{"id":120018,"date":"2026-04-08T10:19:46","date_gmt":"2026-04-08T16:19:46","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=120018"},"modified":"2026-04-08T10:19:47","modified_gmt":"2026-04-08T16:19:47","slug":"opinion-sesenta-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/opinion-sesenta-anos\/","title":{"rendered":"Opini\u00f3n | Sesenta a\u00f1os"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"500\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Fidencio-Aguilar.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-71831\" style=\"width:332px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Fidencio-Aguilar.jpeg 500w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Fidencio-Aguilar-300x300.jpeg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Fidencio-Aguilar-150x150.jpeg 150w\" sizes=\"(max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2e1a3a2401b90313040be328de3e1528\"><strong><em>Por Dr. Fidencio Aguilar V\u00edquez<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>A mi hermano Filo,<br>a mi compadre Tito de la Torre<br>y a la memoria de mi suegro,<br>don Rodolfo Ruiz,<br>por sus cumplea\u00f1os.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bf<strong>Qu\u00e9 significa<\/strong>\u00a0cumplir\u00a0<strong>sesenta a\u00f1os<\/strong>\u00a0de edad? En el bosque de nuestra existencia nos encontramos constantemente en esa tensi\u00f3n entre \u201cel desesperado querer ser uno mismo\u201d y \u201cel desesperado no querer ser uno mismo\u201d (1). Tal\u00a0<strong>din\u00e1mica<\/strong>\u00a0no siempre es\u00a0<strong>\u201cdesesperada\u201d<\/strong>, puede darse con cierto \u201csolaz\u201d o indiferencia, pero de una u otra forma, la persistencia es, por un lado, el buscar conocernos, saber qui\u00e9nes somos; por otro lado,\u00a0<strong>reconocernos<\/strong>; y por otro lado m\u00e1s,\u00a0<strong>realizarnos con lo que somos<\/strong>; cosa nada f\u00e1cil.<\/p>\n\n\n\n<p>Es verdad que buscamos conocernos, saber qui\u00e9nes somos, qu\u00e9 y para qu\u00e9 estamos en esta existencia temporal, consciente, con deseos de infinito, pero en esa<strong>&nbsp;b\u00fasqueda<\/strong>&nbsp;nos&nbsp;<strong>perdemos f\u00e1cilmente<\/strong>&nbsp;si solo confiamos en nuestras fuerzas; m\u00e1s a\u00fan,&nbsp;<strong>\u201cdesesperamos\u201d<\/strong>, precisamente porque queremos que ya, con s\u00f3lo ordenarlo, \u201cdecretarlo\u201d, alcancemos ese&nbsp;<strong>autoconocimiento<\/strong>&nbsp;sin aceptar el trabajo arduo que ello supone. No es f\u00e1cil conocerse a s\u00ed mismo, aunque nos \u201ctengamos\u201d a la mano.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cEn efecto, para m\u00ed mismo no s\u00f3lo soy obvio, sino tambi\u00e9n sorprendente, enigm\u00e1tico, incluso: desconocido: tanto que pueden ocurrir dos cosas como \u00e9sta: miro un d\u00eda al espejo y me pregunto extra\u00f1ado (\u00a1qu\u00e9 reveladora es la palabra \u201cextra\u00f1ado\u201d, herido por la extra\u00f1eza, devuelto a la extra\u00f1eza; pero fij\u00e9monos: extra\u00f1eza entre m\u00ed y mi imagen!), me pregunto, pues: \u00bfqui\u00e9n es ese? (\u2026) \u00bfNo deber\u00eda decir con la misma raz\u00f3n: Yo no soy yo, sino que espero llegar a serlo? \u00bfNo me tengo a m\u00ed, sino que estoy en camino hacia m\u00ed?\u201d<\/em>&nbsp;(2).