{"id":110954,"date":"2025-11-23T05:46:41","date_gmt":"2025-11-23T11:46:41","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=110954"},"modified":"2025-11-23T05:46:42","modified_gmt":"2025-11-23T11:46:42","slug":"miasmas-el-olor-que-mataba-a-las-madres-xl-semanal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/miasmas-el-olor-que-mataba-a-las-madres-xl-semanal\/","title":{"rendered":"Miasmas: el olor que mataba a las madres | XL Semanal"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Un olor nausebundo mataba a las parturientas. Esos letales efluvios eran los miasmas. Para evitarlos los m\u00e9dicos se proteg\u00edan la nariz con pa\u00f1uelos perfumados en lavanda o bergamota. El m\u00e9dico Ignaz Semmelweis fue quien descubri\u00f3 en 1847 que la muerte pod\u00eda evitarse simplemente lav\u00e1ndose las manos, pero no supo explicar por qu\u00e9. Y ante el desd\u00e9n de sus colegas termin\u00f3 en un manicomio.<\/h2>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"1002\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/miasmas-autopsia-1024x1002.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-110955\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/miasmas-autopsia-1024x1002.jpg 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/miasmas-autopsia-300x294.jpg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/miasmas-autopsia-768x752.jpg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/miasmas-autopsia-1536x1504.jpg 1536w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/miasmas-autopsia.jpg 2000w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>Los quir\u00f3fanos del siglo XIX.<\/strong>\u00a0La cl\u00ednica Gross, pintada por Thomas Eakins en 1875, muestra c\u00f3mo se realizaban las autopsias y las intervenciones sin higiene b\u00e1sica: ni guantes ni batas ni mascarillas&#8230; Las bacterias viajaban a placer.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-725248f8f70eac1682b1f944b67b93a4\"><strong><a href=\"https:\/\/www.abc.es\/xlsemanal\/autor\/carlosmsanchez\">Carlos Manuel S\u00e1nchez<\/a> \/ XL Semanal<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Viena, 1847. El Hospital General huele a miasmas. O al menos eso creen los m\u00e9dicos que caminan por sus pasillos tap\u00e1ndose la nariz con pa\u00f1uelos perfumados, convencidos de que el &#8216;hedor hospitalario&#8217; es la causa de muchas enfermedades. Es un edificio enorme, con dos cl\u00ednicas obst\u00e9tricas separadas que\u00a0albergan 400 camas cada una. Pero ocurre algo extra\u00f1o: en la Primera Cl\u00ednica, atendida por m\u00e9dicos y estudiantes de Medicina, una de cada seis mujeres que dan a luz muere pocos d\u00edas despu\u00e9s. En la Segunda Cl\u00ednica, atendida por comadronas, apenas muere una de cada veinticinco.<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.abc.es\/xlsemanal\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2025\/11\/Ignaz-Semmelweis.jpg\" alt=\"alternative text\"><strong>Pionero incomprendido.<\/strong>I gnaz Semmelweis advirti\u00f3 de que hab\u00eda que lavarse las manos para atender a las parturientas. Pero, salvo sus asistentes cercanos, no le hicieron caso.<\/p>\n\n\n\n<p>Las mujeres pobres de Viena lo saben. Cuando las carretas las traen al hospital, lloran, se aferran a los barrotes rogando que las admitan en la Segunda Cl\u00ednica. Prefieren dar a luz en la calle antes que entrar en la Primera.<\/p>\n\n\n\n<p>El h\u00fangaro Ignaz Semmelweis, de 28 a\u00f1os, reci\u00e9n reincorporado como asistente del profesor Johann Klein en la Primera Cl\u00ednica, observa estas escenas con horror. \u00abLa idea de la muerte de mis pacientes me resulta insoportable \u2013confesar\u00e1 en una carta\u2013, sobre todo cuando se cuela entre las dos grandes alegr\u00edas de la existencia: la de ser joven y la de dar la vida\u00bb. Su jefe no comparte esta sensibilidad. Para Klein, la alta mortalidad es un gaje del oficio.