{"id":100410,"date":"2025-05-31T08:30:07","date_gmt":"2025-05-31T14:30:07","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=100410"},"modified":"2025-05-31T08:30:09","modified_gmt":"2025-05-31T14:30:09","slug":"el-guardian-de-los-secretos-de-antonio-gala-que-lucha-por-su-memoria-me-morire-siendo-su-secretario-cronica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/el-guardian-de-los-secretos-de-antonio-gala-que-lucha-por-su-memoria-me-morire-siendo-su-secretario-cronica\/","title":{"rendered":"El guardi\u00e1n de los secretos de Antonio Gala que lucha por su memoria: \u00abMe morir\u00e9 siendo su secretario\u00bb | Cr\u00f3nica"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-pale-cyan-blue-background-color has-background has-medium-font-size\">Fue su sombra. Mucho m\u00e1s que su secretario personal. Su confidente. Su bast\u00f3n en los momentos m\u00e1s negros. Luis C\u00e1rdenas estuvo al lado de Gala durante tres d\u00e9cadas, siempre en un discret\u00edsimo segundo plano. Cuando se cumplen dos a\u00f1os de la muerte del genial escritor y poeta, rompe su silencio para dar la voz de alarma: \u00abYa no se habla de \u00e9l\u00bb<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e00-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2025\/05\/21\/17478411842101.jpg\" alt=\"Luis C\u00e1rdenas, el secretario (y mucho m\u00e1s)de Antonio Gala, junto a las tumbas de los perros del escritos en la finca La Baltasara.\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Luis C\u00e1rdenas, el secretario (y mucho m\u00e1s) de Antonio Gala, junto a las tumbas de los perros del escritos en la finca La Baltasara. MART\u00cdN MESA<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/autor\/chema-rodriguez.html\"><\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-03330e94d50e97784f20b6dd88274943\"><strong><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/autor\/chema-rodriguez.html\">Chema Rodr\u00edguez<\/a> \/ Cr\u00f3nica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\"><em>\u00abYo misma hab\u00eda llegado a convencerme de que mi matrimonio no era perfecto\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Antonio (Gala) est\u00e1 de pie, andando y desandando sus propios pasos, mientras dicta, dispara, palabras. Tal es la velocidad a la que salen de sus labios tras leerlas en la&nbsp;<strong>peque\u00f1a libreta<\/strong>, con letra como de hormiga escrita con Pilot 0,5. En un rinc\u00f3n, Luis (C\u00e1rdenas) trata de seguir el dictado con un ordenador que desborda la peque\u00f1a mesa. Se esfuerza por no perder el hilo y por contener los nervios que se le anudan al est\u00f3mago.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace calor, es una tarde de septiembre de 1992 y la voz del escritor es lo \u00fanico que se escucha en el silencio de La Baltasara, el vergel de Alhaur\u00edn el Grande en el que Gala tiene su&nbsp;<strong>refugio<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>La escena, los nervios, Gala paseando por su estudio y aquellas trece palabras con las que comienza&nbsp;<em>La pasi\u00f3n turca<\/em>&nbsp;son como un tatuaje en la memoria de quien fue algo m\u00e1s que el secretario del escritor cordob\u00e9s (naci\u00f3, por accidente en Brazatortas, provincia de Ciudad Real, pero C\u00f3rdoba fue su patria sentimental). M\u00e1s de&nbsp;<strong>tres d\u00e9cadas<\/strong>&nbsp;han pasado de aquel dictado con el que Luis C\u00e1rdenas se estrenaba como escriba de Gala, y en la planta superior de La Baltasara parece que el tiempo se ha detenido en aquella tarde, en aquel instante.