{"id":110326,"date":"2025-11-13T04:37:00","date_gmt":"2025-11-13T10:37:00","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=110326"},"modified":"2025-11-12T18:41:04","modified_gmt":"2025-11-13T00:41:04","slug":"vida-y-muerte-de-anthony-bourdain-el-chef-de-los-villanos-el-chef-de-los-inadaptados-el-chef-de-los-rebeldes-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/vida-y-muerte-de-anthony-bourdain-el-chef-de-los-villanos-el-chef-de-los-inadaptados-el-chef-de-los-rebeldes-el-mundo\/","title":{"rendered":"Vida y muerte de Anthony Bourdain, el chef de los villanos, el chef de los inadaptados, el chef de los rebeldes | El Mundo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\">Salamandra reedita&nbsp;<em>Confesiones de un chef. Aventuras en el trasfondo de la cocina<\/em>, de Anthony Bourdain, en el 25\u00ba aniversario del gran cl\u00e1sico de la cocina. Lea en exclusiva el pr\u00f3logo de Irvine Welsh<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"910\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/17629528922142-910x1024.webp\" alt=\"\" class=\"wp-image-110327\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/17629528922142-910x1024.webp 910w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/17629528922142-267x300.webp 267w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/17629528922142-768x864.webp 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/17629528922142.webp 1200w\" sizes=\"(max-width: 910px) 100vw, 910px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">El chef y escritor Anthony Bourdain poses dentro de una c\u00e1mara frigor\u00edfica en Nueva York, en el a\u00f1o 2000. Bruce GilbertGetty Images <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b53ba30333f267d778e8f5e6c2b3c477\"><strong>Irvine Welsh \/ El Mundo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No llegu\u00e9 a conocer a&nbsp;<strong>Anthony Bourdain<\/strong>. Nunca lo vi en persona, pero \u00e9l y sus<em><strong>&nbsp;Confesiones de un chef<\/strong><\/em>&nbsp;fueron muy importantes para m\u00ed. Voy a explicar por qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando era joven dej\u00e9 mi Edimburgo natal y me fui a Londres, atra\u00eddo no tanto por las brillantes promesas de la gran ciudad como por el punk rock. En esa \u00e9poca viv\u00eda para los conciertos, los clubes y los festivales, raz\u00f3n por la cual&nbsp;<strong>no era lo que se dice el candidato ideal para un puesto de trabajo<\/strong>, aunque s\u00ed se me daba bien fingir inter\u00e9s por conseguirlo mientras maquinaba las mil y una maneras de currar lo menos posible. Era un chico de clase obrera, criado en un barrio de viviendas de protecci\u00f3n oficial, pero bendecido con la creencia de que ten\u00eda derecho a cualquier cosa que deseara, convencido de que el mundo me deb\u00eda algo.&nbsp;<strong>S\u00f3lo quer\u00eda dedicarme a la m\u00fasica y a escribir. M\u00e1s o menos igual que ahora<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Para costearme las guitarras, los amplificadores y los equipos de grabaci\u00f3n necesarios para ir por ah\u00ed fingiendo que tocaba en alg\u00fan grupo, y entre los momentos que pasaba rellenando cuadernos con mis interminables reflexiones, trabajaba en la construcci\u00f3n y, de vez en cuando, pillaba alg\u00fan c\u00f3modo trabajo de oficina.&nbsp;<strong>Pero muchas veces acababa de pinche en la cocina<\/strong>&nbsp;de alg\u00fan que otro hotel de Londres, en el ferry del canal de la Mancha y en el&nbsp;<em>catering&nbsp;<\/em>de un evento multitudinario como el concurso ecuestre del Horse of the Year en Wembley o en Silverstone o en otros hip\u00f3dromos.