<img decoding=\"async\" alt=\"alternative text\" src=\"https:\/\/www.abc.es\/xlsemanal\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2025\/11\/chadwick-miasmas.jpg\"><strong>Equivocado por una buena causa.&nbsp;<\/strong>Chadwick fue el m\u00e1ximo propagador de la errada teor\u00eda miasm\u00e1tica, pero \u00e9l transform\u00f3 la salud p\u00fablica&#8230; para bien. Como activista social, promovi\u00f3 la legislaci\u00f3n de saneamiento urbano y moderniz\u00f3 el alcantarillado. Eso s\u00ed, su cruzada se sustentaba en un error cient\u00edfico.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La pestilencia de los barrios pobres<\/h2>\n\n\n\n<p>El dogma que domina la medicina de la \u00e9poca es la teor\u00eda de los miasmas. \u00abTodo olor es enfermedad\u00bb, proclamaba Edwin Chadwick, el influyente abogado y reformador social que \u2013equivocadamente, aunque por buenas razones: promov\u00eda el saneamiento urbano\u2013 hab\u00eda convencido a medio mundo de que las epidemias se propagaban a trav\u00e9s de \u00abaires pestilentes\u00bb que emanan de pantanos, cementerios, hospitales y barrios pobres.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading has-ast-global-color-4-background-color has-background\">Las parturientas que eran atendidas por estudiantes de medicina mor\u00edan poco despu\u00e9s de dar a luz. Sin embargo, las que eran asistidas por comadronas sobreviv\u00edan&#8230;<\/h2>\n\n\n\n<p>Chadwick pon\u00eda como ejemplo el c\u00f3lera, que hac\u00eda estragos en los callejones m\u00e1s humildes de Londres; la malaria (que significa &#8216;mal aire&#8217; en italiano), que surg\u00eda en zonas pantanosas; la peste bub\u00f3nica, que aparec\u00eda donde se acumulaban basuras hediondas. La soluci\u00f3n, por tanto, era protegerse de esos aires malignos. Los m\u00e9dicos caminaban por los hospitales con pa\u00f1uelos perfumados con lavanda o bergamota.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en marzo de 1847, cuando Semmelweis regresa de unas vacaciones, recibe una noticia que cambiar\u00e1 la historia de la medicina. Su amigo Jakob Kolletschka, un eminente forense, ha fallecido. Durante una autopsia de una v\u00edctima de fiebre puerperal, un estudiante lo pinch\u00f3 accidentalmente con el bistur\u00ed. La herida parec\u00eda trivial. Pero Kolletschka desarroll\u00f3 fiebre, su brazo se hinch\u00f3, delir\u00f3 durante d\u00edas y muri\u00f3 con los mismos s\u00edntomas que las parturientas.<img decoding=\"async\" alt=\"alternative text\" src=\"https:\/\/www.abc.es\/xlsemanal\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2025\/11\/hospital-general-viena.jpg\"><strong>Exploraci\u00f3n.<\/strong>El Hospital General de Viena en una imagen de mediados del XIX. Y una ilustraci\u00f3n de 1840 de la exploraci\u00f3n a una embarazada.<\/p>\n\n\n\n<p>Semmelweis se encierra en la sala de autopsias con el cad\u00e1ver de su amigo Kolletschka. Lo ayuda Carl von Rokitansky, el pat\u00f3logo m\u00e1s famoso de Europa. Semmelweis llega a una conclusi\u00f3n: Kolletschka muri\u00f3 porque el bistur\u00ed contaminado con material cadav\u00e9rico introdujo \u00abpart\u00edculas putrefactas\u00bb en su torrente sangu\u00edneo. Las parturientas mueren por la misma raz\u00f3n: los m\u00e9dicos y estudiantes, despu\u00e9s de pasar la ma\u00f1ana haciendo autopsias, van a la cl\u00ednica obst\u00e9trica. Y no se lavan las manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, la Segunda Cl\u00ednica tiene tasas de mortalidad tan bajas: las comadronas no hacen autopsias. No est\u00e1n en contacto con cad\u00e1veres. Semmelweis presenta su teor\u00eda al profesor Klein esperando que la evidencia hable por s\u00ed misma. Klein lo mira como si lo hubiera escupido. \u00ab\u00bfMe est\u00e1 diciendo que yo soy responsable de estas muertes?\u00bb, se ofende.