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi se puede o\u00edr la voz de Gala, que se levanta de su mesa y da vueltas por el estudio, donde la luz entra a raudales iluminando los&nbsp;<strong>bol\u00edgrafos de colores<\/strong>&nbsp;con los que escrib\u00eda y correg\u00eda sus textos, el sof\u00e1 en el que descansaba o las obras de arte que cuelgan de sus paredes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\"><em>\u00abDe la primera noche que pas\u00e9 aqu\u00ed guardo un recuerdo que hoy me hace sonre\u00edr\u00bb, dicta acompasando su voz al ritmo de sus pasos..<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Aparte de la ausencia de Gala (sin embargo, tan presente), los postes y las cuerdas que rodean los muebles recuerdan que aqu\u00ed ya no vive el genio, que la finca que compr\u00f3 en 1987&nbsp;<strong>para escapar de Madrid<\/strong>, primero por temporadas y, luego, por a\u00f1os, es ahora un museo en el que se preserva su legado y se atesoran sus recuerdos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los secretos de Gala, sin embargo, no est\u00e1n entre los&nbsp;<strong>muros encalados<\/strong>. Los guarda, con celo, C\u00e1rdenas. \u00abMe morir\u00e9 siendo su secretario\u00bb, sentencia mientras recorre la que fue su casa durante tantos a\u00f1os. \u00abSecretario, de secretos, los que guardo\u00bb, a\u00f1ade.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, adem\u00e1s de&nbsp;<strong>secretos<\/strong>, durante m\u00e1s de treinta a\u00f1os ha guardado silencio. No conced\u00eda entrevistas, ni hablaba con la prensa. \u00abLo que yo pod\u00eda decir, lo contaba mejor \u00e9l\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se cumplen dos a\u00f1os de la muerte del genio, su secretario personal (y mucho m\u00e1s) rompe, ahora s\u00ed, su&nbsp;<strong>voto de silencio<\/strong>&nbsp;porque Gala \u00abya no est\u00e1 detr\u00e1s con el bast\u00f3n\u00bb y porque, as\u00ed, \u00abse sigue hablando de \u00e9l\u00bb. Porque, advierte C\u00e1rdenas, llegar\u00e1 un d\u00eda en el que nadie se acuerde de su \u00abjefe\u00bb. Preservar su legado y su memoria es ahora, dice, su misi\u00f3n. Porque, alerta, su recuerdo \u00abest\u00e1 en peligro\u00bb. \u00abEs l\u00f3gico, ya no se habla de \u00e9l, no sale en la televisi\u00f3n&#8230;\u00bb, dice.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s de<strong>&nbsp;treinta a\u00f1os<\/strong>&nbsp;al lado de Antonio Gala dan para escribir un libro, aunque Luis ni se lo ha planteado. \u00abAprend\u00ed mucho de \u00e9l\u00bb, afirma orgulloso y agradecido quien fue algo m\u00e1s que secretario y mucho m\u00e1s que un compa\u00f1ero. \u00abNo sabr\u00eda definir mi relaci\u00f3n con \u00e9l, que lo haga la gente\u00bb, apunta.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no siempre fue f\u00e1cil. Aquella tarde calurosa de septiembre de 1992 se plante\u00f3 seriamente marcharse,&nbsp;<strong>dejar un trabajo<\/strong>&nbsp;en el que apenas llevaba seis meses y para el que no se sent\u00eda preparado. Lleg\u00f3 a plante\u00e1rselo al propio Gala, pero \u00e9ste despach\u00f3, tajante, sus dudas y ya nunca m\u00e1s volvieron a aparecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue en marzo de ese mismo a\u00f1o, rememora, cuando conoci\u00f3 a quien siempre ha llamado, desde entonces,&nbsp;<strong>\u00abmi jefe\u00bb<\/strong>. Trabajaba por entonces en la librer\u00eda Machado, en Madrid, y le enviaron a la caseta que montaba en la Feria del Libro y a la que Gala fue a firmar aut\u00f3grafos. \u00abYo sab\u00eda qui\u00e9n era, pero \u00e9l no sab\u00eda qui\u00e9n era yo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\"><em>\u00abSolo con conocerlo dio la vuelta a mi vida como a un calcet\u00edn\u00bb. Las palabras siguen llenando el silencio del estudio de Gala&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfPor qu\u00e9 hablas tan alto?