<\/p>\n\n\n\n<p>De ese trecho entro&nbsp;<strong>lo que somos<\/strong>&nbsp;\u2014que no lo sabemos con total certeza\u2014 y&nbsp;<strong>lo que esperamos ser&nbsp;<\/strong>\u2014que tampoco lo sabemos con certeza\u2014 brota ese \u00e1nimo \u201cdesesperado\u201d: como no tenemos certeza ni de lo uno ni de lo otro puede&nbsp;<strong>morir nuestra esperanza<\/strong>. De ah\u00ed que podamos decir que buscamos \u201cdesesperadamente\u201d&nbsp;<strong>ser lo que somos<\/strong>. Y a veces ocurre que cuando descubrimos lo que somos, no queremos ser lo que somos; entonces, volvemos a&nbsp;<strong>\u201cdesesperar\u201d&nbsp;<\/strong>para dejar de ser lo que somos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, aunque somos los que m\u00e1s nos&nbsp;<strong>conocemos a nosotros mismos<\/strong>&nbsp;\u2014supuestamente\u2014, en el fondo, somos los que m\u00e1s nos desconocemos a nosotros mismos. Nos conocemos m\u00e1s que nadie, pero somos, al propio tiempo, los m\u00e1s<strong>&nbsp;enigm\u00e1ticos<\/strong>&nbsp;para&nbsp;<strong>nosotros mismos<\/strong>. En ese sentido el espejo, adem\u00e1s de mostrarnos los rasgos de la edad, nos muestra esa discrepancia. No es rara esa extra\u00f1eza que nos sorprende un buen d\u00eda mientras nos miramos al espejo:&nbsp;<strong><em>\u201c\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa?\u201d<\/em><\/strong><em>,<\/em>&nbsp;decimos.<\/p>\n\n\n\n<p>El&nbsp;<strong>primer desconocido<\/strong>&nbsp;es&nbsp;<strong>nuestro propio yo<\/strong>; es el primer&nbsp;<em>otro<\/em>, es el primero con el que nos damos cuenta de la&nbsp;<strong><em>otredad<\/em><\/strong>. Yo soy para m\u00ed mismo,&nbsp;<strong><em>otro<\/em><\/strong>, incluso a veces ese&nbsp;<em>otro<\/em>&nbsp;se me presenta como un abismo:&nbsp;<em>\u201cBalc\u00f3n al voladero dentro de m\u00ed\u201d,<\/em>&nbsp;dice un&nbsp;<strong>poema de Octavio Paz<\/strong>&nbsp;(3). Pero se trata de&nbsp;<em>otro<\/em>&nbsp;que, en el fondo,&nbsp;<strong>soy yo mismo<\/strong>. Y para conocer a ese&nbsp;<em>otro<\/em>, como para conocer a cualquier persona, es preciso \u201csalir\u201d de nosotros mismos y, tambi\u00e9n, \u201cregresar\u201d a nosotros mismos,&nbsp;<strong>no quedarse<\/strong>&nbsp;<strong>\u201cfuera\u201d<\/strong>, sino&nbsp;<strong>ir dentro<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Un cuento jas\u00eddico nos habla de lo primero:&nbsp;<strong>salir de nosotros mismos<\/strong>. El&nbsp;<strong>rabino Aizik<\/strong>&nbsp;de Cracovia tiene un sue\u00f1o recurrente; \u00e9l, que es pobre y carente de recursos, sue\u00f1a que, en Praga, debajo de un puente hay un&nbsp;<strong>tesoro escondido<\/strong>. Decide ir. Ubica entonces el puente de su sue\u00f1o y acude todos los d\u00edas, viendo d\u00f3nde puede estar el tesoro, pero hay soldados vigilando siempre. El capit\u00e1n de \u00e9stos, le pregunta qu\u00e9 busca. Aizik le cuenta su sue\u00f1o y los&nbsp;<strong>esfuerzos&nbsp;<\/strong>que tuvo que hacer para llegar a Praga.<\/p>\n\n\n\n<p>El capit\u00e1n se r\u00ede y le cuenta que \u00e9l mismo ha so\u00f1ado que en Cracovia, en una&nbsp;<strong>casa de un tal Aizik<\/strong>&nbsp;\u2014se la describe\u2014, debajo de una estufa, hay un tesoro.&nbsp;<em>\u201cPero es s\u00f3lo un sue\u00f1o, y no estoy loco para ir all\u00e1 por un mero sue\u00f1o\u201d,&nbsp;<\/em>le dice. El<strong>&nbsp;rabino<\/strong>&nbsp;comprende, entonces, que se trata de su casa. Regresa a \u00e9sta, ubica el lugar que le hab\u00eda dicho el capit\u00e1n, cava y<strong>&nbsp;encuentra el tesoro<\/strong>&nbsp;(4). Salir de nosotros mismos es relevante para que&nbsp;<em>otro<\/em>, incluso un desconocido, nos indique&nbsp;<strong>d\u00f3nde escondemos<\/strong>&nbsp;nuestro propio tesoro.