{"id":119946,"date":"2026-04-07T09:49:20","date_gmt":"2026-04-07T15:49:20","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=119946"},"modified":"2026-04-07T09:49:22","modified_gmt":"2026-04-07T15:49:22","slug":"puede-el-mundo-volver-a-tener-sentido-ethic","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/puede-el-mundo-volver-a-tener-sentido-ethic\/","title":{"rendered":"\u00bfPuede el mundo volver a tener sentido? | ethic"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Para Charles Taylor, la vida humana est\u00e1 atravesada por una aspiraci\u00f3n a la plenitud que no se deja reducir ni a la autosuficiencia moral ni a la clausura del \u00abmarco inmanente\u00bb.<\/h3>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"614\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/taylor-1024x614.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-119947\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/taylor-1024x614.jpg 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/taylor-300x180.jpg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/taylor-768x461.jpg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/taylor.jpg 1500w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"><strong><a href=\"https:\/\/ethic.es\/articulistas\/jorge-freire\">Jorge Freire<\/a> \/ ethic<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Con&nbsp;<a href=\"https:\/\/ethic.es\/habermas-pensador-democracia\">Habermas<\/a>&nbsp;y MacIntyre vueltos al polvo, aunque todav\u00eda proyectando una larga sombra, no es descabellado afirmar que Charles Taylor (Montreal, 1931) es el m\u00e1s grande de los fil\u00f3sofos en pie. Por eso tiene su aquel que&nbsp;<em>Cosmic Connections: Poetry in the Age of Disenchantment&nbsp;<\/em>(Harvard, 2024), su \u00faltimo ensayo hasta la fecha, haya pasado de puntillas y sin apenas hacerse notar.<\/p>\n\n\n\n<p>En sus p\u00e1ginas, Taylor presenta la experiencia po\u00e9tica como una v\u00eda regia para recuperar el sentido de pertenencia a un orden m\u00e1s amplio que uno mismo. Poco importa que se le llame misterio, cosmos o estro po\u00e9tico. Los versos de Whitman o Rilke ser\u00edan, a este respecto,&nbsp;<strong>refugios de sentido en plena intemperie secular<\/strong>, en tanto que preservan una forma de trascendencia inmanente, asequible incluso a quienes, habiendo perdido la fe, a\u00fan conservan el temblor.<\/p>\n\n\n\n<p>Su argumento es que la poes\u00eda abre fisuras por donde se cuela lo que no cabe en el inventario. Entonces el mundo, sin mudar de pellejo, deja de desfilar como una sarta de hechos catalogados y se nos revela como el portador de un&nbsp;<strong>excedente de sentido<\/strong>.&nbsp;Por eso la lectura de, pongamos, Wordsworth (que es uno de los vates convocados por Taylor) lleva a una experiencia que no se agota en la mera efusi\u00f3n sentimental: la raz\u00f3n po\u00e9tica rasga los velos de esa realidad que, ind\u00f3mita y esquiva, reh\u00fasa someterse al imperio de lo contable y lo disponible.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cosmic Connections&nbsp;<\/em>(todav\u00eda sin traducci\u00f3n al castellano) es uno de esos libros que alumbra retrospectivamente la obra de una vida. En este caso, revela el&nbsp;<em>corpus<\/em>&nbsp;entero de Taylor como&nbsp;una poco disimulada<strong>&nbsp;tentativa de&nbsp;<a href=\"https:\/\/ethic.es\/entrevista-miquel-seguro\">reencantamiento<\/a><\/strong>.&nbsp;Tanto sus primeros an\u00e1lisis del agente encarnado como su reconstrucci\u00f3n de la secularidad, pasando por su teor\u00eda del reconocimiento o su noci\u00f3n de plenitud, forman parte del despliegue de la misma intuici\u00f3n: que el mundo moderno, aun con el sayo del misterio hecho jirones, no deja de reclamar una religadura de sentido que le arregle los costurones, haci\u00e9ndolo de nuevo habitable.<\/p>\n\n\n\n<p>No es casualidad que la faena primera de Taylor consistiera en tumbar uno de los puntales de nuestro desencantamiento: la f\u00e1bula de la persona reducida a engranaje. Su temprana cr\u00edtica al naturalismo en&nbsp;<em>The Explanation of Behaviour<\/em>&nbsp;(1964), desarrollada con mayor br\u00edo en sus ensayos de los a\u00f1os 80, sigue siendo&nbsp;<strong>un misilazo contra quienes reducen el ser humano a artefacto de relojer\u00eda<\/strong>. En cuanto agentes encarnados, nuestro mundo es menos un almac\u00e9n de hechos que un tupido y exuberante campo de significaciones. Cuando se ignora esa dimensi\u00f3n, la libertad queda reducida a palabra hueca.