*Ocho cambios que el planeta necesita para aprender a vivir con el Covid-19

Por Raúl Torres Salmerón

Cada vez son más las personas que piden la vuelta a la normalidad y con la disminución de Ómicron, los gobiernos están empezando a actuar. Reino Unido, por ejemplo, está eliminando sus medidas de salud pública, incluido el autoaislamiento obligatorio de los casos de Covid-19 y las pruebas gratuitas.

Sin embargo, la verdad ineludible es que, a menos que el virus mute a una forma más leve, la vida «normal» a la que estamos regresando será en promedio más corta y más enferma que antes. Se ha sumado una nueva e importante enfermedad a la población.

El Covid-19 a menudo se compara con la gripe, como si agregarle una carga equivalente a una población estuviera bien, pero no lo está. De hecho, el Covid-19 ha sido y es peor.

La tasa de mortalidad por infección de coronavirus, la proporción de personas que mueren una vez que la contraen, fue al inicio de la pandemia unas 10 veces mayor que la gripe. Desde entonces, los tratamientos, las vacunas y las infecciones previas han reducido la tasa de mortalidad, pero aún es casi el doble que la gripe y esto sigue siendo válido para Ómicron.

Además, que el virus sea mucho más transmisible empeora su impacto. También tiene un efecto a largo plazo similar o peor en el corazón, los pulmones y la salud mental que otras enfermedades respiratorias y una tasa más alta de síntomas a largo plazo.

Las vacunas han sido increíblemente efectivas para reducir las enfermedades graves y la muerte, pero no son perfectas. Las nuevas variantes han puesto a prueba las defensas de las vacunas y la protección contra infecciones y disminuyen después de unos meses.

Si bien es poco probable que se pierdan toda la protección contra males graves y mortales, el  regreso a la normalidad que se intenta en países como Reino Unido, Dinamarca y Noruega hará que muchas personas enfrenten infecciones repetidas de Covid-19 en los próximos años. La gran mayoría se las arreglará, pero unos morirán y otros quedarán con problemas de salud duraderos.

Muchas personas con enfermedades leves seguirán necesitando ausentarse del trabajo o estudiar y como hemos visto con Ómicron, los efectos agregados pueden ser muy perjudiciales. En resumen, el mundo anterior a 2020 ya no existe, es posible que se quiera regresar, pero simplemente no existe.

Aquí hay ocho cambios clave que pueden reducir el impacto futuro del Covid-19:

1. Estar al aire libre es muy seguro. El aire de los interiores debe parecerse lo más posible al de fuera. Eso implica una gran inversión en infraestructura para mejorar la ventilación, filtrar y limpiar el aire. No es sencillo, pero tampoco lo era llevar agua limpia y electricidad a todos los hogares. Se sabe cómo hacerlo y será efectivo contra cualquier variante futura y cualquier enfermedad de transmisión aérea.

2. Las vacunas siguen siendo cruciales. Necesitamos vacunar al mundo lo antes posible para salvar vidas y frenar la aparición de nuevas variantes. Se debe trabajar para tener vacunas cuya protección sea duradera y ante más variantes.

3. Se ha aprendido que actuar cuanto antes es crucial para contener los brotes y prevenir la propagación. Por lo tanto, se debe invertir en la vigilancia global de nuevas variantes del coronavirus y de otras nuevas enfermedades infecciosas.

4. La mayoría de los países ya cuentan con vigilancia de rutina para enfermedades infecciosas graves, como la gripe y el sarampión, además de planes para mitigar su impacto. Las naciones deben sumar la vigilancia permanente de las tasas de infección por Covid-19 a los programas existentes, para realizar un seguimiento de cuánto circula el virus, dónde y en qué comunidades.

5. Todavía se sabe muy poco sobre el impacto a largo plazo del Covid-19, aunque puede causar daños duraderos en los órganos y provocar una enfermedad prolongada. Se necesita invertir en comprender, prevenir y tratar ese impacto.

6. Muchos sistemas de salud tenían problemas antes de la llegada del virus y desde entonces la pandemia ha reducido aún más su resiliencia. Se necesita con urgencia invertir en sistemas de salud, en las temporadas de invierno, cuando la carga adicional del virus se sentirá con mayor intensidad.

7. El Covid ha golpeado con más fuerza a los más desfavorecidos. Los que menos pueden permitirse el autoaislamiento, también tienen más probabilidades de trabajar fuera del hogar, usar el transporte público y vivir en casas superpobladas, todos son factores de riesgo para contraer el virus. Los gobiernos deben invertir más en la reducción de las desigualdades en salud, vivienda, lugares de trabajo, pagos por enfermedad y educación. Eso hará a todos más resistentes a futuros brotes, reducirá la mala salud y la muerte.

8. Finalmente, aún habrá olas de Covid-19 en el futuro, simplemente reducirá su frecuencia y escala y se necesita un plan. Los buenos sistemas nacionales de vigilancia deberán identificar un brote, verificar la inmunidad y aislar el contagio. Una respuesta podría ser la intensificación de las pruebas, la reintroducción de mascarillas y trabajar desde casa cuando sea posible. Todos los planes deben evitar bloqueos prolongados y generalizados.

En conclusión, negarse a aprender a vivir con Covid-19 y fingir que existe la vieja normalidad, aumenta el riesgo de futuras cuarentenas. Es necesario pasar de las etapas de negación y enojo del duelo y aceptar que el mundo ahora es diferente.

Solo así se podrá tomar el control y construir una forma de vida que esté diseñada para convivir con el virus de manera que permita a todos, incluidos los clínicamente vulnerables, llevar una vida más libre y saludable.

Lo anterior fue escrito por Christina Pagel, Profesora y Directora de la Unidad de Investigación Operativa Clínica de la University College London (UCL). Esta información apareció con fecha 5 de marzo de 2022, originalmente en The Conversation, un portal donde hay colaboración entre académicos y periodistas, una editorial líder mundial de noticias y análisis basados en la investigación.

The Conversation se fundó en Melbourne, Australia, en 2011 y funciona como una red global de sitios con equipos que trabajan en Australia, Estados Unidos, Reino Unido , Francia , África , Indonesia , España y Canadá .

En fin, como escribió Alfonsina Storni (Suiza-Argentina, 1892-1938), en su poema Agrio Está el Mundo:

Agrio está el mundo

inmaduro,

detenido;

sus bosques

florecen puntas de acero;

suben las viejas tumbas

a la superficie;

el agua de los mares

acuna

casas de espanto.

raultorress@hotmail.com

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