{"id":115036,"date":"2026-01-20T09:05:46","date_gmt":"2026-01-20T15:05:46","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=115036"},"modified":"2026-01-20T09:05:47","modified_gmt":"2026-01-20T15:05:47","slug":"zero-posting-la-muerte-del-postureo-infinito-en-redes-sociales-no-tener-una-cuenta-activa-en-instagram-es-lo-mejor-que-me-ha-pasado-en-la-vida-papel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/zero-posting-la-muerte-del-postureo-infinito-en-redes-sociales-no-tener-una-cuenta-activa-en-instagram-es-lo-mejor-que-me-ha-pasado-en-la-vida-papel\/","title":{"rendered":"&#8216;Zero posting&#8217;, la muerte del postureo infinito en redes sociales: \u00abNo tener una cuenta activa en Instagram es lo mejor que me ha pasado en la vida\u00bb | PAPEL"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-background has-medium-font-size\" style=\"background-color:#8dfca9a1\">Ni v\u00eddeos de conciertos, ni \u2018stories\u2019 con desayunos fotog\u00e9nicos, ni quedadas documentadas al mil\u00edmetro. Las nuevas generaciones comparten cada vez menos sus vidas &#8216;online&#8217; como reacci\u00f3n a la fatiga acumulada tras una d\u00e9cada de exposici\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"910\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/17679767122686-910x1024.webp\" alt=\"\" class=\"wp-image-115037\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/17679767122686-910x1024.webp 910w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/17679767122686-267x300.webp 267w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/17679767122686-768x864.webp 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/17679767122686.webp 1200w\" sizes=\"(max-width: 910px) 100vw, 910px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Marina Bonilla lustraci\u00f3n <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-77670b459292e63e9d4b99083701999d\"><strong><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/autor\/raquel-r-incertis.html\">Raquel R. Incertis<\/a> <\/strong>\/ <strong>PAPEL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Cada vez hay m\u00e1s gente que sale, viaja, queda con amigos o empieza una relaci\u00f3n&#8230; sin contarlo en redes sociales. Ni&nbsp;<em>stories<\/em>, ni publicaciones, ni rastros visibles. El m\u00f3vil sigue ah\u00ed, pero ya no es el protagonista. Entre los m\u00e1s j\u00f3venes -sobre todo entre los&nbsp;<em>centennials&nbsp;<\/em>m\u00e1s lampi\u00f1os y la generaci\u00f3n Alfa- empieza a asentarse una idea sencilla pero reveladora: disfrutar sin subirlo.&nbsp;<strong>La privacidad, que durante a\u00f1os parec\u00eda casi un concepto desfasado, empieza a verse como un peque\u00f1o lujo cotidiano<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>A este gesto muchos lo llaman&nbsp;<em>zero posting<\/em>&nbsp;(en castellano,&nbsp;<em>posteo cero<\/em>). Es decir, seguir en X, Instagram o TikTok, pero sin publicar apenas. No es desaparecer por completo de internet ni&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2018\/12\/17\/5c13db31fdddff5e508b4685.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">romper de forma dram\u00e1tica con las plataformas<\/a>. Es algo m\u00e1s discreto y gradual:&nbsp;<strong>permanecer dentro, pero en silencio<\/strong>. Una forma de estar y no estar al mismo tiempo que funciona como reacci\u00f3n al cansancio acumulado tras una d\u00e9cada de hiperexposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abM\u00e1s que una moda, parece un movimiento cultural\u00bb, explica&nbsp;<strong>Jos\u00e9 M. Mu\u00f1oz<\/strong>, investigador y jefe de Neurotecnolog\u00eda en el Centro Internacional de Neurociencia y \u00c9tica. \u00abEsta nueva generaci\u00f3n es m\u00e1s consciente de lo que pensamos acerca de las&nbsp;<strong>repercusiones de la huella digital<\/strong>, y poco a poco se da cuenta del valor de tener espacios \u00edntimos que pueden disfrutarse sin que todo el mundo los vea\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante a\u00f1os, la norma impl\u00edcita fue compartir. El postureo era el pan de cada d\u00eda: cenas, ex\u00e1menes aprobados, rupturas, amaneceres, entrenamientos, selfis frente al espejo&#8230; Cada momento importante -y muchos que no lo eran- encontraba su traducci\u00f3n en una imagen. Con el tiempo, esa din\u00e1mica empez\u00f3 a generar un tipo de&nbsp;<strong>presi\u00f3n&nbsp;<\/strong>sutil: la necesidad de sostener una versi\u00f3n p\u00fablica de uno mismo, coherente y actualizada. Lo que en LinkedIn se conoce como&nbsp;<em>marca personal<\/em>, vaya.