{"id":108437,"date":"2025-10-07T08:11:19","date_gmt":"2025-10-07T14:11:19","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=108437"},"modified":"2025-10-07T08:11:20","modified_gmt":"2025-10-07T14:11:20","slug":"lolita-fuego-de-nuestras-entranas-un-personaje-atrapado-entre-deseo-violencia-y-censura-babelia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/lolita-fuego-de-nuestras-entranas-un-personaje-atrapado-entre-deseo-violencia-y-censura-babelia\/","title":{"rendered":"\u2018Lolita\u2019, fuego de nuestras entra\u00f1as: un personaje atrapado entre deseo, violencia y censura | Babelia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-blush-light-purple-gradient-background has-background has-medium-font-size\"><strong>Setenta a\u00f1os despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n, el cl\u00e1sico de Nabokov sigue generando controversia y relecturas cr\u00edticas. La nueva novela de Luna Miguel, \u2018Incensurable\u2019, se une a una constelaci\u00f3n de escritoras que observan al personaje a la luz de los \u00faltimos cambios sociales<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/OM5IGXTF2JBXBILKCV3SPVQRDI-copia-1024x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-108438\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/OM5IGXTF2JBXBILKCV3SPVQRDI-copia-1024x1024.jpg 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/OM5IGXTF2JBXBILKCV3SPVQRDI-copia-300x300.jpg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/OM5IGXTF2JBXBILKCV3SPVQRDI-copia-150x150.jpg 150w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/OM5IGXTF2JBXBILKCV3SPVQRDI-copia-768x768.jpg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/OM5IGXTF2JBXBILKCV3SPVQRDI-copia.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">La escritora Luna Miguel, a finales de septiembre en Barcelona. massimiliano minocri<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b71392c8ced5960b4b34b6391fdb5a8c\"><strong><a href=\"https:\/\/elpais.com\/autor\/alex-vicente\/#?rel=author_top\">\u00c1lex Vicente<\/a> \/ BABELIA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/elpais.com\/autor\/luna-miguel-santos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Luna Miguel<\/a>&nbsp;(Alcal\u00e1 de Henares, 1990) ley\u00f3&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2018\/03\/10\/actualidad\/1520696379_102115.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Lolita<\/em><\/a>&nbsp;a los 14 a\u00f1os, en la m\u00edtica edici\u00f3n de portada rosa de la colecci\u00f3n Compactos de Anagrama, que hab\u00eda encontrado en la biblioteca de sus padres. Pocos meses antes, la escritora hab\u00eda terminado&nbsp;<em>Harry Potter y la piedra filosofal<\/em>&nbsp;y le hab\u00edan regalado su \u00faltima mu\u00f1eca Bratz. \u201cEra un libro peligroso, que le\u00ed a escondidas de mi familia. En un cuaderno donde anotaba mis lecturas, escrib\u00ed al terminarlo: \u2018No es para tanto\u2019. Me equivoqu\u00e9, claro\u201d, recuerda. Dice que se aburri\u00f3 y que le result\u00f3 imposible reconocerse en el personaje. Y, sin embargo, en un entorno plagado de \u201cse\u00f1ores mirones y tocones\u201d, la sombra de&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2018\/03\/10\/actualidad\/1520696379_102115.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Dolores Haze<\/a>&nbsp;se proyectaba sobre su naciente subjetividad. \u201cBastaba que cualquier chica de mi edad subiera una imagen a Fotolog para que alguien le comentara: \u2018Pareces una Lolita\u2019. El mundo empezaba a mirarnos as\u00ed, a m\u00ed y a mis compa\u00f1eras\u201d, relataba la semana pasada en Barcelona, en un bar de especialidades veganas en el gentrificado barrio de Sant Antoni \u2014ella, desafiante, ha pedido un caf\u00e9 con leche de vaca\u2014, mientras las sirenas del ambulatorio vecino ritmaban la conversaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Con los a\u00f1os, aquella decepcionante lectura se convirti\u00f3 en un hilo conductor que atraviesa gran parte de su obra literaria. Desde su primera novela,&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2018\/11\/07\/actualidad\/1541613467_642958.