\u00bb. \u00c9sas fueron las primeras palabras que le dirigi\u00f3 el que ser\u00eda su \u00abjefe\u00bb durante m\u00e1s de 30 a\u00f1os y al que tute\u00f3 desde el primer minuto. \u00abLe coment\u00e9 que daba&nbsp;<strong>clases de Astronom\u00eda<\/strong>&nbsp;y \u00e9l me pregunt\u00f3 que si le iba a dar clases a \u00e9l\u00bb, cuenta C\u00e1rdenas, que antes de recalar entre las estanter\u00edas de la librer\u00eda Machado impartido lecciones sobre astros y constelaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Al s\u00e1bado siguiente, tras una llamada record\u00e1ndole la oferta, se vieron en&nbsp;<strong>su casa madrile\u00f1a<\/strong>, en la esquina de las calles Macarena y Triana. \u00abEmpezamos a hablar, \u00e9l m\u00e1s que yo y, al lunes siguiente, ya estaba trabajando\u00bb, rememora. Ten\u00eda 32 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>La Baltasara fue su hogar durante a\u00f1os. Primero solo los veranos (y algunas navidades) y, luego, a partir de la marcha de Madrid de Gala, en el&nbsp;<strong>a\u00f1o 2015<\/strong>, su hogar permanente, de lunes a s\u00e1bado (los domingos descansaba).<\/p>\n\n\n\n<p>En el peque\u00f1o comedor de la casa solariega, blanca de cal y rodeada de glicinias, ten\u00eda su sitio frente a la chimenea. De espaldas al fuego, se\u00f1ala como si los a\u00f1os no hubiesen pasado, se sentaba el \u00abjefe\u00bb. En la sala de estar contigua se acomodaban a ver la televisi\u00f3n. Gala en el sof\u00e1, \u00e9l en un sill\u00f3n. \u00abMe part\u00eda de risa,&nbsp;<strong>no callaba nunca<\/strong>\u00bb, explica.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Gala, el \u00abjefe\u00bb:\u00abEra duro trabajar con \u00e9l\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>Los d\u00edas en La Baltasara se repet\u00edan uno tras otro. Si Gala estaba escribiendo alguna de sus novelas \u2014aqu\u00ed las escribi\u00f3 todas menos&nbsp;<em>El manuscrito carmes\u00ed<\/em>\u2014, las tardes eran de trabajo en el estudio de la planta superior. Gala, libreta en mano, dictando a su secretario, y \u00e9ste intentando coger al vuelo cada palabra, caz\u00e1ndolas desde&nbsp;<strong>su min\u00fasculo rinc\u00f3n<\/strong>. Aunque algunas escapaban y C\u00e1rdenas, confiesa, secuestraba a ratos y en secreto la libreta de su jefe y descifraba, con el c\u00f3digo que le iba dando la experiencia, aquella letra de hormiga para rellenar los blancos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTrabajaba muchas horas, incluso los s\u00e1bados despu\u00e9s de comer\u00bb. Hasta que se plant\u00f3, a los cinco a\u00f1os de aquel encuentro en la Feria del Libro de Madrid. \u00abEra&nbsp;<strong>muy duro<\/strong>&nbsp;trabajar con \u00e9l\u00bb, apostilla.<\/p>\n\n\n\n<p>La jornada comenzaba con los ladridos de los perros de Gala. Casi hasta el final de su vida estuvo acompa\u00f1ado de&nbsp;<strong>sus mascotas<\/strong>, que el escritor quiso que reposaran, una vez muertos, en la misma finca donde \u00e9l encontr\u00f3 la serenidad de sus \u00faltimos a\u00f1os. Ol\u00e9, Troylo, Tois\u00f3n, Zagal, Zahora, Zegr\u00ed, Ramp\u00edn y Ariel fueron los otros compa\u00f1eros fieles del escritor y sus tumbas ocupan hoy un lugar de privilegio en La Baltasara, bajo el enorme eucalipto que daba sombra a los paseos de Gala por los 30.000 metros cuadrados de su para\u00edso malague\u00f1o en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada ma\u00f1ana se repet\u00eda el&nbsp;<strong>ritual<\/strong>. Gala era muy de rituales.