{"id":101201,"date":"2025-06-14T09:40:04","date_gmt":"2025-06-14T15:40:04","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=101201"},"modified":"2025-06-14T09:53:41","modified_gmt":"2025-06-14T15:53:41","slug":"por-que-ondeamos-la-bandera-mexicana-en-las-protestas-de-los-angeles-wp","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/por-que-ondeamos-la-bandera-mexicana-en-las-protestas-de-los-angeles-wp\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 ondeamos la bandera mexicana en las protestas de Los \u00c1ngeles? | WP"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\">Lo que inquieta a la gente no es la bandera en s\u00ed, sino lo que revela sobre ser estadounidense.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/imrs-2-1024x683.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-101202\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/imrs-2-1024x683.jpeg 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/imrs-2-300x200.jpeg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/imrs-2-768x512.jpeg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/imrs-2.jpeg 1440w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Una ni\u00f1a ondea una bandera estadounidense y mexicana durante una protesta el jueves en Los \u00c1ngeles. (Wally Skalij\/AP) <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-766df02fb1f85661752a9fcce2e8fc72\"><strong>Por\u00a0Enrique Acevedo \/ The Washington Post<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Enrique Acevedo es presentador del noticiero \u201cEn Punto\u201d de Televisa.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Estuve presente mientras los manifestantes inundaban las calles del centro de Los \u00c1ngeles, con sus c\u00e1nticos elev\u00e1ndose por encima de las sirenas y el zumbido de los helic\u00f3pteros que volaban a baja altura. El aire estaba cargado de humo, y el penetrante y acre olor de los productos qu\u00edmicos quemaba la garganta y hac\u00eda lagrimear. Fuertes explosiones resonaban en los edificios de hormig\u00f3n, seguidas del ruido sordo de las balas de goma impactando en el pavimento y los cuerpos. Un muro de polic\u00edas angelinos permanec\u00eda inm\u00f3vil al borde de la multitud. Y por encima de todo, en medio del caos y la confrontaci\u00f3n, hab\u00eda un mar de pu\u00f1os en alto y banderas mexicanas. No metidas en un bolsillo ni pintadas en una mejilla, sino desplegadas y ondeando en lo alto, como desafiando a la ciudad, al pa\u00eds, a verlas.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Sabemos lo que vino despu\u00e9s. La indignaci\u00f3n. La reacci\u00f3n. No incomodidad, sino ira. Ira aut\u00e9ntica, visceral. Para muchos, ver ondear la bandera mexicana durante una protesta contra el Servicio de Inmigraci\u00f3n y Control de Aduanas (ICE) no solo sorprende; se siente como una afrenta. Se preguntan: si exigen derechos en este pa\u00eds, \u00bfpor qu\u00e9 ondear la bandera de otro? Pero esa bandera, en ese momento, no se trata de rechazar a Estados Unidos. Se trata de negarse a ser borrada. Est\u00e1 cargada de historia, memoria y desaf\u00edo. Pone en tela de juicio qui\u00e9nes somos como pa\u00eds y, m\u00e1s importante a\u00fan, a qui\u00e9nes estamos dispuestos a incluir. Obliga a reconocer una identidad nacional mucho m\u00e1s compleja de lo que muchos est\u00e1n dispuestos a admitir.<\/p>\n\n\n\n<p>En un momento en que la inmigraci\u00f3n ya no es solo un tema de debate, sino una herramienta para avivar el miedo, consolidar el poder y deshumanizar a una parte esencial de nuestra sociedad, y cuando el coste pol\u00edtico de la empat\u00eda se ha vuelto prohibitivamente alto, momentos como este no solo generan controversia; se convierten en crisoles. Nos obligan a afrontar preguntas sin respuestas f\u00e1ciles: \u00bfQui\u00e9n pertenece realmente a este pa\u00eds? \u00bfY a qu\u00e9 precio? \u00bfPuede la identidad estadounidense contener esta complejidad, o la pertenencia sigue anclada en el silencio, la asimilaci\u00f3n y la supresi\u00f3n silenciosa de todo lo que no se conforma?<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u00c1ngeles es el lugar perfecto para plantear estas preguntas, porque la identidad mexicana no es ajena all\u00ed. Es fundamental. Esto fue M\u00e9xico una vez y sigue siendo parte de la memoria, la cultura, los nombres de las calles, la comida y las familias que nunca cruzaron una frontera porque la frontera los cruz\u00f3 a ellos. En ese contexto, la bandera mexicana no es necesariamente un s\u00edmbolo de separaci\u00f3n o rechazo. A veces, es una afirmaci\u00f3n: Somos ambos. Somos mexicanos y estadounidenses, no divididos, sino con m\u00faltiples capas. As\u00ed es nuestra identidad.M\u00e1s de OpinionesPr\u00f3ximo<a href=\"https:\/\/www.washingtonpost.com\/opinions\/2025\/06\/12\/fathers-day-drugs-alcohol-recovery\/\"><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Como alguien moldeado por ambos pa\u00edses, he