&nbsp;<strong>Es decir, en cualquier sitio en que estuvieran dispuestos a ofrecer un contrato temporal a un punki zarrapastroso como yo<\/strong>. En esos lugares sol\u00eda trabajar de ayudante de cocina y en una ocasi\u00f3n \u2014con resultados bastante lamentables\u2014 como cocinero especializado en preparar comidas r\u00e1pidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Trabajar de alba\u00f1il era duro. La construcci\u00f3n es una de las cosas m\u00e1s chungas a las que puedes dedicarte si, como yo, tienes alergia al trabajo f\u00edsico. Las cocinas de hoteles y restaurantes, por su parte, tambi\u00e9n poseen sus propios inconvenientes:&nbsp;<strong>cada vez que entras en ellas, una ola de calor abrasador e implacable te deja literalmente achicharrado<\/strong>. A eso hay que sumar el amargo rencor que siente el hedonista irredento por tener que trabajar en condiciones sofocantes y en horarios intempestivos e imposibles de conciliar con la vida social mientras los dem\u00e1s se divierten. Por si eso fuera poco, uno sufr\u00eda la tiran\u00eda de la jer\u00e1rquica cadena de mando en sus huesos cuando, siendo el \u00faltimo en el escalaf\u00f3n, la cagaba \u2014lo que ocurr\u00eda tarde o temprano\u2014 y ten\u00eda que responder ante el chef.<\/p>\n\n\n\n<p>Para saber m\u00e1s<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2025\/05\/07\/17466272140962.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Entrevista.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2025\/05\/12\/681b6b20e85ece1e538b4577.html\">Irvine Welsh: \u00abComo sociedad queremos justicia, pero como individuos s\u00f3lo buscamos venganza\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Redacci\u00f3n:ANDR\u00c9S SEOANE<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2025\/05\/12\/681b6b20e85ece1e538b4577.html\">Irvine Welsh: \u00abComo sociedad queremos justicia, pero como individuos s\u00f3lo buscamos venganza\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2023\/03\/31\/16802867330245.jpg\" alt=\"Ewan McGregor en la versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica de 'Trainspotting'.\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Literatura.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/cultura\/literatura\/2023\/04\/01\/6426bb52e4d4d870158b4590.html\">30 a\u00f1os de Trainspotting, la gran novela yonqui<\/a><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Redacci\u00f3n: BORJA MART\u00cdNEZ\u00a0Madrid<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/cultura\/literatura\/2023\/04\/01\/6426bb52e4d4d870158b4590.html\">30 a\u00f1os de Trainspotting, la gran novela yonqui<\/a><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"cardTitle_signUp\"><\/h2>\n\n\n\n<p>Ideas, libros, escenarios, miradas, pantallas&#8230; Mantente al d\u00eda sobre las novedades culturales y los grandes debates de actualidad.Correo electr\u00f3nico introducido:losperiodistas.com.mx@gmail.comCambiarApuntarme<\/p>\n\n\n\n<p>El jefe de cocina no era como los dem\u00e1s, los currelas temporales que nos busc\u00e1bamos la vida y ve\u00edamos aquello como un simple medio para alcanzar un fin: alg\u00fan d\u00eda ir\u00edamos a la universidad, recibir\u00edamos alguna formaci\u00f3n, tocar\u00edamos en una banda de rock, lograr\u00edamos un \u00e9xito discogr\u00e1fico, nos echar\u00edamos una novia rica, ganar\u00edamos a las quinielas (por aquel entonces no hab\u00eda loter\u00eda) y encontrar\u00edamos la forma de escapar de aquel infierno.