u00f3n oral<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Lo suyo no se cuenta, se recuerda. Las grandes tardes de Morante pertenecen a la tradici\u00f3n oral. Se transmiten de boca en boca, de sobremesa en sobremesa, con la exaltaci\u00f3n de quien ha asistido a algo irrepetible y necesita certificarlo antes de que el tiempo lo degrade. La afici\u00f3n no sale de una faena suya con ganas de pasar p\u00e1gina. Sale descoyuntada, af\u00f3nica. Sale con la necesidad de compartir el temblor como quien participa en una terapia de grupo.&nbsp;<strong>Habr<\/strong><strong>\u00ed<\/strong><strong>a que llamarlo s<\/strong><strong>\u00ed<\/strong><strong>ndrome de Morante<\/strong>, aunque la expresi\u00f3n valga menos como gui\u00f1o cl\u00ednico que como diagn\u00f3stico sentimental. La belleza, cuando la administra \u00e9l, deja mal cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese mal cuerpo adopt\u00f3 el lunes una forma mucho m\u00e1s brutal. Morante hab\u00eda cortado una oreja al primero y Sevilla volv\u00eda a colgar el no hay billetes, embriagada todav\u00eda por el delirio reciente, cuando&nbsp;<em>Clandestino<\/em>, de Garc\u00eda Jim\u00e9nez, lo hiri\u00f3 de mucha gravedad en el recto mientras lo bregaba de capote al cuarto en los medios.&nbsp;<strong>La tarde cambi<\/strong><strong>\u00f3&nbsp;<\/strong><strong>de color.<\/strong>&nbsp;Todo lo que en el jueves se hab\u00eda vivido como exaltaci\u00f3n tom\u00f3 de repente un relieve tr\u00e1gico. La proximidad, la pureza, la despreocupaci\u00f3n incluso con que Morante pisa los terrenos se malograron en una prueba f\u00edsica, en una verdad de carne abierta. El artista que hab\u00eda puesto a Sevilla en estado de excepci\u00f3n comparec\u00eda ahora bajo la forma desnuda del dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>Conviene detenerse en esa proximidad. Ah\u00ed radica la clave de su tauromaquia y ah\u00ed empieza tambi\u00e9n su abismo.&nbsp;<strong>A Morante lo cogen los toros porque se asoma demasiado.<\/strong>&nbsp;La frase podr\u00eda sonar a t\u00f3pico si no fuera tan exacta. Se asoma con el capote, se asoma con la muleta, se asoma con el cuerpo entero, como si necesitara invadir el terreno de peligro para extraer de ah\u00ed la verdad que busca. Otros administran distancias. Morante las compromete. Otros levantan un sistema de defensas. Morante torea como quien dinamita las \u00faltimas garant\u00edas, como quien cultiva olivos en un campo de minas. De esa abolici\u00f3n nace la belleza. Y de esa misma abolici\u00f3n nace el percance. La gloria y el abismo proceden del mismo sitio.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa condici\u00f3n vuelve tan pobre la caricatura del estilista. Morante jam\u00e1s ha sido un decorador de tardes. Debajo de la seda hay un fan\u00e1tico. Bajo el empaque late una ferocidad. Sus ver\u00f3nicas conmueven por la gracia, desde luego, aunque tambi\u00e9n por la intemperie que contienen. Su natural acaricia y desgarra a la vez. Su barroquismo no adorna.&nbsp;<strong>Arriesga.<\/strong>&nbsp;El espectador percibe la armon\u00eda, pero en la armon\u00eda act\u00faa una violencia secreta, una decisi\u00f3n de ir m\u00e1s all\u00e1, de cruzar l\u00edneas prohibidas, de entregarse a una idea integrista del toreo donde el arte conserva toda su soberan\u00eda y el valor adquiere espesor moral. Morante se ofrece entero. El precio de esa integridad termina apareciendo en la taleguilla y en la carne.<\/p>\n\n\n\n<p>La edad y hasta los kilos agravan el sentido de las dos tardes. Morante ya no comparece bajo la impunidad biol\u00f3gica del torero joven.