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLas redes convierten una foto, un v\u00eddeo o un post en algo constantemente evaluable y criticable.&nbsp;<strong>Esto genera ansiedad, rigidez identitaria y una dependencia continua de la validaci\u00f3n externa<\/strong>\u00bb, dice&nbsp;<strong>Hajar Belouafi<\/strong>, psic\u00f3loga y experta en dise\u00f1o del comportamiento digital en la plataforma&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.tauniqo.ai\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Tauniqo.ai<\/a>. \u00abLa identidad empieza a construirse en funci\u00f3n del&nbsp;<em>feedback&nbsp;<\/em>social que reciben: lo que es aceptable, lo que no lo es, lo que est\u00e1 de moda y lo que queda fuera. Se imitan comportamientos, modas y tendencias sin demasiado espacio para analizarlas o cuestionarlas desde valores propios, criterio personal o pensamiento cr\u00edtico\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El&nbsp;<em>zero posting<\/em>&nbsp;aparece como un freno a esa inercia.&nbsp;<strong>No publicar deja de ser sin\u00f3nimo de apat\u00eda y pasa a verse como una decisi\u00f3n consciente<\/strong>. Hay quien lo verbaliza como prop\u00f3sito de a\u00f1o nuevo, pero en realidad es un gesto cotidiano: salir a cenar sin fotografiar el postre, ir a un concierto sin grabar ni una actuaci\u00f3n, viajar sin registrar cada etapa como prueba documental. En fin, vivir m\u00e1s el momento y no pensar siempre en t\u00e9rminos de contenido.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n pesa un motivo mucho m\u00e1s pr\u00e1ctico. Muchos&nbsp;<em>zetas&nbsp;<\/em>y&nbsp;<em>alfas&nbsp;<\/em>no quieren que antiguos compa\u00f1eros de instituto, ex parejas o completos desconocidos sepan qu\u00e9 hacen, d\u00f3nde est\u00e1n o con qui\u00e9n salen. La idea de exposici\u00f3n permanente empieza a resultar inc\u00f3moda.&nbsp;<strong>Publicar ya no es solo compartir: implica dejar un rastro<\/strong>. Y ese archivo digital, que se acumula sin darnos cuenta, puede volverse extra\u00f1o con el paso del tiempo, como una versi\u00f3n congelada de quien ya no somos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para&nbsp;<strong>Tamara Navarrete<\/strong>, experta en&nbsp;<em>marketing<\/em>&nbsp;y comunicaci\u00f3n corporativa, el fen\u00f3meno no es producto del desinter\u00e9s por lo social, \u00absino una reacci\u00f3n madura a la sobreexposici\u00f3n\u00bb de las redes sociales. \u00abLas nuevas generaciones han entendido que&nbsp;<strong>la visibilidad constante tiene un coste emocional, relacional y hasta identitario<\/strong>\u00bb, dice.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mar<\/strong>, de 23 a\u00f1os, decidi\u00f3 dejarlas hace ya cuatro: \u00abNo tener cuentas ni interactuar en ellas&nbsp;<strong>es lo mejor que me ha pasado en la vida<\/strong>. No veo absolutamente nada negativo.&nbsp;<strong>Te libras de dolores de cabeza, de comparaciones, de una sensaci\u00f3n de pesimismo colectivo<\/strong>\u00bb. Recuerda que, de adolescente, sol\u00eda ser bastante activa: \u00abNo me limitaba a dar me gusta ni a republicar, sino que compart\u00eda fotos y tuits sobre libros, m\u00fasica y series que me gustaban, incluso opiniones pol\u00edticas. Pero hubo un momento en que se me hizo bola, me hac\u00eda sentir mal. Pensaba: &#8216;Yo no entro aqu\u00ed para pasar un mal rato o enfadarme&#8217;. Ahora prefiero invertir el tiempo en actividades que me motiven\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Para nuestro sistema nervioso, dicen los expertos,&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2018\/06\/01\/5af71fc7268e3ede478b45c6.