<\/p>\n\n\n\n<p>La antropolog\u00eda de Taylor, afinada en&nbsp;<em>La \u00e9<\/em><em>tica de la autenticidad<\/em>&nbsp;(1991), se levanta como un correctivo contra la banalidad&nbsp;<a href=\"https:\/\/ethic.es\/especiales-24\/la-sociedad-narcisista\/\">narcisista<\/a>&nbsp;de nuestro tiempo: el ser humano no comparece como m\u00f3nada autosatisfecha, sino como sujeto dial\u00f3gico, siempre en trato consigo y con los otros, y por tanto obligado a situarse en un horizonte de sentido que no ha elegido, pero sin el cual nada ser\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\"><strong><em>En cuanto agentes encarnados, nuestro mundo es menos un almac\u00e9n de hechos que un tupido y exuberante campo de significaciones<\/em><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed el llamado&nbsp;<strong>giro del reconocimiento<\/strong>. Si el sujeto no es m\u00f3nada sino nudo de relaciones, \u00bfc\u00f3mo va a forjar su identidad en el vac\u00edo? Ya en&nbsp;<em>Fuentes del yo<\/em>&nbsp;(1989) y, con mayor nitidez, en&nbsp;<em>El multiculturalismo y \u00ab<\/em><em>la pol<\/em><em>\u00edtica del reconocimiento\u00bb&nbsp;<\/em>(1992), Taylor evidenci\u00f3 hasta qu\u00e9 punto no somos sin los otros, y c\u00f3mo lo que somos depende, qui\u00e9ralo o no el individualista de laboratorio, de una urdimbre compartida. \u00bfIdentidad privada? No hay tal cosa. De igual modo, tampoco la justicia puede contentarse con repartir derechos como quien distribuye fichas en una mesa abstracta. \u00bfDe qu\u00e9 sirven los derechos si la persona que los porta comparece socialmente como una sombra o un apestado?<\/p>\n\n\n\n<p>Frente al mentado Habermas, que crey\u00f3 erigir una arquitectura deontol\u00f3gica en el vac\u00edo (pues vac\u00eda es la neutralidad procedimental), Taylor niega la posibilidad de un orden pol\u00edtico ajeno a una concepci\u00f3n de bien. Para neutral, la delet\u00e9rea ficci\u00f3n del individuo, hom\u00fanculo de probeta que se figura due\u00f1o absoluto de su albedr\u00edo, como si pudiera parirse de la nada.&nbsp;La libertad no es, en consecuencia, el formalismo vac\u00edo que todav\u00eda enarbolan algunos liberales ingenuos, sino una realidad institucional encarnada en formas de vida compartidas, esto es, en aquella&nbsp;eticidad, la&nbsp;<em>Sittlichkeit<\/em>&nbsp;hegeliana, que precede a la autonom\u00eda individual (de todos los hallazgos de Taylor, no fue menor el de atraerse a Hegel desde el liberalismo en su ensayo de 1975).<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan a despecho de su cr\u00edtica al liberalismo procedimental por haber escamoteado la propia noci\u00f3n de persona, reducir a Taylor&nbsp;a simple comunitarista es pintarlo con brocha gorda. Al fin y al cabo, lo que hace el fil\u00f3sofo canadiense es poco menos que dinamitar los cimientos mismos sobre los que el imaginario contempor\u00e1neo levanta su teatrillo. \u00bfO acaso hay quien nazca de la nada y se fabrique a s\u00ed mismo como quien monta un mueble sueco? En nuestra dependencia, que no es servidumbre sino mera condici\u00f3n de posibilidad, se cifran la capacidad de ser libres, aunque el sujeto moderno,&nbsp;<strong>disfrazado de&nbsp;<em>self made man<\/em><\/strong>, se empe\u00f1e en disimularlo.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a la trascendencia, su contundente an\u00e1lisis&nbsp;de la secularizaci\u00f3n, desplegado en el monumental&nbsp;<em>La&nbsp;era secular<\/em>&nbsp;(2007) y prolongado en art\u00edculos posteriores como \u00abDisenchantment-Reenchantment\u00bb (2011) y \u00abRecovering the Sacred\u00bb (2019), hace patente que la modernidad nunca lleg\u00f3 a eliminarla: m\u00e1s bien la volvi\u00f3 una posibilidad entre otras. Un texto de 2016 titulado \u00abA Secular Age Outside Latin Christendom\u00bb introduce un importante matiz, en tanto que limita la emergencia del \u00abmarco inmanente\u00bb al espacio del Atl\u00e1ntico Norte, reduci\u00e9ndolo a un fen\u00f3meno sin validez universal y que, as\u00ed pues, no pod\u00eda ser exportado como modelo explicativo a civilizaciones como la isl\u00e1mica, la india o la china.