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>El funeral de Lolita<\/em><\/a>, hasta la \u00faltima,&nbsp;<em>Incensurable<\/em>, que ha llegado a las librer\u00edas esta semana, el escandaloso personaje ideado por&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/vladimir-nabokov\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Vladimir Nabokov<\/a>&nbsp;recorre casi todos sus libros. En esta nueva entrega, Miguel imagina un futuro cercano en el que&nbsp;<em>Lolita<\/em>&nbsp;ha desaparecido de las bibliotecas de todo el mundo. Su protagonista, la fil\u00f3sofa Lectrice Santos, es expulsada de la universidad por impartir una conferencia sobre placer y censura, y queda condenada a la clandestinidad. \u201cEs solo una ficci\u00f3n un poco excesiva, aunque habla de cosas que ya est\u00e1n pasando, y no solo en Estados Unidos\u201d, advierte Miguel. \u201cVeo una desgana creciente por profundizar, un miedo a leer ciertos textos por lo que puedan decir de nosotros\u201d.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/MVFAWH7HYFBMXNFNQR6QZD2FCA.jpg?auth=be3e155f55d8866f2c6907c18ff1d5aa27487cdb914950206a72dc5baec07ecf&amp;width=414\" alt=\"\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">La edici\u00f3n de Penguin de &#8216;Lolita&#8217;, con fotograf\u00eda de Sue Lyon en la adaptaci\u00f3n de Stanley Kubrick.sjbooks \/ Alamy \/ CORDON PRESS (Alamy Stock Photo)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>No habla de una censura frontal que proh\u00edba de manera expl\u00edcita, como denuncian los agoreros de un supuesto apocalipsis cultural, sino de una tendencia hacia la lectura higienizada y el arrinconamiento de todo aquello que incomode o genere conflicto. Miguel lo ha constatado en su propio club de lectura: hay quien se acerca a ciertos libros con reparo. \u201cMuchas lectoras, j\u00f3venes y mayores, confiesan que tienen miedo de leer a hombres. Sienten que no tienen herramientas para enfrentarse a los cl\u00e1sicos machos\u201d. Esa reticencia ser\u00eda el s\u00edntoma de un cambio de sensibilidad, en un campo literario en plena redefinici\u00f3n a la luz del cambio social. \u201c<em>Lolita<\/em>&nbsp;me serv\u00eda para pensar qu\u00e9 hemos aprendido en los a\u00f1os posteriores al MeToo, en torno a los nuevos temores que han surgido. \u00bfQu\u00e9 pensar\u00e1n si me ven leyendo a&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/philip-roth\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Philip Roth<\/a>? \u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00e1 si descubro que el maltratador de&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/sylvia-plath\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sylvia Plath<\/a>&nbsp;fue tambi\u00e9n un gran poeta? \u00bfQu\u00e9 pensar\u00e9 de m\u00ed misma si disfruto de una novela sobre un ped\u00f3filo?\u201d.&nbsp;<em>Lolita<\/em>&nbsp;sigue siendo una prueba de fuego: refleja la incomodidad de disfrutar \u201ccon lo que se supone que no deber\u00edamos disfrutar\u201d y tambi\u00e9n \u201cla necesidad de reconciliarnos con personajes monstruosos\u201d, dice Miguel.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, la censura de&nbsp;<em>Lolita<\/em>&nbsp;no parece una opci\u00f3n viable. Cuando se cumplen 70 a\u00f1os de su publicaci\u00f3n \u2014la primera edici\u00f3n fue impresa por Olympia Press en Par\u00eds, el 15 de septiembre de 1955\u2014, la novela de Nabokov contin\u00faa generando m\u00faltiples relecturas en la literatura actual. Incensurable se suma a las reinterpretaciones propuestas por&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/babelia\/2024-09-21\/neige-sinno-la-escritora-que-salio-del-infierno-del-incesto-agita-el-debate-sobre-las-agresiones-en-francia.