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">menos es m\u00e1s<\/a>. \u00abEl silencio digital es un lujo en una \u00e9poca de hiperconectividad y agotamiento por exceso de est\u00edmulos y aceleraci\u00f3n de nuestros ritmos internos\u00bb, relata&nbsp;<strong>Luciana Moretti<\/strong>, neuropsic\u00f3loga. \u00abQue los j\u00f3venes que nacieron en la era digital puedan darse cuenta de ello es un gran desaf\u00edo, pero en consulta muchas veces son ellos los que me cuentan que deciden desconectarse de redes, apagar tel\u00e9fonos, mantener su privacidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Los datos respaldan estas afirmaciones. Seg\u00fan el&nbsp;<a href=\"https:\/\/datareportal.com\/reports\/digital-2024-global-overview-report\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Digital 2024 Global Overview Report<\/em><\/a>, aunque el uso de redes sociales sigue creciendo, el tiempo medio diario dedicado a publicar contenido ha descendido, mientras aumenta el consumo pasivo.&nbsp;<strong>De hecho, m\u00e1s del 60% de los usuarios menores de 24 a\u00f1os reconoce que prefiere \u00abmirar sin publicar\u00bb<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTengo mi cuenta en privado y rara vez subo historias, solo cuando otros amigos me etiquetan en las suyas\u00bb cuenta&nbsp;<strong>Yuan<\/strong>, de 20 a\u00f1os. Explica que en su m\u00f3vil tiene limitado el uso de aplicaciones como Instagram o Substack a 15 minutos al d\u00eda, pero en vacaciones lo extiende hasta una hora como m\u00e1ximo. \u00ab<strong>A veces se me olvida que existen, hay cosas mejores que hacer<\/strong>. Instagram particularmente puede ser muy adictivo y puedes perder la noci\u00f3n del tiempo muy r\u00e1pidamente, cosa que me da bastante miedo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Este cambio de actitud no es sin\u00f3nimo de repulsa a lo digital ni de abandono. La mayor\u00eda siguen conectados, consumen contenido, participan en conversaciones, env\u00edan memes por WhatsApp. Pero el rol cambia:&nbsp;<strong>el usuario silencioso, el que mira sin intervenir, deja de ser una excepci\u00f3n para convertirse en una figura habitual<\/strong>. Cotillear sin exponerse; seguir dentro, pero a cubierto. No hay una renuncia al ecosistema digital, sino una renegociaci\u00f3n de las reglas.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\">\u00abUna foto o v\u00eddeo genera ansiedad, rigidez identitaria y una dependencia continua de la validaci\u00f3n externa\u00bb | Hajar Belouafi, psic\u00f3loga y experta en dise\u00f1o del comportamiento digital<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>\u00abCuando la visibilidad deja de vivirse como una elecci\u00f3n y empieza a sentirse como una&nbsp;<strong>carga<\/strong>, aparece una fatiga emocional que suele traducirse en silencios prolongados o retiradas temporales de las redes. Hay indicadores muy claros de este desgaste: cuentas que permanecen activas pero dejan de publicar, rechazo expl\u00edcito a mirar m\u00e9tricas o estad\u00edsticas, uso creciente de perfiles privados o secundarios, comentarios del tipo: &#8216;Prefiero vivirlo que subirlo&#8217;\u00bb, enumera Belouafi.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abA veces echo de menos subir algo o ver las fotos de gente con la que me llevo menos\u00bb, reconoce Mar. \u00abPero luego me pregunto: &#8216;<strong>\u00bfDe qu\u00e9 me sirve a m\u00ed estar mirando parasocialmente la cuenta de alguien que conoc\u00eda del instituto y ya no est\u00e1 en mi vida?<\/strong>&nbsp;Cuando ya est\u00e1s metido en la red social, dices: &#8216;Ay, mira d\u00f3nde est\u00e1 ahora fulanito&#8217;, y es bastante reconfortante, pero cuando no tienes redes sociales, lo relativizas. Si tienes una buena comunicaci\u00f3n con tus amistades, se suple perfectamente\u00bb. La soluci\u00f3n para mantenerse al d\u00eda, dice, pasa por pedir capturas de pantalla o grabaciones a sus amigas si hay algo que le interese saber.