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\"><strong><em>En nuestra dependencia, que no es servidumbre sino mera condici\u00f3n de posibilidad, se cifran la capacidad de ser libres<\/em><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>La&nbsp;<a href=\"https:\/\/ethic.es\/entrevista-victoria-camps-desconfianza\">secularizaci\u00f3n<\/a>, bien vista, no pod\u00eda ser el fruto inevitable y cantado de la marcha triunfal del progreso, cuajado como ley natural, sino la hechura precaria de una determinada trabaz\u00f3n hist\u00f3rica que, por unas veredas muy concretas y no necesariamente repetibles, habilit\u00f3 esa rara avis de existencia desasida de lo religioso. \u00bfNecesidad? Menos lobos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Taylor culmina la cuesti\u00f3n en&nbsp;<em>El futuro del pasado religioso<\/em>&nbsp;(2021), donde, en vez de volver a hacer un traje a la modernidad secular (evitar\u00e9 el chiste f\u00e1cil con su apellido sartorial), se pregunta c\u00f3mo recoserla. Ah\u00ed el fil\u00f3sofo trueca la narrativa del declive por una fenomenolog\u00eda de las mutaciones, viajes y tornaviajes de lo religioso, refutando las teor\u00edas m\u00e1s consabidas de la secularizaci\u00f3n. El c\u00e9lebre&nbsp;<strong>\u00abyo blindado\u00bb<\/strong>&nbsp;que se cree autosuficiente, \u00bfno lleva un runr\u00fan por dentro, una morri\u00f1a pertinaz de sentido que no hay inmanencia que la acalle? El desencanto es un mundo poblado por individuos&nbsp;<em>encantados<\/em>&nbsp;de conocerse; cuanto m\u00e1s se blindan, m\u00e1s rezuman por las junturas. Entonces, \u00bfcu\u00e1l es \u00abel futuro del pasado religioso\u00bb? Todo lo m\u00e1s, una proliferaci\u00f3n de interrogaciones vitales que, avanzando a tientas, m\u00e1s que afirmar inquieren sobre su propia insuficiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Claro que si el reencantamiento es algo m\u00e1s que una mera hip\u00f3tesis y hemos de plantearlo como una suerte de tarea program\u00e1tica, preciso ser\u00e1 meter la u\u00f1a en las grietas del \u00abmarco inmanente\u00bb con que el mundo, clausurado en su propia facticidad, cree que se basta y se sobra, como quien echa el cerrojo por dentro y tira la llave.&nbsp;<strong>\u00bfDe verdad nada nos interpela? \u00bfNada nos concierne m\u00e1s all\u00e1 de lo que se deja medir y usar?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la conversaci\u00f3n que Taylor mantuvo con Michiel Meijer en 2019 lo dijo a las claras: el desencantamiento no es solo que se esfumen los duendes o que se venga abajo la vieja jerarqu\u00eda del cosmos, sino la instalaci\u00f3n de una ontolog\u00eda deshabitada en que nada parece salirnos al paso y, por supuesto, nada nos reclama.<\/p>\n\n\n\n<p>Conque reencantar el mundo no va de dar marcha atr\u00e1s y reinstaurar la tramoya de la vieja \u00abgran cadena del ser\u00bb. El reencantamiento no ser\u00e1 tanto una regresi\u00f3n como una pesquisa: el mismo tanteo a ciegas que lleva a la \u00abevaluaci\u00f3n fuerte\u00bb que, seg\u00fan Taylor, nos permite discernir, sin recurrir al algoritmo ni al sistema m\u00e9trico decimal, sino a una br\u00fajula sepultada en nuestro interior, si nuestra vida se encamina hacia lo alto. V\u00e9ase su querencia por la poes\u00eda postrom\u00e1ntica, herramienta con que forzar la cerradura del sentido. \u00bfReliquias o ganz\u00faas? \u00bfRestos muertos o herramientas vivas para volver a abrir lo que dimos por clausurado?<\/p>\n\n\n\n<p>El catolicismo de Charles Taylor, m\u00e1s que una clave de lectura, es la corriente subterr\u00e1nea que orienta la intuici\u00f3n central de su filosof\u00eda: que la vida humana est\u00e1 atravesada por una aspiraci\u00f3n a la plenitud que no se deja reducir ni a la autosuficiencia moral ni a la<strong>&nbsp;clausura del \u00abmarco inmanente<\/strong>\u00bb. Taylor asume que el cristianismo ha sido tanto un agente decisivo en la gestaci\u00f3n de la modernidad como en su progresivo desencantamiento; as\u00ed y todo, en el seno de esa misma tradici\u00f3n perviven todav\u00eda los recursos conceptuales y espirituales necesarios para imaginar una salida del marco secular.