<\/p>\n\n\n\n<p>Sol\u00eda desayunar en la cama, rodeado de sus v\u00edrgenes y de sus santos, hu\u00e9rfanos desde que se fue a vivir a C\u00f3rdoba, en 2018. Le\u00eda los peri\u00f3dicos, EL MUNDO \u00absiempre\u00bb, y daba su&nbsp;<strong>paseo matinal<\/strong>. Largo o corto, seg\u00fan las ganas y las fuerzas porque cuando Gala se retir\u00f3 a La Baltasara ya no estaba en su mejor momento f\u00edsico.<\/p>\n\n\n\n<p>No siempre fue f\u00e1cil, pero la balanza en la que C\u00e1rdenas pesa su vida junto a Gala se inclina m\u00e1s hacia<strong>&nbsp;lo que aprendi\u00f3&nbsp;<\/strong>y disfrut\u00f3 que hacia lo que sufri\u00f3. Porque tambi\u00e9n sufri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Y Luis pelea por atrapar el hilo que brota del genio: \u00abCuando se ha conocido el cielo y el infierno, este mundo \u2014gir\u00e9 mi mano se\u00f1alando todo el sal\u00f3n\u2014 es una aburrida tonter\u00eda\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Aprendi\u00f3, entre otras cosas, los secretos de las palabras porque Gala era, por encima de todo, destaca,&nbsp;<strong>\u00abun maestro del lenguaje\u00bb<\/strong>&nbsp;que utilizaba \u00abcomo nadie\u00bb. \u00abPod\u00edas estar m\u00e1s o menos de acuerdo con el tema\u00bb, pero \u00abera incre\u00edble c\u00f3mo escrib\u00eda\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e00-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2025\/05\/21\/17478411899218.jpg\" alt=\"El \u00faltimo art\u00edculo que escribi\u00f3 Gala para EL MUNDO, una Tronera in\u00e9dita.\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">El \u00faltimo art\u00edculo que escribi\u00f3 Gala para EL MUNDO, una Tronera in\u00e9dita.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Lo dice quien, de partida, no ten\u00eda v\u00ednculo alguno con la literatura. Luis C\u00e1rdenas, de hecho, es&nbsp;<strong>licenciado en Biolog\u00eda<\/strong>, una carrera que termin\u00f3 en Oviedo, donde su familia, originaria de Ja\u00e9n, se hab\u00eda establecido y acab\u00f3 en Madrid porque all\u00ed hizo el servicio militar. \u00abHice de todo y acab\u00e9 dando clases de Astronom\u00eda aunque, al principio, no ten\u00eda ni idea\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 a darle una clase sobre las constelaciones a Gala usando un telescopio que Terenci Moix le regal\u00f3, pero lo que le interesaba al escritor no estaba en&nbsp;<strong>ninguna galaxia lejana<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>C\u00e1rdenas recuerda, mientras pasa junto al cenador en el que celebraban la noche de San Juan,<strong>&nbsp;los viajes&nbsp;<\/strong>que hicieron juntos (\u00absi \u00e9l iba en primera clase, yo iba en primera\u00bb), las cenas en reservados (\u00abnunca me exigi\u00f3 traje ni corbata\u00bb) y los personajes a los que conoci\u00f3 (\u00abConcha Velasco me cogi\u00f3 mucho cari\u00f1o\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMe morir\u00e9 siendo el secretario de Antonio Gala\u00bb, sentencia quien fue mucho m\u00e1s que eso. \u00abEra su mano derecha y su mano izquierda\u00bb, detalla. Y su cocinero cuando el servicio libraba, su ch\u00f3fer&#8230; Ni siquiera \u00e9l mismo se atreve a definir&nbsp;<strong>su relaci\u00f3n<\/strong>&nbsp;con el escritor. \u00abQue la defina la gente\u00bb, reta.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso s\u00ed, niega, sin que medie pregunta alguna, que su relaci\u00f3n fuera m\u00e1s all\u00e1. \u00abNunca me acost\u00e9 con \u00e9l y me lo siguen diciendo. Deb\u00eda ser que no era su tipo porque nunca me hizo&nbsp;<strong>la m\u00e1s m\u00ednima insinuaci\u00f3n<\/strong>\u00bb, dice a carcajadas.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abY es que las palabras no pueden expresar los sentimientos. Y el del amor, menos a\u00fan: cuando se cuenta, se falsea, y los consejos que se suscitan son falseados tambi\u00e9n\u00bb. Gala sigue poniendo voz a los pensamientos de Desideria mientras cae la tarde en La Baltasara.