vivido la mayor parte de mi vida en esa tensi\u00f3n. Y aun as\u00ed, ese espacio entre dos naciones, dos mundos asim\u00e9tricos, cada uno de los cuales me marc\u00f3 de maneras que no siempre coincid\u00edan, nunca se sinti\u00f3 como un vac\u00edo. Al contrario, me conect\u00f3 con millones de personas con la misma identidad multifac\u00e9tica. M\u00e1s de 37 millones de personas de origen mexicano viven en Estados Unidos y m\u00e1s de 11 millones tan solo en California. Para muchos de nosotros, ser ambos y ninguno no es una contradicci\u00f3n. Es una verdad y un reflejo de pertenencia en un pa\u00eds que a\u00fan aprende a aceptar m\u00e1s de una historia a la vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el pluralismo estadounidense nunca ha sido tan generoso como pretendemos. A menudo tolera la presencia, pero castiga la visibilidad. Los mexicano-estadounidenses son considerados esenciales cuando el pa\u00eds necesita mano de obra \u2014en el campo, en los hospitales durante la pandemia de COVID-19, en nuestros hogares, en nuestras escuelas y en las fuerzas armadas\u2014, pero desconfiados cuando exigen dignidad, voz pol\u00edtica o la libertad de mostrar orgullo por sus or\u00edgenes. El mensaje siempre ha sido: Contribuye, pero no compliques.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa contradicci\u00f3n es profunda. La hemos visto antes, durante el Programa Bracero, cuando se invit\u00f3 a trabajadores mexicanos a cubrir la escasez de mano de obra, incluso mientras los ciudadanos mexicoamericanos eran atacados en los\u00a0<a href=\"https:\/\/www.britannica.com\/event\/Zoot-Suit-Riots\">disturbios de Zoot Suit<\/a>\u00a0de 1943. Lo vimos de nuevo con\u00a0<a href=\"https:\/\/www.britannica.com\/topic\/Operation-Wetback\">la Operaci\u00f3n Espalda Mojada<\/a>\u00a0en la d\u00e9cada de 1950, cuando m\u00e1s de un mill\u00f3n de personas, incluidos ciudadanos estadounidenses, fueron deportadas despu\u00e9s de que ya no se las consideraba \u00ab\u00fatiles\u00bb. Y lo vemos hoy en c\u00f3mo elogiamos la resiliencia latina y los valores familiares de una sola vez, c\u00f3mo celebramos a los trabajadores esenciales, y luego separamos a esas mismas familias y expulsamos a esos trabajadores con la siguiente orden de deportaci\u00f3n. Con demasiada frecuencia, los latinos se convierten en representantes de un ajuste de cuentas mucho m\u00e1s amplio e inc\u00f3modo sobre la raza, la identidad y el poder pol\u00edtico en Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que, cuando alguien ondea la bandera mexicana en las calles de Los \u00c1ngeles, toca la fibra sensible. Pero quiz\u00e1 lo que inquieta a la gente no es la bandera en s\u00ed, sino lo que revela. Nos confronta con una complejidad que a\u00fan nos cuesta aceptar: que ser estadounidense no implica ser menos que nada. Que el orgullo por tus ra\u00edces no cancela tu derecho a pertenecer a este pa\u00eds. Que amar d\u00f3nde est\u00e1s no significa olvidar de d\u00f3nde vienes.<\/p>\n\n\n\n<p>Al fin y al cabo, nadie se opone a que ondee la bandera irlandesa el D\u00eda de San Patricio ni a que desfilen muchas otras banderas por las calles de la ciudad cada verano. Esos momentos se consideran seguros, se consideran la forma correcta de orgullo \u00e9tnico. Pero cuando ese mismo orgullo surge en protesta, cuando conlleva dolor, frustraci\u00f3n y exige reconocimiento, de repente se siente indisciplinado y fuera de lugar, como si la visibilidad solo fuera aceptable cuando no cuestiona la narrativa dominante. Debemos superar la falsa disyuntiva entre asimilaci\u00f3n y exclusi\u00f3n y preguntarnos si nuestra visi\u00f3n del pluralismo es lo suficientemente generosa como para incluir a las personas tal como son, no solo como esperamos que sean.<\/p>\n\n\n\n<p>Si ver la bandera mexicana nos hace reflexionar, quiz\u00e1 esa reflexi\u00f3n est\u00e9 cumpliendo su funci\u00f3n. Lo cierto es que la presencia de esa bandera en este pa\u00eds, en esta ciudad y en estas protestas no solo es v\u00e1lida, sino tambi\u00e9n importante. Refleja una historia a menudo ignorada, una comunidad a menudo ignorada. Nos recuerda que la pertenencia no se otorga con el silencio ni la sumisi\u00f3n, sino que se reclama con la presencia, la memoria y la voz.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez nos est\u00e9 pidiendo que reduzcamos la velocidad y consideremos una pregunta m\u00e1s profunda: \u00bfsomos un pa\u00eds inquieto por la complejidad o uno lo suficientemente confiado como para soportarla?<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.washingtonpost.com\/opinions\/2025\/06\/14\/mexican-flag-california-protest\/\">https:\/\/www.washingtonpost.com\/opinions\/2025\/06\/14\/mexican-flag-california-protest\/<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo que inquieta a la gente no es la bandera en s\u00ed, sino lo que revela sobre ser estadounidense. 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