&nbsp;<strong>El chef era distinto<\/strong>. \u00c9l no iba a ir a ninguna parte, salvo tal vez a otra cocina id\u00e9ntica a aquella, normalmente despu\u00e9s de insultar o agredir al due\u00f1o del establecimiento, al director general de la cadena de restaurantes o a alg\u00fan cliente desagradable e ingrato de mil maneras distintas, a cu\u00e1l m\u00e1s creativa, que a veces \u2014y de forma devastadora\u2014 implicaban utensilios de cocina afilados o con comida muy muy caliente.&nbsp;<strong>El chef era un alcoh\u00f3lico vol\u00e1til. El chef ten\u00eda todo el poder<\/strong>. Mi estrategia para sobrevivir en esos entornos era siempre la misma:&nbsp;<strong>hacerme amigo del chef<\/strong>, a menos que tus compa\u00f1eros de trabajo lo odiasen tanto que, en lugar de \u00e9l, fuesen ellos quien te hiciesen la vida imposible, en cuyo caso ten\u00edas que encontrar la manera de evitarlo o quit\u00e1rtelo de encima; hablo en masculino porque en aquel entonces el chef siempre era un hombre, claro.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Confesiones de un chef<\/strong><\/em><strong>&nbsp;retrata con absoluta genialidad lo que Anthony Bourdain llama, muy acertadamente, la cultura pirata<\/strong>. Los bares nocturnos a los que va la gente al acabar el trabajo, donde todo el mundo se siente atra\u00eddo como un im\u00e1n hacia los dem\u00e1s, esos compa\u00f1eros fugitivos, y se pone hasta las cejas de alcohol y drogas; tambi\u00e9n los revolcones apresurados y todos los amargos dramas que conllevan.&nbsp;<strong>Cuando vas medio borracho y acabas morre\u00e1ndote con alguien que intuyes que est\u00e1 con otra persona&#8230;<\/strong>&nbsp;y luego resulta que tienes que trabajar con esa otra persona al d\u00eda siguiente, resacoso, paranoico y en una cocina irrespirable donde hace un calor espantoso y abundan los cuchillos bien afilados y las sartenes con grasa hirviendo. Luego viene la inevitable explosi\u00f3n, cuando te arrancas el delantal y anuncias que no piensas volver a trabajar en una cocina ni harto de vino&#8230; y unas semanas m\u00e1s tarde ya est\u00e1s llamando a la puerta de un local id\u00e9ntico mientras las facturas sin pagar se acumulan en tu mesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando me di a conocer como novelista,&nbsp;<em>The New York Times<\/em>&nbsp;public\u00f3 un reportaje sobre la irrupci\u00f3n de la narrativa escocesa de la d\u00e9cada de los 90. El escritor Gordon Legge dijo con gran generosidad sobre m\u00ed:&nbsp;<strong>\u00abIrvine ya era una estrella antes de serlo\u00bb.<\/strong>&nbsp;No creo ni de lejos que eso sea cierto, pero lo que s\u00ed s\u00e9 es que nunca me he sentido m\u00e1s vivo, rebelde y libre \u2014<strong>puro esp\u00edritu rock and roll<\/strong>\u2014 que cuando sal\u00eda de aquellas cocinas para irme directo a una disco o a un pub, m\u00e1s all\u00e1 de la hora legal de cierre, con un grupo de almas gemelas. M\u00e1s que cuando tocaba en grupos pretenciosos, trapicheaba con drogas o hac\u00eda toda clase de chanchullos para conseguirlas, o incluso cuando me aclamaban como autor superventas en todo el mundo. Todo eso era, en parte, producto de la juventud, pero tambi\u00e9n de estar rodeado de otros cr\u00e1pulas como yo, muchos de los cuales ten\u00edan un pasado oscuro, algunos con un futuro a\u00fan m\u00e1s negro, y la mayor\u00eda con un sinf\u00edn de historias que contar.<\/p>\n\n\n\n<p>Salir de fiesta despu\u00e9s del curro no iba s\u00f3lo de relajarse en plan lot\u00f3fagos, sino de liberarse de un entorno laboral opresivo. Una cocina se rige por estructuras de disciplina castrense y s\u00f3lo puede funcionar con eficiencia cuando todo el mundo sabe cu\u00e1l es su lugar y cumple con los roles asignados.