&nbsp;<strong>Sale al ruedo con la biograf<\/strong><strong>\u00ed<\/strong><strong>a encima<\/strong>, con el peso visible de los a\u00f1os, con la memoria del sufrimiento f\u00edsico y del otro, el \u00edntimo, el que ha ense\u00f1ado a mirar su figura con una mezcla todav\u00eda m\u00e1s compleja de admiraci\u00f3n y de congoja. Su grandeza nace tambi\u00e9n de ah\u00ed. No se limita a torear bien. Torea sabiendo demasiado. Sabiendo el dolor, la fatiga, la fragilidad. Sabiendo que la inspiraci\u00f3n no exime del pit\u00f3n. Sabiendo que el cuerpo ya no concede frivolidades. Cada vez que se queda quieto, esa conciencia acompa\u00f1a el cite. Y esa conciencia eleva el valor desde la temeridad hasta la tragedia.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez por eso Morante es un fen\u00f3meno social. La juventud lo ha adoptado porque intuye en \u00e9l la autenticidad y la rareza. No pide permiso, no fabrica una imagen, no se rebaja a la sintaxis del algoritmo. M\u00e1s bien al contrario.&nbsp;<strong>Ofrece misterio.<\/strong>&nbsp;Ofrece contradicci\u00f3n. Ofrece esa clase de verdad que desarma porque no parece administrada por nadie. En una \u00e9poca que premia la previsibilidad y la pose, Morante se comporta como una anomal\u00eda. Y las anomal\u00edas verdaderas generan devoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sevilla lo comprendi\u00f3 primero por entusiasmo y despu\u00e9s por espanto. El jueves quiso enmendarle la plana al palco y consagrarlo por aclamaci\u00f3n. El lunes asisti\u00f3 al rev\u00e9s de la misma historia y entendi\u00f3 que la excepcionalidad de Morante no pertenece al dominio del capricho, sino al de la necesidad.&nbsp;<strong>Necesita torear as<\/strong><strong>\u00ed&nbsp;<\/strong><strong>para ser quien es.<\/strong>&nbsp;Necesita bordear el abismo para alcanzar esa forma de plenitud que lo vuelve incomparable. El problema consiste en que el abismo, algunas tardes, responde.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\"><strong>El artista ha conseguido devolverle a la tauromaquia su condici\u00f3n de acontecimiento a costa de comprometerse \u00e9l mismo hasta el l\u00edmite<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Morante habita exactamente en esa frontera. De un lado queda la gloria, el j\u00fabilo colectivo, la ciudad trastornada, el torero convertido en mito en carne viva, en tradici\u00f3n oral, en leyenda que bulle delante de los ojos. Del otro se abre la herida, la enfermer\u00eda, el parte grav\u00edsimo, la certeza de que la belleza exig\u00eda un peaje. Ambas escenas se reflejan, se explican, se necesitan. Quien solo vea al Morante glorioso se perder\u00e1 la dimensi\u00f3n de su entrega. Quien solo vea al Morante herido ignorar\u00e1 la ra\u00edz de su hechizo. La verdad est\u00e1 en la fusi\u00f3n. Un torero para la historia y para la histeria. Un artista que ha conseguido devolverle a la tauromaquia su condici\u00f3n de acontecimiento a costa de comprometerse \u00e9l mismo hasta el l\u00edmite.<\/p>\n\n\n\n<p>La semana sevillana lo ha dicho mejor que cualquier tratado. Morante puede incendiar una plaza con un capote, una silla y un gesto. Morante puede salir al instante siguiente camino de la UCI. Entre una imagen y la otra no media contradicci\u00f3n.&nbsp;<strong>Media su destino.&nbsp;<\/strong>Y acaso por eso sigue resultando tan necesario. Porque en tiempos de prudencia, c\u00e1lculo y simulacro, aparece un hombre capaz de recordarnos que la verdadera belleza nunca comparece a salvo.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/ethic.es\/morante-gloria-abismo\">https:\/\/ethic.es\/morante-gloria-abismo<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La gloria de Morante siempre comparece acompa\u00f1ada. Lleva al lado una sombra, una amenaza, un precipicio. 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