<\/p>\n\n\n\n<p>En sus reflexiones en&nbsp;<em>Church Life Journal<\/em>&nbsp;y en sus intervenciones en&nbsp;<em>Collegium<\/em>&nbsp;aparece un cristianismo que nada tiene que ver con la defensa de un orden cerrado ni con la&nbsp;restauraci\u00f3n de una cristiandad perdida. Ante la tentaci\u00f3n, siempre al acecho, de entender la pertenencia religiosa como una identidad cerrada, Taylor la plantea m\u00e1s cerca de la ligadura que de la coraza. Por eso alerta de que, bajo ciertas espiritualidades de nuevo cu\u00f1o, late el peligro de la disoluci\u00f3n narcisista, la posibilidad de estallar en un espiritualismo que se quiebre de puro sutil, como las pompas de Machado, sin carne ni comunidad que lo ancle al suelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al fort\u00edn de hojalata del \u00abyo blindado\u00bb, autosuficiente y cerrado, Taylor opone la imagen del<strong>&nbsp;\u00abyo poroso\u00bb, capaz de ser afectado por otros<\/strong>. La idea de comuni\u00f3n no es aqu\u00ed una entelequia de catequista, sino una forma concreta de existencia marcada por el amor agape\u00edstico, el \u00fanico que no se agota en el c\u00e1lculo de beneficios ni en la autosuperaci\u00f3n onanista, puesto que implica reciprocidad y apertura. En un mundo que presume de vivir \u00absin Dios\u00bb, la vida espiritual no se reduce a aporrear dogmas como quien clava estacas en la tierra yerma, sino de encarnarlos en formas de vida, a saber, en comunidades que obligan y ejemplos vitales que tiran de nosotros como un im\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para Taylor, lo sagrado persiste incluso all\u00ed donde Dios parece haberse retirado<\/strong>. Frente a quienes sostienen que la modernidad despoj\u00f3 al mundo de sus velos ilusorios para revelar su desnuda facticidad (el desencantamiento weberiano, verbigracia), para Taylor el \u00abmarco inmanente\u00bb no clausura la apertura a lo sagrado, sino que, antes bien, la vuelve fr\u00e1gil e intermitente, permanentemente sometida a la competencia de alternativas seculares. Lo sagrado deja de ser estructurar el mundo para ser una experiencia m\u00e1s, y en esa oscilaci\u00f3n de plenitud y ausencia, marejadilla y resaca, se cifra la inestabilidad constitutiva de la modernidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En resumidas cuentas, el \u00abyo blindado\u00bb de la modernidad tard\u00eda, tan ufano de su clausura, \u00bfqu\u00e9 es sino el fruto tard\u00edo de una larga faena de cortes y desgajes? Amarra a amarra, la modernidad fue celebrando su emancipaci\u00f3n como quien desata todo v\u00ednculo posible. Primero la interioridad cartesiana, que repleg\u00f3 el mundo al grangui\u00f1ol de la conciencia; luego la autonom\u00eda kantiana, empe\u00f1ada en legislarse a s\u00ed misma; y, por \u00faltimo, el arrebato rom\u00e1ntico de autenticidad, donde cada cual se erig\u00eda en fuente y medida de s\u00ed mismo. \u00bfLiberaci\u00f3n o m\u00e1s bien deshilachamiento? Cortadas las cuerdas, el sujeto qued\u00f3 a la deriva.<\/p>\n\n\n\n<p>A diferencia de tantos fil\u00f3sofos, la empresa de Charles Taylor no estriba en a\u00f1adir un hilo m\u00e1s al enredo, sino m\u00e1s bien en rehacer la trama. Una obstinada labor de religadura que lo obliga anudar los cabos sueltos que la modernidad fue dejando tras de s\u00ed. \u00bfA qu\u00e9 tratar de recomponer el tapiz intacto, si hace tiempo que dej\u00f3 de existir? De lo que se trata es de impedir que la vida siga desflec\u00e1ndose y de suturar, aunque sea con remiendos, la urdimbre que nos compone.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/ethic.es\/mundo-tener-sentido\">https:\/\/ethic.es\/mundo-tener-sentido<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Charles Taylor, la vida humana est\u00e1 atravesada por una aspiraci\u00f3n a la plenitud que no se deja reducir ni 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