Por Fernando Manzanilla Prieto

Estamos en la víspera de iniciar el tercer año de pandemia en México y el panorama no es alentador para nadie. Si bien a lo largo de estos dos primeros años los avances científicos para combatir el Covid-19 han dado pasos agigantados, el virus no languidece y, por el contrario, parece seguir encontrando recovecos que lo fortalecen. 

Hoy en día los investigadores han descubierto que más allá de padecer los malestares por el virus, las personas infectadas están en riesgo de desarrollar “long covid”, es decir un covid largo o prolongado.

El covid prolongado es aquel que después de ser diagnosticado, deja secuelas en el paciente por 12 semanas o más. Si bien los enfermos sufren una variedad de síntomas, los más comunes son dificultad para respirar y fatiga durante meses. Algunos también experimentan daños en sus órganos.

Precisamente el Dr. Anthony Costello, profesor de salud global de London´s Global University (UCL) y exdirector de la OMS, plantea serias preocupaciones sobre los efectos a largo plazo del Covid-19, especialmente en el cerebro, al cual puede ingresar el virus y afectar las células alrededor de los vasos sanguíneos.

En el estudio PHOSP, el cual se aplica en Reino Unido para evaluar el impacto del Covid-19 en la salud de los pacientes y su recuperación, se determinó que uno de cada 10 tenía un deterioro cognitivo clínicamente relevante, al cual se le ha denominado «niebla mental».

En este sentido se publicó un artículo en la revista Neurology Clinical Practice, en el que investigadores del NewYork-Presbyterian y del Columbia University Irving Medical Center, describieron que esta niebla mental puede incluir dolor de cabeza, fatiga y mareos, así como pérdida de memoria, confusión y dificultad para concentrarse.

A la fecha, a ciencia cierta no se sabe qué es lo que provoca que algunos pacientes padezcan estos estragos de la enfermedad, sin embargo hay estudios que arrojan que las personas con obesidad y las que requirieron respiradores artificiales tienen más probabilidades de desarrollar covid prolongado.

Asimismo, hay evidencia de que esta enfermedad debilitante puede ser causada por una reacción inmune continua.

Precisamente, a través del estudio PHOSP, los investigadores descubrieron que las personas con covid prolongado más grave y las que experimentaban niebla mental tenían marcadores inflamatorios aumentados.

Sir Stephen Holgate, profesor de la Universidad de Southampton y cofundador de Synairgen, una compañía que está creando medicamentos antivirales para el covid-19, coincide con esta teoría dado que las resonancias magnéticas que han realizado dentro de sus estudios han mostrado órganos inflamados que provocan que el cuerpo se vuelva contra sí mismo y ataque su propio tejido.

No escapa para los investigadores la posibilidad de que haya una predisposición genética o incluso la hipótesis de que el virus debilite las reservas de energía de las células.

En este sentido, un estudio reciente de Reino Unido reveló que uno de cada tres pacientes ingresados al hospital sufría de covid prolongado todavía un año después de contraer el virus.

El panorama al que nos enfrentan estos datos es complicado y más todavía considerando que en estos momentos predomina Ómicron, una variante de covid-19 que se expande en el planeta con la rapidez de la pólvora.

Al respecto la Organización Mundial de la Salud (OMS), con base en la predicción del Instituto para las Métricas y Evaluación de la Salud (IHME, por sus siglas en ingles) con sede en la ciudad de Seattle, ha advertido que la mitad de la población en Europa estará infectada con esta variante de covid-19 en las próximas seis o siete semanas.

En este sentido, si asumimos que al menos una quinta parte de quienes se enfermaron del virus, sin importar si fue con complicaciones o incluso de manera asintomática, podrían tener secuelas de corto y mediano plazo, estaremos hablando de que se avecina un grave problema de salud pública.

Cabe señalar que algunos investigadores estiman que más de 100 millones de personas sufrirían de covid prolongado, con secuelas crónicas y muy variadas que se presentarán aún meses después de la infección.

Lo anterior, sin duda nos habla de otra crisis de salud pública urgente y complicada que se avecina en el marco de la propia pandemia y que requerirá de la atención de todos los sectores.

Por una parte, sabemos que los científicos ya se encuentran en las primeras etapas de la búsqueda de tratamientos que puedan atacar las causas y aliviar los síntomas del covid largo, pero también se necesita que los gobiernos planteen políticas públicas encaminadas a atender a este creciente sector de la población afectado por esta nueva enfermedad crónica.

Asimismo, todas y todos, como ciudadanos necesitamos estar preparados para actuar de manera preventiva, haciendo lo que nos corresponde desde nuestra trinchera, como lo es el ser responsables en esta cuarta ola de la pandemia.

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