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Neige Sinno<\/a>&nbsp;(<em>Triste tigre<\/em>),&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/babelia\/2025-09-06\/vanessa-springora-escritora-todos-llevamos-un-pequeno-fascista-dentro.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Vanessa Springora<\/a>&nbsp;(<em>El consentimiento<\/em>), Rebecca Solnit (en uno de los art\u00edculos de&nbsp;<em>Los hombres me explican cosas<\/em>), Emma Cline (<em>Papi<\/em>), Leticia Mart\u00edn (<em>Vladimir<\/em>) o Claire Dederer (en el ensayo&nbsp;<em>Monstruos<\/em>). En este nuevo contexto cultural, Dolores Haze ha sido rele\u00edda y resignificada: ya no es la n\u00ednfula erotizada y tentadora en la que durante d\u00e9cadas insisti\u00f3 la cultura popular, sino la v\u00edctima a la que Nabokov siempre quiso retratar, convertida ahora en un s\u00edmbolo de las tensiones contempor\u00e1neas entre deseo y violencia.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/QO2CCTLSOVDILAL3ZWLJHR3EQQ.jpg?auth=b42c835be7ba2053622190f74a7a6ccb17a5e62f37081b5471205a1f58e238b4&amp;width=414\" alt=\"\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">La escritora francesa Neige Sinno, autora de &#8216;Triste tigre&#8217;, en una imagen de 2023.THOMAS SAMSON (AFP \/ Getty Images)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>En los libros firmados por v\u00edctimas de abuso, como los de Sinno o Springora, Dolores Haze funciona como un punto de referencia. All\u00ed donde faltaban testimonios literarios sobre la violencia sexual, la novela de Nabokov se convirti\u00f3 en un lugar donde reconocerse. En&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2023-09-26\/cuando-la-literatura-y-el-documental-alertan-sobre-los-abusos-sexuales-incestuosos.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Triste tigre<\/em><\/a>, cr\u00f3nica descorazonadora de los abusos infligidos por su padrastro, Sinno entrelaza su propia historia con una lectura cr\u00edtica de&nbsp;<em>Lolita<\/em>, cuya protagonista era, como ella, una ni\u00f1a&nbsp;<em>white trash<\/em>, seg\u00fan se autodefine en el libro. \u201cAhora damos a&nbsp;<em>Lolita<\/em>&nbsp;una lectura que es necesaria para nuestros tiempos\u201d, afirma la autora. En&nbsp;<em>El consentimiento<\/em>, Springora la comenta as\u00ed, a la luz de su abuso por un escritor mucho mayor: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 una adolescente de 14 a\u00f1os no podr\u00eda amar a un hombre 30 a\u00f1os mayor que ella? Cien veces hab\u00eda dado vueltas a esta pregunta. Sin darme cuenta de que estaba mal planteada. Lo que hab\u00eda que cuestionar no era mi atracci\u00f3n, sino la suya\u201d. Luna Miguel enmarca el debate en t\u00e9rminos de canon literario. \u201cUn cl\u00e1sico es el que se reescribe constantemente, como&nbsp;<em>El Quijote<\/em>&nbsp;o&nbsp;<em>La Odisea<\/em>. Y&nbsp;<em>Lolita<\/em>, en la era del&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/movimiento-metoo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">MeToo<\/a>, de la nueva ola feminista y del regreso del fascismo, nos sirve para contar nuestras historias como v\u00edctimas de abusos y evitar que vuelvan a ser barridas bajo la alfombra. Lo curioso es que el propio autor negara la palabra a Lolita\u201d, dice. En otras palabras, que Nabokov silenciara el punto de vista de su protagonista y escribiera su libro desde la perspectiva del abusador ha provocado que autoras posteriores intervengan en ese vac\u00edo narrativo.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\">\u201cMe da miedo perder la posibilidad de disfrutar de aquello que nos repugna, que nos incomoda o que nos contradice\u201d, afirma Luna Miguel<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>El propio Nabokov pudo ser m\u00e1s v\u00edctima que verdugo. En&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2018\/09\/06\/actualidad\/1536252283_246150.