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa privacidad se ha convertido en un nuevo s\u00edmbolo de estatus. Antes era: &#8216;Mira d\u00f3nde estoy&#8217;; ahora es: &#8216;Solo lo saben quienes est\u00e1n conmigo&#8217;\u00bb, matiza Navarrete. \u00abDisfrutar sin documentar no es desconexi\u00f3n total: es&nbsp;<strong>control del propio relato<\/strong>. Y eso, en la econom\u00eda de la atenci\u00f3n, es profundamente radical\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSi uno toma la decisi\u00f3n personal de no publicar, o de publicar menos, le est\u00e1 diciendo a las plataformas: &#8216;Podr\u00e9is perfilar y perfeccionar vuestros algoritmos, pero desde luego no conmigo&#8217;\u00bb, a\u00f1ade Mu\u00f1oz. El experto se\u00f1ala que, parad\u00f3jicamente, la pr\u00e1ctica del posteo cero es un dato informativo en s\u00ed mismo acerca de nuestros h\u00e1bitos digitales: \u00abEl mero uso de internet deja rastro de preferencias de usuario, intereses tem\u00e1ticos o comerciales,&nbsp;<strong>Cuando decides no publicar fotos en Instagram, t\u00fa ex no se enterar\u00e1 de si tienes otra pareja, pero Meta y otras plataformas seguir\u00e1n sabiendo cosas sobre ti<\/strong>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En paralelo, reaparece el inter\u00e9s por&nbsp;<strong>actividades que no dejan huella p\u00fablica pero generan un disfrute&nbsp;<\/strong><em><strong>offline<\/strong><\/em>: aprender un hobby, escribir a mano, asistir a talleres de manualidades, quedar con amigos sin convertirlo en un evento socializable. Leer sin compartir rese\u00f1as en Goodreads. Ver pel\u00edculas sin puntuarlas en Letterbox.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2018\/01\/30\/5a6f6834e5fdea2b1c8b4617.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Correr sin registrar tiempos ni rutas en Strava<\/a>. Hacer algo por el simple hecho de hacerlo con calma, no porque vaya a generar interacci\u00f3n. Seg\u00fan Belouafi,&nbsp;<strong>no se trata tanto de nostalgia por lo anal\u00f3gico<\/strong>&nbsp;como de una b\u00fasqueda de espacios que no dependan de m\u00e9tricas, algoritmos o comentarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Como explica&nbsp;<strong>Amelia L. Hartley<\/strong>&nbsp;en su obra&nbsp;<em>Meeting Offline Again<\/em>, vivimos en un mundo optimizado para la eficiencia, donde \u00abhemos cambiado la serendipia por algoritmos y la presencia p\u00fablica por el aislamiento voluntario\u00bb As\u00ed,&nbsp;<strong>\u00abhemos perdido la infraestructura de las conexiones org\u00e1nicas\u00bb: los \u00abterceros lugares\u00bb y las rutinas comunitarias<\/strong>&nbsp;donde las relaciones florecen de forma natural.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-ast-global-color-7-color has-ast-global-color-4-background-color has-text-color has-background has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bf682e5613582dd6f15f78a079913a38\">\u00abLas nuevas generaciones han entendido que la visibilidad constante tiene un coste emocional, relacional y hasta identitario\u00bb | <strong>Tamara Navarrete<\/strong>, experta en\u00a0<em>marketing<\/em>\u00a0y comunicaci\u00f3n corporativa<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s late tambi\u00e9n una fatiga cultural.&nbsp;<strong>El ideal&nbsp;<\/strong><em><strong>influencer<\/strong><\/em>-vidas perfectas, agendas llenas de eventos, casas ordenadas, desayunos fotog\u00e9nicos-&nbsp;<strong>empieza a provocar m\u00e1s rechazo que inspiraci\u00f3n<\/strong>. La comparaci\u00f3n constante desgasta y la aspiraci\u00f3n de \u00abtener una vida publicable\u00bb se vuelve, para muchos, una carga.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abResistirse a la visibilidad constante implica, en el fondo,&nbsp;<strong>cuestionar un modelo que asocia el valor personal con estar presente todo el tiempo<\/strong>, opinar sobre todo y rendir de manera continua en el entorno digital\u00bb, asegura Belouafi. \u00abEn algunos contextos puede interpretarse como un privilegio, pero en la mayor\u00eda de los casos responde m\u00e1s bien a&nbsp;<strong>la necesidad de poner l\u00edmites<\/strong>&nbsp;frente a din\u00e1micas que acaban siendo emocionalmente invasivas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCuando&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/el-mundo-que-viene\/2021\/10\/27\/6172bf11e4d4d812528b4592.