<img decoding=\"async\" alt=\"alternative text\" src=\"https:\/\/www.abc.es\/xlsemanal\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2025\/11\/hospital-viena-ginecologia.jpg\"><strong>El gran cambio de los hospitales.&nbsp;<\/strong>Esta pintura del Hospital General de Viena de 1880 es la imagen que a Semmelweis, el &#8216;loco&#8217; que ped\u00eda a los m\u00e9dicos que&nbsp; se lavaran las manos, le habr\u00eda gustado ver. Un quir\u00f3fano m\u00e1s limpio, con batas blancas, palanganas&#8230; Pero \u00e9l muri\u00f3 15 a\u00f1os antes.<\/p>\n\n\n\n<p>En mayo de 1847, sin pedir permiso a Klein, Semmelweis instala lavabos con soluci\u00f3n de hipoclorito c\u00e1lcico en la entrada de la cl\u00ednica obst\u00e9trica. Elige hipoclorito porque es lo suficientemente fuerte como para eliminar el olor a descomposici\u00f3n que persiste en las manos despu\u00e9s de las autopsias. Si las \u00abpart\u00edculas cadav\u00e9ricas\u00bb huelen, razona, una sustancia que elimina el olor debe eliminar las part\u00edculaas. Es una l\u00f3gica precient\u00edfica, pero funciona.<\/p>\n\n\n\n<p>Obliga a todos los estudiantes y m\u00e9dicos a sumergir sus manos en la soluci\u00f3n, luego a cepillarse las u\u00f1as. Algunos m\u00e9dicos se burlan. Pero Semmelweis lleva un registro estad\u00edstico de cada parto y cada muerte. En abril de 1847, antes del lavado de manos, la mortalidad en la Primera Cl\u00ednica es del 18 por ciento. En agosto no llega al 1 por ciento.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El &#8216;establishment&#8217; contraataca<\/h2>\n\n\n\n<p>Semmelweis presenta sus cifras en conferencias. Pero los datos, por s\u00ed solos, no convencen. Rudolf Virchow, el padre de la patolog\u00eda celular, rechaza la teor\u00eda de Semmelweis por falta de fundamento te\u00f3rico. \u00bfPart\u00edculas cadav\u00e9ricas? \u00bfQu\u00e9 son exactamente? \u00bfC\u00f3mo viajan? \u00bfPor qu\u00e9 causan enfermedades? Semmelweis no tiene respuestas. No puede tenerlas porque Louis Pasteur a\u00fan no ha desarrollado la teor\u00eda de los g\u00e9rmenes.<\/p>\n\n\n\n<p>El profesor Klein, sinti\u00e9ndose cuestionado por su disc\u00edpulo, no renueva el contrato de Semmelweis en 1849. Lo reemplaza con Carl Braun, un m\u00e9dico que cree en la teor\u00eda miasm\u00e1tica. Braun elimina el protocolo de lavado de manos. Y la mortalidad vuelve a dispararse. Klein y Braun lo atribuyen a cambios atmosf\u00e9ricos, a la constituci\u00f3n d\u00e9bil de las pacientes\u2026 Todo menos admitir que Semmelweis ten\u00eda raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading has-ast-global-color-4-background-color has-background\">Semmelweis es humillado por sus colegas y su frustraci\u00f3n se transforma en furia. Alcoholizado, acaba en un asilo para enfermos mentales<\/h2>\n\n\n\n<p>Semmelweis se convierte en un paria para sus colegas. Un charlat\u00e1n. Con una excepci\u00f3n: Gustav Michaelis, un prestigioso ginec\u00f3logo alem\u00e1n, ley\u00f3 su trabajo y record\u00f3 que hab\u00eda atendido el parto de una prima suya poco despu\u00e9s de realizar una autopsia. Su prima muri\u00f3 de fiebre puerperal. Destrozado por la culpa, Michaelis se suicid\u00f3 en 1848. Su muerte aterroriz\u00f3 a la comunidad m\u00e9dica europea, que vio en ella la confirmaci\u00f3n de que aceptar la teor\u00eda de Semmelweis equival\u00eda a admitir ser asesinos por negligencia. Esto intensific\u00f3 su empecinamiento: era m\u00e1s soportable rechazar la teor\u00eda que vivir con la culpa.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La ca\u00edda del &#8216;loco furioso&#8217;<\/h2>\n\n\n\n<p>Semmelweis regresa humillado a Budapest en 1850. Consigue un puesto en el peque\u00f1o hospital St. Rochus, donde aplica su protocolo de lavado de manos con \u00e9xito. Pero el establishment m\u00e9dico sigue ignor\u00e1ndolo. Peor a\u00fan, lo ridiculiza.