&nbsp;<strong>No es para nada una democracia<\/strong>. En una situaci\u00f3n en la que unos individuos de naturaleza anarquista se ven obligados a trabajar en un entorno tan sumamente controlado, sin importar si el equipo tiene buen&nbsp;<em>feeling&nbsp;<\/em>o no,&nbsp;<strong>tarde o temprano algo acaba estallando<\/strong>. Y cuando eso ocurre, al \u00fanico mando al que respetas es a aquel que siente verdadera pasi\u00f3n por su trabajo, al que se toma el tiempo de explicar las cosas y ense\u00f1ar c\u00f3mo se hacen, al que no te ve como un simple engranaje m\u00e1s de la maquinaria, del todo sustituible.<\/p>\n\n\n\n<p>Anthony Bourdain estaba cortado por ese patr\u00f3n, y alcanz\u00f3 un gran \u00e9xito respetando la din\u00e1mica del deber cumplido y el trabajo bien hecho, pero sin dejar nunca de valorar el esfuerzo que hac\u00edan todos esos inadaptados por encajar en un sistema tan r\u00edgido como la hosteler\u00eda. Su pasi\u00f3n por la comida y las cosas buenas de la vida resultaba muy estimulante, y&nbsp;<strong>percibimos&nbsp;<\/strong><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/cultura\/2018\/06\/08\/5b1a6c5946163fac068b45a8.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><strong>su tr\u00e1gica muerte<\/strong><\/a><strong>&nbsp;como una especie de castigo<\/strong>&nbsp;impuesto por los ricos y poderosos con el coraz\u00f3n helado y el alma muerta al mism\u00edsimo esp\u00edritu del rock and roll.<\/p>\n\n\n\n<p>Los brit\u00e1nicos llegaron tarde a la apreciaci\u00f3n generalizada de la gran importancia de la comida en nuestra vida cultural. Cualquiera que haya crecido en las d\u00e9cadas de 1960 y 1970 sabe que&nbsp;<strong>no hab\u00eda nada que no pudiera volverse incomible en una cocina brit\u00e1nica<\/strong>, sobre todo en Escocia, donde nos defin\u00edamos por la siguiente declaraci\u00f3n existencial:&nbsp;<strong>si no puedes beb\u00e9rtelo, foll\u00e1rtelo o fre\u00edrlo, lo m\u00e1s probable es que no exista<\/strong>. Recuerdo una vez, de ni\u00f1o, cuando mis padres me llevaron a un Wimpy. En 1969, aparte de un par de locales de comida china y un sitio de carne a la parrilla donde te serv\u00edan los bistecs completamente churruscados, aquel era pr\u00e1cticamente el \u00fanico restaurante de la ciudad. Recuerdo que pens\u00e9 que hab\u00edamos ingresado en las filas de la alta burgues\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En el instituto de mi barrio,&nbsp;<strong>a los chicos que iban a clases de cocina se los consideraba homosexuales<\/strong>, en una \u00e9poca en que ese t\u00e9rmino iba acompa\u00f1ado de forma injusta por las connotaciones peyorativas que ahora tiene merecidamente la palabra&nbsp;<strong>\u00abpederasta\u00bb<\/strong>. Luego vino la gran revoluci\u00f3n culinaria, que tuvo lugar casi al mismo tiempo que las mujeres empezaron a afeitarse el pubis. Que eso fuera pura coincidencia o no lo dejo como tema de estudio para los antrop\u00f3logos sociales, pero basta con decir que enseguida la experiencia sensorial oral cobr\u00f3 mucha m\u00e1s importancia.&nbsp;<strong>De repente, los hombres de verdad cocinaban y se bajaban al pil\u00f3n<\/strong>. Los Oliver y los Ramsay, los polis bueno y malo favoritos de los medios, transformaron la percepci\u00f3n que hab\u00eda en Gran Breta\u00f1a del trabajo de chef, que pas\u00f3 de ser un chiste de mal gusto a algo bastante guay.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero los polis buenos y los polis malos segu\u00edan siendo, a fin de cuentas, polis. Fueron Anthony Bourdain y&nbsp;<em>Confesiones de un chef<\/em>&nbsp;los que hicieron que no s\u00f3lo los chefs y la gastronom\u00eda sino tambi\u00e9n las cocinas y todos sus moradores se convirtieran en territorio interesante para los entendidos.