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Se divirti\u00f3 mucho. Su vida fue apasionante al modo que lo fueron las de muchos de los personajes que salieron de los bol\u00edgrafos Pilot de Gala, que a\u00fan esperan que el maestro los empu\u00f1e. Pero tambi\u00e9n hubo, recuerda,&nbsp;<strong>momentos tristes<\/strong>, dolorosos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los peores, dice sin titubear, aquellos en los que el&nbsp;<strong>c\u00e1ncer de colon<\/strong>&nbsp;casi le apaga a Gala el brillo de su mirada, que tuvo hasta el \u00faltimo d\u00eda. \u00abEstuvo a punto de tirar la toalla\u00bb, desvela quien le sostuvo aquellos d\u00edas de quimioterapia y sufrimiento. \u00abAquello fue un punto de inflexi\u00f3n, se dio cuenta de lo que ten\u00eda a su lado\u00bb, agrega.<\/p>\n\n\n\n<p>C\u00e1rdenas fue testigo de excepci\u00f3n de la brillantez del Gala escritor, del Gala poeta \u2014\u00abel gran desconocido\u00bb\u2014 y de&nbsp;<strong>su decrepitud<\/strong>, de los mordiscos que le fue dando la edad y una salud quebrantada. Eso fue lo que les separ\u00f3, en 2018, cuando dej\u00f3 para siempre La Baltasara y se traslad\u00f3 a la celda rectoral del antiguo Convento del Corpus Christi, en C\u00f3rdoba, su \u00faltima parada en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>La&nbsp;<strong>pandemia<\/strong>&nbsp;lo enclaustr\u00f3 a\u00fan m\u00e1s y \u00abse le sobreprotegi\u00f3\u00bb. \u00abLe quisieron aislar, ten\u00edan miedo de que se contagiase\u00bb y aquello le pas\u00f3 factura. \u00abFue muy duro\u00bb, apunta.<\/p>\n\n\n\n<p>Su fiel secretario, que lo fue hasta el \u00faltimo minuto (y lo ser\u00e1 hasta que muera), le visitaba all\u00ed. Cuando Gala ya no era Gala, evoca emocionado, a\u00fan era capaz de sacarle una sonrisa. Con&nbsp;<strong>una caricia<\/strong>&nbsp;en la mejilla y un piropo.<\/p>\n\n\n\n<p>C\u00e1rdenas vela desde entonces por la memoria de su jefe, por que se siga hablando de Antonio Gala, por que su nombre siga apareciendo en portadas de libros, en librer\u00edas como aquella en la que le encontr\u00f3. No est\u00e1 dispuesto, advierte, a que el nombre de Gala se borre de&nbsp;<strong>la memoria colectiva<\/strong>&nbsp;y, promete, tiene munici\u00f3n para librar la guerra contra el tiempo. Material in\u00e9dito, sobre todo poes\u00eda, que nunca vio la luz y que \u00e9l atesora y cuida con el mimo con el que cuid\u00f3 al genio en vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Parte de ese material acaba de aparecer publicado en&nbsp;<em>La Andaluc\u00eda de Gala<\/em>&nbsp;(editorial Almuzara), pero hay m\u00e1s. Much\u00edsimo m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque aunque el legado que de verdad le importaba a Gala no est\u00e1 en riesgo, la fundaci\u00f3n para j\u00f3venes escritores que cre\u00f3 en C\u00f3rdoba y a la que dej\u00f3 todos sus bienes, su&nbsp;<strong>otra herencia<\/strong>&nbsp;s\u00ed est\u00e1 peligro, la de aquellas palabras que a\u00fan resuenan en La Baltasara pero que van desvaneci\u00e9ndose, desdibuj\u00e1ndose en la memoria colectiva mientras su fiel secretario pelea contra el tiempo y el olvido<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/cronica\/2025\/05\/28\/682df815fc6c83cc558b45b0.html\">https:\/\/www.elmundo.es\/cronica\/2025\/05\/28\/682df815fc6c83cc558b45b0.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fue su sombra. Mucho m\u00e1s que su secretario personal. Su confidente. Su bast\u00f3n en los momentos m\u00e1s negros. 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