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>La aut\u00e9ntica Lolita<\/em><\/a>&nbsp;(Kailas), un ensayo de 2019 en el que Sarah Weinman rastrea las fuentes reales de la novela en el caso de la ni\u00f1a Sally Horner, la autora apunta a una posible explicaci\u00f3n biogr\u00e1fica: un episodio traum\u00e1tico de la infancia del escritor, cuando su t\u00edo Ruka lo oblig\u00f3 a sentarse sobre sus rodillas a los nueve a\u00f1os y lo someti\u00f3 a tocamientos. Seg\u00fan algunos especialistas, esa experiencia habr\u00eda inspirado el c\u00e9lebre pasaje en el que Humbert Humbert, el profesor universitario que narra la historia, alcanza el orgasmo con la ni\u00f1a sentada en su regazo. Lolita no fue la primera obra en la que Nabokov abord\u00f3 este territorio.&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/martin-amis\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Martin Amis<\/a>&nbsp;observ\u00f3 que \u201cde sus 19 ficciones, por lo menos seis se refieren a la sexualidad de ni\u00f1as prep\u00faberes\u201d, recurrencia que describi\u00f3 como \u201cuna infestaci\u00f3n de ninfas\u201d en su obra. En&nbsp;<em>Un cuento de hadas<\/em>, publicado en 1926, aparece ya una adolescente de 14 a\u00f1os cuyo escote despierta \u201cun veloz deseo secreto\u201d en un narrador adulto. En&nbsp;<em>Risa en la oscuridad<\/em>, el cr\u00edtico de arte Albert Albinus, precursor directo de Humbert, abandona a su esposa y a su hija para fugarse con Margot, que en la primera edici\u00f3n ten\u00eda 18 a\u00f1os, pero en la segunda solo 16. Y en&nbsp;<em>El hechicero<\/em>, su \u00faltima ficci\u00f3n escrita en ruso, ya aparec\u00eda la figura de un se\u00f1or mayor obsesionado con ni\u00f1as menores.<\/p>\n\n\n\n<p>El cambio de percepci\u00f3n sobre&nbsp;<em>Lolita<\/em>&nbsp;ha supuesto, en parte, un regreso a la intenci\u00f3n original de Nabokov, autor de una novela donde el fulgor del lenguaje enmascara la agresi\u00f3n, como ocurre con otras formas de belleza capaces de ocultar o de disimular la violencia. La nueva recepci\u00f3n del libro muestra hasta qu\u00e9 punto el abuso y el consentimiento se han convertido en cuestiones centrales del debate cultural. Y ha permitido poner en tela de juicio a su protagonista, profesor culto y sofisticado cuya erudici\u00f3n y aparente encanto le permitieron pasar por un personaje fascinante, protegido por la brillantez de su arte. Hoy, en cambio, esa aura se ha transformado en rechazo, como ocurri\u00f3 con figuras como&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/harvey-weinstein\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Harvey Weinstein<\/a>, Gabriel Matzneff o Roman Polanski.<\/p>\n\n\n\n<p>En paralelo, se extiende una lectura en clave de juicio moral, a menudo m\u00e1s binaria, que elimina las ambig\u00fcedades propias de la literatura. Ese es el dilema que plantea el curso magistral de la profesora que protagoniza&nbsp;<em>Incensurable<\/em>. \u201cS\u00ed, me gusta esa lectura. Siempre recuerdo una frase de&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/cristina-garcia-morales\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Cristina Morales<\/a>: se nos prohibi\u00f3 durante siglos la lectura a las mujeres, \u00bfc\u00f3mo vamos a prohibir nosotras la lectura del macho?\u201d, responde Luna Miguel. \u201cPodemos disfrutar a Philip Roth o criticarlo duramente, pero lo que no deber\u00edamos dejar de hacer es leerlo. Lo que me da miedo es perder la posibilidad de disfrutar de aquello que nos repugna, que nos incomoda o que nos contradice\u201d.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/M6JCRDQGPFCATNAJLU3GSIAEBE.jpg?auth=6fd5f6db0171a9ad926b0c4d77dd191481cd242eb9c218adbeda53d933458702&amp;width=414\" alt=\"\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">La adaptaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica de &#8216;Leer Lolita en Teher\u00e1n&#8217;, de Azar Nafisi, lleg\u00f3 a los cines en julio.Ent-movie \/ Alamy \/ CORDON PRESS<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>El pr\u00f3logo escrito por&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/diario\/2007\/09\/15\/babelia\/1189813155_850215.