&nbsp;<strong>Bourdain era el chef de los villanos, el chef de los inadaptados, el chef de los rebeldes.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 siempre fue un estilista literario nato. Su madre era periodista y trabajaba como editora en&nbsp;<em>The New York Times<\/em>, y de ni\u00f1o Anthony vivi\u00f3 en una casa repleta de libros. Incluso cuando ya parec\u00eda haberse consolidado como chef ejecutivo obsesionado con la comida (y un contador de an\u00e9cdotas muy apreciado) en el modesto local de Les Halles de Park Avenue, en Manhattan (cuyo plato estrella era un bistec con patatas),&nbsp;<strong>Bourdain decidi\u00f3, al m\u00e1s puro estilo del punk renacentista, explorar otros caminos<\/strong>. Su novela de cr\u00edmenes culinarios,&nbsp;<em>Bone in the Throat<\/em>, se public\u00f3 en 1995, aunque era imposible que abandonara su vocaci\u00f3n. Tras haber pasado por varios restaurantes inmerso en una vida de drogas y alcohol, Les Halles era su refugio, un lugar que parec\u00eda ofrecerle una especie de estabilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego, en el a\u00f1o 2000, se public\u00f3&nbsp;<em>Confesiones de un chef<\/em>&nbsp;y&nbsp;<strong>su escritura reemplaz\u00f3 repentina y espectacularmente a su cocina<\/strong>. El libro combinaba el tono \u00edntimo y descarnado con el elemento transformador, haciendo realidad el sue\u00f1o h\u00famedo de cualquier editor de conseguir el estatus de libro de culto y \u00e9xito de ventas a la vez. Si bien el humor era irreverente, el respeto por su vocaci\u00f3n era manifiesto e inquebrantable.&nbsp;<strong>De pronto, el universo personal de Anthony Bourdain se abri\u00f3 al gran p\u00fablico<\/strong>. Narrador magn\u00e9tico e ingenioso, estaba hecho para brillar en televisi\u00f3n, a punto de caramelo para triunfar en los medios de comunicaci\u00f3n. Pocas voces han logrado una transici\u00f3n tan completa del libro a la peque\u00f1a pantalla.<\/p>\n\n\n\n<p>La reacci\u00f3n inevitable ante ese \u00e9xito se manifest\u00f3 en los ataques de los cr\u00edticos burgueses hacia el personaje de Bourdain en&nbsp;<em>Confesiones de un chef<\/em>, quej\u00e1ndose de que su transparente vulgaridad y su pose de chico malo socavaban la aguda inteligencia de sus argumentos.&nbsp;<strong>Pero creo que eso demuestra que no entendieron su esp\u00edritu radical<\/strong>. Cuando eres el forastero, el reci\u00e9n llegado al barrio, o te enfrentas a los capullos integrales que estaban ah\u00ed antes que t\u00fa o te preparas para ocupar tu lugar como uno de ellos. Y a veces necesitas recurrir a instrumentos contundentes, como la arrogancia salvaje y narcisista, para lograr que la gente conecte con el mensaje m\u00e1s profundo, como la pol\u00edtica aut\u00e9nticamente subversiva y jubilosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Las p\u00e1ginas de&nbsp;<em>Confesiones de un chef<\/em>&nbsp;no esconden sus referentes literarios.&nbsp;<strong>La influencia de&nbsp;<\/strong><em><strong>Sin blanca en Par\u00eds y Londres<\/strong><\/em><strong>&nbsp;de Orwell es evidente<\/strong>: una cr\u00edtica socialista a las terribles y brutales condiciones laborales que soportan los trabajadores de los restaurantes. Pero el capitalismo explota a todo el mundo, incluso a los multimillonarios, chup\u00e1ndoles el alma m\u00e1s que el dinero, empobreciendo sus mentes al relegarlas a distracciones pueriles de baja intensidad, lo que implica regodearse con el sufrimiento ajeno o mostrar una alegre indiferencia ante \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Bourdain entiende de forma instintiva algo que muchos cr\u00edticos marxistas burgueses no han sabido ver: machacar todo el d\u00eda a la clase trabajadora con la cantinela de lo mucho que los explotan y lo jodidos que est\u00e1n s\u00f3lo les niega humanidad y los empuja a los brazos de los opresores, quienes no ofrecen m\u00e1s que la falacia del racismo y el nacionalismo. Al igual que Orwell,&nbsp;<strong>Bourdain capt\u00f3 claramente el esp\u00edritu de la clase trabajadora, as\u00ed como su opresi\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>El programa de televisi\u00f3n de Bourdain mostraba su pasi\u00f3n y su humanidad en estado puro. Esos diarios de viaje en formato documental describen su evoluci\u00f3n desde el aventurero trotamundos \u2014con desventuras incluidas\u2014 al ap\u00f3stol de la gastronom\u00eda y la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea, adem\u00e1s de ofrecer un testimonio del intercambio cultural aut\u00e9ntico.&nbsp;<strong>Su fundamental papel en la democratizaci\u00f3n de la cultura gastron\u00f3mica resulta innegable<\/strong>, pues derrib\u00f3 los antiguos preceptos elitistas de la alta cocina gracias a su postura pragm\u00e1tica y su entusiasmo ilimitado. El gran legado de Bourdain consisti\u00f3 en grabar en nuestra conciencia colectiva la idea de que&nbsp;<strong>las desigualdades pol\u00edticas y sociales podr\u00edan entenderse y resolverse de manera significativa si analiz\u00e1ramos qu\u00e9 y c\u00f3mo comemos<\/strong>. Esto est\u00e1 ya tan ampliamente aceptado en nuestro discurso, con pel\u00edculas tan aclamadas como&nbsp;<em>El tri\u00e1ngulo de la tristeza<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>El men\u00fa<\/em>, que muchas veces olvidamos lo revolucionarias que fueron esas ideas de&nbsp;<em>Confesiones de un chef<\/em>&nbsp;y c\u00f3mo Bourdain logr\u00f3 educar e informar al p\u00fablico general acerca de ese concepto.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto en&nbsp;<em>Confesiones de un chef<\/em>&nbsp;como en el programa de televisi\u00f3n, Bourdain expone la hipocres\u00eda intr\u00ednseca del papel de la mano de obra inmigrante en la alta cocina y&nbsp;<strong>la feroz hipocres\u00eda de los sectores habitualmente marginados y discriminados que ahora ofrecen experiencias gastron\u00f3micas de estrella Michelin<\/strong>&nbsp;de las que muchas veces una clientela m\u00e1s adinerada disfruta con absoluta complacencia. La base moral de su defensa de los inmigrantes latinos que trabajan en la industria de la restauraci\u00f3n pone en evidencia la demonizaci\u00f3n de este grupo demogr\u00e1fico por parte de las t\u00f3xicas \u00e9lites pol\u00edticas de Estados Unidos. Bourdain sab\u00eda que&nbsp;<strong>siempre fueron los inmigrantes, y no los chicos blancos consentidos, los que encarnaron el sue\u00f1o americano<\/strong>. Nunca dud\u00f3 en alzar la voz mostrando su desprecio hacia esas \u00e9lites, una batalla alimentada por su rechazo a la esterilidad de sus propios or\u00edgenes como hijo de familia acomodada de los barrios residenciales, convirti\u00e9ndolo en arma para atacar al sistema desde la mentalidad de un anarquista punk rock y antiautoritario. El creciente privilegio que le ofreci\u00f3 su \u00e9xito no hizo m\u00e1s que intensificarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Este conflicto interno se plasma con claridad meridiana en las p\u00e1ginas del libro. Con frecuencia,&nbsp;<strong>Bourdain parece atrapado en una crisis existencial<\/strong>, pues la condici\u00f3n de chef le brinda todo lo que ama y lo