{"id":102150,"date":"2025-07-03T07:17:14","date_gmt":"2025-07-03T13:17:14","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=102150"},"modified":"2025-07-03T07:17:15","modified_gmt":"2025-07-03T13:17:15","slug":"opinion-el-conocimiento-de-si","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/opinion-el-conocimiento-de-si\/","title":{"rendered":"Opini\u00f3n | El conocimiento de s\u00ed"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image alignright size-full is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"500\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Fidencio-Aguilar.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-71831\" style=\"width:168px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Fidencio-Aguilar.jpeg 500w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Fidencio-Aguilar-300x300.jpeg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Fidencio-Aguilar-150x150.jpeg 150w\" sizes=\"(max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2e1a3a2401b90313040be328de3e1528\"><strong><em>Por Dr. Fidencio Aguilar V\u00edquez<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la&nbsp;<strong>tradici\u00f3n filos\u00f3fica<\/strong>&nbsp;es c\u00e9lebre la sentencia&nbsp;<strong>\u201c\u00a1con\u00f3cete a ti mismo!\u201d<\/strong>&nbsp;(gnothi seauton), a la que se une la&nbsp;<strong>inquietud de s\u00ed<\/strong>&nbsp;(epimeleia heauton). Ambos aforismos expresan no s\u00f3lo una necesidad, sino una&nbsp;<strong>experiencia profunda<\/strong>: la de conocerse, conocer lo divino y reconocer su huella en uno mismo. En efecto, algo en nuestra experiencia de&nbsp;<strong>ser humanos<\/strong>&nbsp;nos permite afirmar sin ambages: \u201cEs cierto y preciso que me preocupe por m\u00ed mismo\u201d. No hay error en ello.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esta preocupaci\u00f3n requiere un&nbsp;<strong>conocimiento aut\u00e9ntico<\/strong>&nbsp;de ese&nbsp;<strong>\u201cs\u00ed mismo\u201d<\/strong>&nbsp;del que debemos ocuparnos. Y cuando se toma conciencia de tal inquietud, reaparece con fuerza la exhortaci\u00f3n originaria: \u201c\u00a1con\u00f3cete a ti mismo!\u201d. Si me conozco, no puedo dejar de ocuparme de m\u00ed; y si me ocupo de m\u00ed, inevitablemente me conozco. Ocuparse de uno mismo es tambi\u00e9n conocerse. La cuesti\u00f3n, entonces, es si este&nbsp;<strong>conocimiento<\/strong>&nbsp;es realmente posible y, sobre todo,&nbsp;<strong>en qu\u00e9 consiste<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas premisas, en realidad toda esta reflexi\u00f3n, hallan su ra\u00edz expl\u00edcita en las&nbsp;<strong>tesis plat\u00f3nicas<\/strong>. Cuando el alma se contempla a s\u00ed misma, como en un espejo, advierte en su fondo algo&nbsp;<strong>divino<\/strong>. Lo resume con claridad&nbsp;<strong>Michel Foucault<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cLa identidad de naturaleza es, por as\u00ed decirlo, la superficie de reflexi\u00f3n en la que el individuo puede reconocerse, saber que es. (\u2026) En realidad, el ojo no se ve en el ojo. El ojo se ve en el principio de la visi\u00f3n. (\u2026) el alma s\u00f3lo se ver\u00e1 al dirigir la mirada hacia un elemento que sea de su misma naturaleza (\u2026), es decir, el pensamiento y el saber\u201d<\/em>. [1]<\/p>\n\n\n\n<p>Ese es el elemento divino: pensamiento y saber. Tal vez fue a partir de los&nbsp;<strong>Padres de la Iglesia<\/strong>, en particular con&nbsp;<strong>Eusebio de Cesarea<\/strong>, cuando se introdujo esta idea como centro de la reflexi\u00f3n espiritual. Pensar en uno mismo y saber de s\u00ed es lo propio del alma. [2] Esto se verifica en el hecho de que el&nbsp;<strong>ser humano<\/strong>, as\u00ed como advierte la&nbsp;<strong>existencia del mundo<\/strong>&nbsp;y de las cosas, se da cuenta tambi\u00e9n de su propia existencia. Existe como todo lo dem\u00e1s, pero tiene adem\u00e1s la capacidad de hacer presente su&nbsp;<strong>existencia ante s\u00ed mismo<\/strong>, como si la poseyera dos veces.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, es frecuente, como lo muestra buena parte de la literatura contempor\u00e1nea,&nbsp;<strong>vivir como si no vivi\u00e9ramos<\/strong>, como si estuvi\u00e9semos muertos: es decir, sin conciencia de que vivimos s\u00f3lo por el hecho de existir. Pero no basta existir: para vivir como humanos es necesario&nbsp;<strong>saberse vivos<\/strong>, en primer lugar; y en segundo lugar, saber que&nbsp;<strong>esa vida tiene un sentido<\/strong>, aunque sea el que nosotros mismos le otorguemos. Todos admiten la vida, pero no todos admiten su sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvamos al imperativo: \u201c\u00a1Oc\u00fapate de ti mismo!