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Claire Messud<\/a>&nbsp;para la reedici\u00f3n que coincide con este 70\u00ba aniversario busca desterrar la etiqueta de libro \u201cproblem\u00e1tico\u201d aplicada a&nbsp;<em>Lolita<\/em>. \u201cEs una palabra que se utiliza como en la \u00e9poca victoriana se cubr\u00edan con telas las estatuas desnudas: un modo de indicar lo impropio y, al mismo tiempo, de evitar hablar de ello\u201d, escribe Messud. Mientras, en la reciente adaptaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica de&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/cine\/2025-07-24\/leer-lolita-en-teheran-que-riesgo-ser-mujeres-insumisas-en-iran.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Leer Lolita en Teher\u00e1n<\/em><\/a>, basada en el libro de Azar Nafisi, la novela aparece como s\u00edmbolo de resistencia clandestina: profesores y estudiantes la comentan en secreto, desafiando la censura y la represi\u00f3n intelectual de la Rep\u00fablica Isl\u00e1mica en Ir\u00e1n. Distinto es su uso en&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=Rc0jgWoZo9w\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Sorry, Baby<\/em><\/a>, la \u00f3pera prima de Eva Victor, presentada en Cannes y de pr\u00f3ximo estreno en Espa\u00f1a, que puede entenderse como una transposici\u00f3n del libro de Nabokov. Su protagonista, joven doctoranda violada por su director de tesis, propone a sus alumnos que lean&nbsp;<em>Lolita<\/em>. Uno de ellos la rechaza de inmediato como un libro \u201casqueroso\u201d, como si la ofensa estuviera en la lectura de ese escandaloso volumen y no en la violencia padecida por su profesora, que la universidad decide ignorar en un clima de silencio c\u00f3mplice. Molesta m\u00e1s la representaci\u00f3n literaria de la agresi\u00f3n que la agresi\u00f3n misma. Y, por desgracia, no sucede solo en esa ficci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Setenta a\u00f1os despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n,&nbsp;<em>Lolita<\/em>&nbsp;sigue colmando titulares: desde la reciente pol\u00e9mica en torno a&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/p\/C_i40FlS9QR\/?img_index=4\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">una sesi\u00f3n fotogr\u00e1fica de la cantante Sabrina Carpenter<\/a>&nbsp;\u2014acusada de recuperar la iconograf\u00eda de la adaptaci\u00f3n de Adrian Lyne, que a finales de los noventa consolid\u00f3 una lectura m\u00e1s sexualizada del personaje\u2014 hasta&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.tf1info.fr\/culture\/videos\/video-on-s-est-replonge-20-ans-en-arriere-alizee-de-retour-sur-scene-a-l-olympia-28352-2393264.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">el regreso de Aliz\u00e9e<\/a>&nbsp;al escenario de L\u2019Olympia, en Par\u00eds, para celebrar los 25 a\u00f1os de su \u00e9xito global&nbsp;<em>Moi\u2026 Lolita<\/em>. Sin olvidar el siniestro recuerdo del Lolita Express, el avi\u00f3n privado de&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/jeffrey-edward-epstein\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Jeffrey Epstein<\/a>&nbsp;en el que transportaba a menores, resucitado por las revelaciones sobre su caso. En todos esos planos, el nombre de Dolores Haze sigue ardiendo como un fuego en nuestras entra\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/CYA6PELDVVEQJO2QOAUAJCLY4Y.jpg?auth=5c5d30d5a60e47dbd7df8ae8d01d7590c4045b5d91f2e95237ba73fef549d96b&amp;width=414\" alt=\"\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Eva Victor dirige y protagoniza &#8216;Sorry, Baby&#8217;, debut presentado en Cannes donde una v\u00edctima de violaci\u00f3n ense\u00f1a &#8216;Lolita&#8217; a sus alumnos.Ent-movie \/ Alamy \/ CORDON PRESS<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Lolita se ha ganado su lugar junto a&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/fausto\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Fausto<\/a>,&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2015\/08\/19\/actualidad\/1440004995_466538.