que odia a la vez, y si bien celebra la vida entre fogones, busca desesperadamente el salvavidas de la televisi\u00f3n. Sin embargo, una vez liberado de los amarres que lo ataban al restaurante, tuvo que enfrentarse a problemas similares: \u00abAntes me sent\u00eda como en casa y \u00abseguro\u00bb en la cocina. Conoc\u00eda las reglas, o cre\u00eda conocerlas. Era una vida repleta de absolutos, de certezas, y eso me reconfortaba como nada me ha reconfortado desde entonces\u00bb. Una vez m\u00e1s,&nbsp;<strong>Bourdain parec\u00eda aceptar y rechazar al mismo tiempo el papel de Hunter S. Thompson itinerante del mundo culinario<\/strong>. Al final, quiz\u00e1 un hombre con un coraz\u00f3n tan grande encontrar\u00eda este mundo \u2014cada vez m\u00e1s opresivo y sin embargo ca\u00f3tico\u2014 demasiado peque\u00f1o y mezquino para \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s del confinamiento entramos de cabeza en una \u00e9poca que ha resultado ser m\u00e1s terror\u00edfica y a la vez mucho m\u00e1s aburrida que la anterior. Es una era dominada por una pandilla de tiranos miserables, mezquinos y bocazas y sus voceros, empe\u00f1ados desesperadamente en incitar a los cada vez m\u00e1s despose\u00eddos (es decir, a todos nosotros) a entrar en su juego superficial, irracional y da\u00f1ino incluso para quienes lo promueven.&nbsp;<strong>La muerte de Anthony Bourdain fue una se\u00f1al de que esos cabrones sin alma estaban ganando terreno<\/strong>. Gente como yo mismo, que no llegamos a conocerlo personalmente, pensamos de inmediato: \u00ab\u00a1Mierda! \u00a1No puede ser!\u00bb, experimentando la sensaci\u00f3n de que no s\u00f3lo hab\u00edamos perdido a un alma gemela, sino a una muy importante.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso fue as\u00ed porque Anthony Bourdain era algo m\u00e1s que un chef, un escritor y un presentador de televisi\u00f3n: no s\u00f3lo nos hac\u00eda sentir bien al comer, sino que quienes hab\u00edamos ocupado los niveles m\u00e1s bajos de la cadena alimenticia \u2014pr\u00e1cticamente todos en alg\u00fan momento de nuestra vida\u2014 nos sent\u00edamos muy valorados al prepararla y servirla. Puede que no fuera el prototipo de embajador global de la magia de la cocina y su lugar en nuestra cultura, pero fue el mejor que podr\u00edamos haber deseado.<\/p>\n\n\n\n<p>Fundamentalmente, fue todo eso por ser&nbsp;<strong>la encarnaci\u00f3n de un esp\u00edritu que no s\u00f3lo se encuentra en la m\u00fasica, la comida y el arte, sino en todas las cosas buenas de la vida<\/strong>. Una fuerza de energ\u00eda c\u00f3smica librando una batalla furibunda contra las fuerzas que buscan mantener el control, secuestradas por los magnates tecnol\u00f3gicos y sus lacayos medi\u00e1ticos, quienes, desde sus medios de pacotilla, hacen ruido sin cesar mientras sus amos roban a manos llenas, sin escr\u00fapulos. Bourdain lanzaba a voz en grito verdades como pu\u00f1os sobre la condici\u00f3n humana en una casa llena de mentirosos.&nbsp;<strong>Olv\u00eddense del ruido y sintonicen esas frecuencias m\u00e1s altas, porque lo oir\u00e1n<\/strong>. Y en las p\u00e1ginas de&nbsp;<em>Confesiones de un chef<\/em>, su voz extraordinaria se oye bien alta y clara.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente:<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/cultura\/literatura\/2025\/11\/12\/6914871dfdddfff2738b4596.html\">https:\/\/www.elmundo.es\/cultura\/literatura\/2025\/11\/12\/6914871dfdddfff2738b4596.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salamandra reedita&nbsp;Confesiones de un chef. 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