\u201d. Uno se pregunta si en&nbsp;<strong>una sociedad como la mexicana<\/strong>&nbsp;\u2014azotada por tantas carencias\u2014 se puede emprender una tarea tan noble y ardua. En la Antig\u00fcedad, ocuparse de s\u00ed estaba reservado a una \u00e9lite: aquellos con recursos culturales, econ\u00f3micos y sociales suficientes. La raz\u00f3n era que esta ocupaci\u00f3n buscaba&nbsp;<strong>formar individuos<\/strong>&nbsp;distintos de la masa.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque quienes viv\u00edan en la&nbsp;<strong>masa&nbsp;<\/strong>estaban absorbidos por la necesidad. \u00bfQui\u00e9n pod\u00eda, en tales condiciones, ocuparse de s\u00ed? Pocos: una&nbsp;<strong>\u00e9lite moral<\/strong>, los capaces de sustraerse a la vor\u00e1gine de las ocupaciones cotidianas. No obstante, en alg\u00fan momento de la&nbsp;<strong>Grecia cl\u00e1sica<\/strong>, ocuparse de uno mismo fue tambi\u00e9n una&nbsp;<strong>tarea pol\u00edtica<\/strong>,&nbsp;<strong>pedag\u00f3gica<\/strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>er\u00f3tica<\/strong>. [3]<\/p>\n\n\n\n<p>La dimensi\u00f3n pol\u00edtica resid\u00eda en que, para&nbsp;<strong>gobernar la polis<\/strong>, era imprescindible saberse&nbsp;<strong>gobernar a s\u00ed mismo<\/strong>. Lo mismo val\u00eda para legislar: como las leyes ten\u00edan un fin pedag\u00f3gico, el legislador deb\u00eda conocer esa vena educativa. Y para ello, no hab\u00eda m\u00e1s camino que el&nbsp;<strong>conocimiento de s\u00ed<\/strong>, que implicaba pensar y saber cu\u00e1l es el sentido de la ley:&nbsp;<strong>formar ciudadanos plenos y maduros<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a la cuesti\u00f3n pedag\u00f3gica, se refer\u00eda a la&nbsp;<strong>formaci\u00f3n de los<\/strong>&nbsp;<strong>j\u00f3venes<\/strong>. Estos deb\u00edan preocuparse de s\u00ed porque, en su adultez, asumir\u00edan la&nbsp;<strong>vida c\u00edvica<\/strong>. Pero tambi\u00e9n alcanzaba a los&nbsp;<strong>anciano<\/strong>s: la inquietud de s\u00ed era el camino hacia la madurez y, dentro de ella, hacia una vejez sabia. La&nbsp;<strong>ocupaci\u00f3n del anciano<\/strong>&nbsp;no era otra que generar y administrar sabidur\u00eda. Sin intereses personales que lo distrajeran, el viejo pod\u00eda aconsejar.<\/p>\n\n\n\n<p>El aspecto er\u00f3tico no era menor. El amor de los j\u00f3venes o por los j\u00f3venes ten\u00eda que ver tambi\u00e9n con el conocimiento y la ocupaci\u00f3n de s\u00ed. El platonismo, el helenismo y la cultura romana propusieron una verdadera&nbsp;<strong>educaci\u00f3n del amor<\/strong>. Figuras como&nbsp;<strong>Persio<\/strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Cornuto<\/strong>,&nbsp;<strong>Front\u00f3n<\/strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Marco Aurelio<\/strong>&nbsp;atestiguan esa preocupaci\u00f3n. [4] Hablamos de hace veinticinco siglos, pero esos&nbsp;<strong>ideales siguen<\/strong>, de alguna manera, presentes. Son parte de nuestra cultura.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, tambi\u00e9n podemos darles la espalda y desentendernos de lo valioso del pasado. En nuestros d\u00edas, el&nbsp;<strong>mundo se convulsiona<\/strong>; la guerra acecha y se abate sobre los inocentes. Se pretende imponer la paz por medio de las armas, sobre todo por parte de los poderosos.&nbsp;<strong>Am\u00e9rica Latina<\/strong>&nbsp;no escapa.&nbsp;<strong>M\u00e9xico&nbsp;<\/strong>menos. Basta mirar a la clase pol\u00edtica gobernante: est\u00e1 en las ant\u00edpodas de toda ocupaci\u00f3n de s\u00ed; ha fragmentado a la sociedad y ha abandonado su responsabilidad por la paz, la justicia y el bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Como sociedad, a pesar de esa fragmentaci\u00f3n, deber\u00edamos&nbsp;<strong>pensar<\/strong>,&nbsp;<strong>imaginar&nbsp;<\/strong>y&nbsp;<strong>sentir de modo distinto<\/strong>&nbsp;al de esa clase que ha abdicado de sus responsabilidades. Una forma de hacerlo es recuperar la&nbsp;<strong>antigua sentencia<\/strong>: \u201c\u00a1Con\u00f3cete a ti mismo!\u201d. Esto implica una tarea inaplazable: ocuparnos de nosotros mismos. Preguntarnos qui\u00e9nes somos y para qu\u00e9 estamos. Qu\u00e9 es la ciudad y qu\u00e9 el Estado. Qu\u00e9 significa&nbsp;<strong>ser ciudadano<\/strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>qu\u00e9 sentido tiene serlo<\/strong>. Las respuestas \u2014aunque parciales\u2014 podr\u00edan darnos el impulso para volver a pensar, imaginar y construir el&nbsp;<strong>pa\u00eds que anhelamos<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><strong>+ OPINI\u00d3N : Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Dr. Fidencio Aguilar V\u00edquez En la&nbsp;tradici\u00f3n filos\u00f3fica&nbsp;es c\u00e9lebre la sentencia&nbsp;\u201c\u00a1con\u00f3cete a ti mismo!\u201d&nbsp;(gnothi seauton), a la que se une 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