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Emma Bovary<\/a>&nbsp;o&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2016\/12\/12\/babelia\/1481552681_100697.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Gregor Samsa<\/a>, otros personajes literarios que desbordaron la ficci\u00f3n para convertirse en emblemas de un momento hist\u00f3rico. La escritora argentina Leticia Mart\u00edn lo confirm\u00f3 en&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2023-06-01\/la-argentina-leticia-martin-gana-el-i-premio-lumen-de-novela-con-vladimir-una-lolita-al-reves.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Vladimir<\/em><\/a>, novela con la que gan\u00f3 el premio Lumen de Novela en 2023, otra transposici\u00f3n de la historia original con inversi\u00f3n de g\u00e9neros. \u201cUna&nbsp;<em>Lolita<\/em>&nbsp;al rev\u00e9s\u201d, la define su autora. La trama sigue a Guinea, una profesora que pierde su puesto en una universidad estadounidense tras hacerse p\u00fablica su relaci\u00f3n con un alumno menor. \u201cS\u00ed,&nbsp;<em>Lolita<\/em>&nbsp;es un signo de los tiempos\u201d, sostiene Mart\u00edn. \u201cNabokov logr\u00f3 confundirnos a todos: hacernos creer que un abusador pod\u00eda tener sus razones y que una ni\u00f1a pod\u00eda provocar. Esa ambig\u00fcedad sobre la seducci\u00f3n y sus l\u00edmites es lo que mantiene vivo el mito. Las normas existen para ordenar la vida, pero&nbsp;<em>Lolita<\/em>&nbsp;demuestra que esos l\u00edmites nunca son absolutos: son fr\u00e1giles y discutibles. Ah\u00ed radica su vigencia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El fil\u00f3sofo&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/autor\/pau-luque-sanchez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Pau Luque<\/a>, que dedic\u00f3 un extenso an\u00e1lisis a la novela de Nabokov en&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2020\/10\/08\/babelia\/1602168922_031303.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Las cosas como son y otras fantas\u00edas<\/em><\/a>(Anagrama), la sit\u00faa en otra perspectiva. \u201cM\u00e1s que un periodo determinado, encarna una fantas\u00eda m\u00e1s o menos moderna: la de la adolescente seductora. Y digo \u2018fantas\u00eda\u2019 en el sentido peyorativo. La iron\u00eda es que, tras muchas capas de disimulo por parte de Nabokov,&nbsp;<em>Lolita<\/em>&nbsp;era, si acaso, una condena de esa fantas\u00eda, pero en ning\u00fan caso su celebraci\u00f3n\u201d. Como Miguel, Luque detecta dos fuerzas enfrentadas que bloquean el v\u00ednculo entre \u00e9tica y literatura: quienes consideran que cualquier debate cr\u00edtico es el preludio de la censura y quienes reducen su interpretaci\u00f3n a un eslogan moral. \u201cUnos y otros reman en la misma direcci\u00f3n: dificultan la posibilidad de pensar \u00e9ticamente a trav\u00e9s de la literatura\u201d, advierte. \u201cMientras sigan dominando la conversaci\u00f3n p\u00fablica,&nbsp;<em>Lolita<\/em>&nbsp;seguir\u00e1 atrapada en equ\u00edvocos\u201d. Como un espejo roto, el libro devuelve reflejos m\u00faltiples a quien se atreva a observarse en \u00e9l. Y en esa confusi\u00f3n sigue estando su fuerza y su condena.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/elpais.com\/babelia\/2025-10-04\/lolita-fuego-de-nuestras-entranas-un-personaje-atrapado-entre-deseo-violencia-y-censura.html\">https:\/\/elpais.com\/babelia\/2025-10-04\/lolita-fuego-de-nuestras-entranas-un-personaje-atrapado-entre-deseo-violencia-y-censura.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Setenta a\u00f1os despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n, el cl\u00e1sico de Nabokov sigue generando controversia y relecturas cr\u00edticas. 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