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">una persona deja de verse a s\u00ed misma como un producto<\/a>, suele disminuir de forma notable la autoexigencia y la necesidad de validaci\u00f3n constante y aumenta la autenticidad. Esto facilita&nbsp;<strong>relaciones m\u00e1s genuinas<\/strong>&nbsp;y tambi\u00e9n una forma de aprender menos condicionada por la comparaci\u00f3n o por el rendimiento externo. El foco deja de estar en el c\u00f3mo me perciben y pasa al qu\u00e9 necesito o qu\u00e9 quiero aprender\u00bb, dice.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNuestro cerebro est\u00e1 dise\u00f1ado para detectar informaci\u00f3n necesaria desde el punto de vista biol\u00f3gico para que las interacciones entre las personas sean constructivas, algo que no ocurre en lo digital\u00bb, razona Moretti. \u00abVivimos una epidemia de&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2025\/12\/10\/693316e5e4d4d8ad018b459d.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">problemas de salud mental<\/a>&nbsp;y cada vez hay m\u00e1s conciencia de que necesitamos recuperar ritmos naturales en los que la interconexi\u00f3n personal aporta muchos aspectos sutiles\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante esto, el&nbsp;<em>zero posting<\/em>&nbsp;no es una cr\u00edtica abierta, pero s\u00ed una respuesta silenciosa: dejar de competir en ese escaparate es la mayor forma de resistencia. \u00ab<strong>La contracultura del silencio digital<\/strong>&nbsp;refleja algo m\u00e1s profundo: una generaci\u00f3n que entiende que no todo lo valioso necesita validaci\u00f3n externa.&nbsp;<strong>No contarlo todo se ha convertido en el gesto m\u00e1s disruptivo de todos<\/strong>\u00bb, resume Navarrete.<\/p>\n\n\n\n<p>Este fen\u00f3meno no implica que las redes vayan a desaparecer ni que los j\u00f3venes est\u00e9n huyendo de ellas. M\u00e1s bien apunta a una fase de madurez en su relaci\u00f3n con la tecnolog\u00eda. La exposici\u00f3n deja de ser el centro; elegir qu\u00e9 no compartir tambi\u00e9n forma parte de la identidad.&nbsp;<strong>La pertenencia ya no pasa por la visibilidad constante, sino por un uso m\u00e1s selectivo<\/strong>, m\u00e1s \u00edntimo, a veces casi t\u00e1ctico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLas redes sociales por lo general no te enriquecen tanto como persona como otras tantas cosas que uno puede hacer. Adem\u00e1s,&nbsp;<strong>muchas veces priorizan un tipo de contenido que te pone de mal humor o genera malestar<\/strong>\u00bb, opina Yuan. Aunque \u00e9l se decanta por invertir el tiempo en tocar el piano, escuchar m\u00fasica, leer novelas o jugar a videojuegos, admite que, al menos en su c\u00edrculo de contactos, la cantidad de publicaciones ha aumentado: \u00abEn la universidad hay m\u00e1s cosas especiales que se consideran dignas de ser publicadas. Ahora hay m\u00e1s personas con pareja, que publican fotos o algo indicando que est\u00e1n juntos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 el&nbsp;<em>zero posting<\/em>&nbsp;no sea una ruptura definitiva, sino una fase de reajuste. Una forma de poner distancia, de reorganizar l\u00edmites, de pensar qu\u00e9 merece estar online y qu\u00e9 no. Una manera de recordar que la vida puede existir -e incluso respirarse mejor- fuera de la pantalla.<\/p>\n\n\n\n<p>Belouafi se\u00f1ala, sin embargo,&nbsp;<strong>la importancia de no romantizar el silencio digital<\/strong>. \u00abLo relevante no es publicar o no publicar, sino desde d\u00f3nde lo hacemos. Si compartimos por miedo a desaparecer, hay un problema. Si dejamos de compartir por miedo a exponernos, tambi\u00e9n. El verdadero cambio saludable se produce cuando la tecnolog\u00eda vuelve a estar al servicio de la persona, y no al rev\u00e9s\u00bb, concluye.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2026\/01\/20\/6960eaa2fc6c83b5068b457d.html\">https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2026\/01\/20\/6960eaa2fc6c83b5068b457d.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ni v\u00eddeos de conciertos, ni \u2018stories\u2019 con desayunos fotog\u00e9nicos, ni quedadas documentadas al mil\u00edmetro. 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