Por Jesús Manuel Hernández

Quizá algunos sectores de la población mexicana no le dieron la importancia a la elección del pasado 6 de junio. El abstencionismo tuvo una participación, habitual en el país, tal como lo esperaban los especialistas. Los mexicanos siguen siendo lentos en su aprendizaje de la participación ciudadana.

El primer experimento fue someter a consulta la cancelación del Aeropuerto Internacional de Texcoco, con los resultados esperados por el Presidente para dar al Ejercito Mexicano la construcción del Felipe Ángeles.

Elocuentes son las críticas de café contra los gobiernos de todos los colores, el cotilleo inunda las redes sociales y dan tema para la sobremesa, pero poco se avanza en la conciencia ciudadana y mucho insiste el gobierno de AMLO en despertar a los sectores a participar.

Los actos, si bien son provocativos y recurrentes para poner en el banquillo a los responsables de los grandes problemas del país, hasta ahora no han pasado de “dichos”, falta que pasen a la acción y se conviertan en una forma de influir, dentro de la democracia, en el futuro de México.

El próximo 1 de agosto los mexicanos podremos exponer nuestra opinión sobre sí o no aceptamos que se esclarezcan los hechos del pasado, es decir investigar sobre la responsabilidad de quienes tomaron decisiones que afectaron a los mexicanos para privilegiar a unos cuantos.

La operación, según el INE, costará unos 520 millones de pesos y el propio Presidente, autor de la idea, afirmó hace unos días que él, no irá a las casillas a expresar su opinión, pues considera que es la gente la que debe decidir, en un galimatías de dejar en el pueblo las decisiones y él sólo asumiendo la postura de “obedecer”.

El próximo año los mexicanos volveremos a las urnas en un ejercicio para responder si queremos o no la revocación del mandato de López Obrador. La consulta costará 9 mil millones de pesos del dinero del pueblo bueno y sabio.

En menos de 12 meses los mexicanos estaremos tres veces en las casillas, ante las urnas, por temas un tanto diferentes pero con un común denominador, podrá demostrarse quizá si los ciudadanos tienen interés en verdad en rascarle al pasado y buscar culpables o está dispuesto a perdonar y ver hacia delante.

Lo del mandato es otro asunto, huele más a mantener viva la llama de la popularidad y la provocación a la oposición de ver a un López Obrador en plena campaña pese a todas las disposiciones legales.

Bien o mal, lo que está en juego va más allá de enjuiciar a los expresidentes o quitarle la silla a López Obrador, el tema es que estamos siendo sometidos a un ejercicio de acudir a las urnas y que se nos consulte sobre todos los temas del orden nacional, algo que a muchos les da flojera y a otros les levanta el ánimo, pues a final de cuentas los grandes ganadores de todas estas acciones serán los especialistas en la propaganda política.

O por lo menos, así me lo parece.

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