<\/p>\n\n\n\n<p>La frustraci\u00f3n de Semmelweis se transforma en furia. Publica un libro en 1861 lleno de estad\u00edsticas, pero escrito con un tono agresivo. Cuando sigue siendo ignorado, comienza a escribir cartas abiertas a los profesores de obstetricia de toda Europa. \u00abLlamo asesinos a todos los que se oponen a las normas que he prescrito para evitar la fiebre puerperal\u00bb, proclama.<\/p>\n\n\n\n<p>Su comportamiento se vuelve err\u00e1tico. Bebe sin moderaci\u00f3n, frecuenta prostitutas. Algunos historiadores especulan que desarroll\u00f3 s\u00edfilis. En julio de 1865, Ferdinand von Hebra \u2013uno de los pocos amigos que le quedan\u2013 lo convence con enga\u00f1os de que visite un nuevo \u00abinstituto m\u00e9dico\u00bb en las afueras de Viena. Cuando Semmelweis llega, descubre que es un asilo para enfermos mentales. Intenta escapar. Los guardias lo capturan, lo golpean, le ponen una camisa de fuerza y lo encierran en una celda.<img decoding=\"async\" alt=\"alternative text\" src=\"https:\/\/www.abc.es\/xlsemanal\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2025\/11\/pasteur-bacterias.jpg\"><strong>Las bacterias de Pasteur.&nbsp;<\/strong>Louis Pasteur confirm\u00f3 la intuici\u00f3n de Semmelweis cuando vincul\u00f3 las bacterias con las enfermedades. Su descubrimiento, adem\u00e1s, tuvo otra aplicaci\u00f3n: Napole\u00f3n III lo contrat\u00f3 en 1863 para resolver un problema de la industria vin\u00edcola francesa. Las botellas se estropeaban durante el transporte. Pasteur descubri\u00f3 que calentar el vino a 55 \u00baC mataba las bacterias sin arruinar el sabor. La pasteurizaci\u00f3n salv\u00f3 la industria del vino antes de aplicarse a la leche.<\/p>\n\n\n\n<p>El tratamiento incluye duchas con agua helada, purgas y largas horas atado a la cama. Cuando su cuerpo fue exhumado un siglo despu\u00e9s, los forenses encontraron m\u00faltiples fracturas en brazos y piernas. Pero lo que lo mata es una herida infectada en su mano derecha, probablemente causada durante las palizas. La herida se gangren\u00f3. Desarroll\u00f3 fiebre. Su brazo se hinch\u00f3. Delir\u00f3 durante d\u00edas&#8230; Falleci\u00f3 el 13 de agosto de 1865, exactamente con los mismos s\u00edntomas que los miles de mujeres cuyas vidas hab\u00eda intentado salvar. Muri\u00f3 de sepsis, de envenenamiento de la sangre, una infecci\u00f3n que hoy se previene lav\u00e1ndose las manos. A su funeral en Viena asistieron pocas personas. Su propia esposa no fue. Semmelweis fue borrado de la historia como si nunca hubiera existido.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cuando Parteur descubri\u00f3 las bacterias<\/h2>\n\n\n\n<p>Cinco a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Semmelweis, Joseph Lister comenz\u00f3 a vaporizar \u00e1cido carb\u00f3lico durante las cirug\u00edas en Glasgow. Su trabajo en antisepsia fue tan revolucionario que en 1879 un enjuague bucal que todav\u00eda se comercializa ser\u00eda bautizado en su honor: Listerine. Por entonces, el franc\u00e9s Louis Pasteur demostr\u00f3 la existencia de microorganismos y desarroll\u00f3 la teor\u00eda de los g\u00e9rmenes que explicar\u00eda por qu\u00e9 el lavado de manos de Semmelweis hab\u00eda funcionado. Pasteur hab\u00eda perdido a dos de sus hijas por fiebre tifoidea, una enfermedad causada precisamente por comida y bebida contaminadas por falta de higiene. En 1882, el alem\u00e1n Robert Koch identific\u00f3 el bacilo que causa la tuberculosis. La teor\u00eda de Semmelweis dej\u00f3 de ser una estad\u00edstica misteriosa: las \u00abpart\u00edculas cadav\u00e9ricas\u00bb eran, en realidad, microbios pat\u00f3genos. El lavado de manos los elimina. Sin bacterias, no hay infecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.abc.es\/xlsemanal\/salud\/miasmas-madres-semmelweis-medicina-partos.html\">https:\/\/www.abc.es\/xlsemanal\/salud\/miasmas-madres-semmelweis-medicina-partos.html<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un olor nausebundo mataba a las parturientas. Esos letales efluvios eran los miasmas. 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