<\/p>\n\n\n\n<p>Es conveniente&nbsp;<strong>salir de nuestro lugar<\/strong>&nbsp;(a veces f\u00edsicamente, pero sobre todo existencialmente), mas tambi\u00e9n&nbsp;<strong>\u201cregresar\u201d<\/strong>, no quedarse \u201cfuera\u201d, en las cosas exteriores, aparentes, no esenciales. Como aconseja&nbsp;<strong>san Agust\u00edn<\/strong>: a) \u201cNoli foras ire\u201d&nbsp;<em>(\u201cNo vayas fuera\u201d, \u201cno te quedes fuera\u201d<\/em>); b) \u201cRede in te\u201d&nbsp;<em>(\u201cRegresa a ti mismo\u201d<\/em>); y si descubres que eres finito; c) \u201cTrascende et te ipsum\u201d&nbsp;<em>(\u201cTrasci\u00e9ndete a ti mismo\u201d)<\/em>&nbsp;(5). No hay que quedarse en el yo aparente, externo, sino ir al&nbsp;<strong>yo interior<\/strong>, nuestro tesoro.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto puede sonar muy subjetivista, pero el&nbsp;<strong>tercer momento agustiniano<\/strong>&nbsp;rompe tal posibilidad: \u00a1\u201cTrascende et te ipsum\u201d&nbsp;<em>(\u201cTrasci\u00e9ndete a ti mismo\u201d)!<\/em>&nbsp;Nosotros con nuestras propias fuerzas no podr\u00edamos hacerlo: Encerrados en nosotros y ensimismados, luego de decepcionarnos de los dem\u00e1s, no podr\u00edamos trascendernos. Es aqu\u00ed donde aparece una luz, la&nbsp;<strong>luz de la verdad<\/strong>: Aunque vivimos en este mundo finito y nosotros mismos morimos en \u00e9l, nuestro deseo de infinito prevalece.<\/p>\n\n\n\n<p>Claro, podr\u00edamos decir, como el capit\u00e1n de Praga, que ese deseo, es un sue\u00f1o, una locura y que no vamos a emprender esa b\u00fasqueda porque no hay otro mundo m\u00e1s que este. Pero tendr\u00edamos que concluir con&nbsp;<strong><em>Cal\u00edgula<\/em><\/strong>, el personaje de<strong>&nbsp;Camus<\/strong>: \u201c<em>Los hombres mueren y no son felices\u201d (6). O, bien, podr\u00edamos admitir que hay otra probabilidad: que un Dios hecho humano sea \u201cel camino, la verdad y la vida\u201d<\/em>&nbsp;(Jn 14, 6), que haya&nbsp;<strong>muerto y resucitado<\/strong>, y nos diga:&nbsp;<em>\u201cEl que cree en m\u00ed, aunque muera vivir\u00e1\u201d<\/em>&nbsp;(Jn 11, 25).<\/p>\n\n\n\n<p>Acabo de cumplir sesenta a\u00f1os de edad. Llego con&nbsp;<strong>gratitud<\/strong>,&nbsp;<strong>asombro e incertidumbre<\/strong>. Con gratitud por todo lo que Dios me ha dado en la vida, que me ha permitido llegar hasta este momento; con asombro porque no dejo de percibir ciertos momentos curiosos como este: Sal\u00eda yo de una consulta m\u00e9dica y la guardia del hospital me abri\u00f3 la puerta dici\u00e9ndome:&nbsp;<em>\u201c\u00bfTercera edad?\u201d<\/em>&nbsp;(Esto por no hablar de mi credencial del INAPAM); con incertidumbre porque ante el espejo sigo pregunt\u00e1ndome:&nbsp;<strong>\u201c\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa?\u201d<\/strong>, y porque me asomo a un nuevo horizonte desconocido: la&nbsp;<strong>tercera edad<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 si en esta edad prevalezca el deseo de volver a ser ni\u00f1o como sugiere&nbsp;<strong>Cornelia Funke<\/strong>&nbsp;en&nbsp;<em>El se\u00f1or de los ladrones<\/em>. S\u00ed s\u00e9 que me gustar\u00eda, como lo hizo mi pap\u00e1 conmigo y mis hermanos, y como lo hice con mis hijos, contarles historias a mis nietos. Me gustar\u00eda conservar la&nbsp;<strong>curiosidad<\/strong>, la<strong>&nbsp;admiraci\u00f3n<\/strong>&nbsp;y el<strong>&nbsp;asombro<\/strong>&nbsp;para seguir&nbsp;<strong>aprendiendo<\/strong>. Como los j\u00f3venes, sin ya serlo, me gustar\u00eda mantener el sentido de justicia y de verdad. Y arrancarme, con lo que soy y estoy llamado a ser, a tomar la vida entre mis manos.<\/p>\n\n\n\n<p>La&nbsp;<strong>muerte es ineludible<\/strong>, hoy, en cinco, diez, veinte a\u00f1os o m\u00e1s, me llegar\u00e1 sin lugar a duda. \u00bfC\u00f3mo? No lo s\u00e9; me gustar\u00eda que fuera leyendo o escribiendo; o estando con mi mujer. \u00bfY si fuera sorpresivamente? \u00bfInesperadamente? \u00bfTr\u00e1gicamente?&nbsp;<strong>Recuerdo unas palabras<\/strong>&nbsp;(no s\u00e9 qui\u00e9n las dijo, \u00bfuno de mis hermanos, un amigo, lo le\u00ed?):&nbsp;<em>\u201cNo importa tanto el modo de morir como el modo de vivir<\/em>\u201d. Con&nbsp;<strong>Amado Nervo<\/strong>, me gustar\u00eda decirle a la vida<em>: \u201cEstamos en paz\u201d.<\/em>&nbsp;Pero m\u00e1s me gustar\u00edan las palabras del&nbsp;<strong>siervo a su Se\u00f1or<\/strong>:&nbsp;<em>\u201cDos talentos me diste, aqu\u00ed tienes otros dos que con ellos hice.\u201d<\/em>&nbsp;(Mt 25, 19-27).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><br>1. Helmut Thielicke,&nbsp;<em>Esencia del hombre. Ensayo de antropolog\u00eda cristiana<\/em>, Herder, Barcelona 1985, pp. 51ss y 63ss.<br>2. Romano Guardini,&nbsp;<em>La aceptaci\u00f3n de s\u00ed mismo\/ Las edades de la vida<\/em>, Librer\u00eda Parroquial, sle,1964, pp.17-18.<br>3. Octavio Paz,&nbsp;<em>Pasado en claro<\/em>&nbsp;(1974), en&nbsp;<em>Un sol m\u00e1s vivo. Antolog\u00eda po\u00e9tica<\/em>, Era, M\u00e9xico 2014, p. 241.<br>4. NBI, El sue\u00f1o del rabino Aizik, cuento jas\u00eddico, 27\/oct\/2018,&nbsp;<a href=\"https:\/\/goo.su\/ldWJRt\">https:\/\/goo.su\/ldWJRt<\/a>.<br>5. Agust\u00edn, san,&nbsp;<em>La verdadera religi\u00f3n<\/em>, 39, 72, en&nbsp;<em>Obras de San Agust\u00edn<\/em>, tomo IV, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1975.<br>6. Albert Camus,&nbsp;<em>Cal\u00edgula<\/em>, Acto I, escena V, Omegalfa 2018, pp. 8-9.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><strong>+ OPINI\u00d3N : Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Dr. Fidencio Aguilar V\u00edquez A mi hermano Filo,a mi compadre Tito de la Torrey a la memoria de mi [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":71831,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[8,22],"tags":[47969],"class_list":["post-120018","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-noticias","category-opinion-invitada","tag-reflexiones-sobre-la-vida"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/120018","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=120018"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/120018\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":120019,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/120018\/revisions\/120019"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media\/71831"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=120018"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=120018"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=120018"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}