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2020.08.04
La Lola no era una prostituta de León: Manolo Quijano pone fin al mito detrás de su popular canción
Manolo Quijano: «Soy miedoso y prudente, por eso nunca me he drogado. Algo curioso en el mundo de la música»/ ABC
La Lola no era una prostituta de León: Manolo Quijano pone fin al mito detrás de su popular canción
Autor: ABC
Manolo Quijano compositor de "La Lola".

JAVIER VILLUENDAS

ABC

 

En 1977, en una timba en algún lugar clandestino de la provincia de León, una mano ganadora de bacarrá supuso recibir un pago en especie: un bar. Este, tras varios nombres y reformas, acabó siendo el entretenido «Stick», aunque todos lo conocemos como «La taberna del Buda» por la popularísima canción de Café Quijano. En su letra, el mayor de los hermanos canta sobre los imborrables 14 meses que pasó en tremenda tensión tras su barra. Él pub lo había ganado su padre. Y allí actuaron por primera vez como grupo. Ahora en un nuevo libro llamado «Detrás de la letra» (Ed. Sekotia), Manolo Quijano (1967) revela varios de los turbadores percances vividos en aquel confuso faro de la noche

 leonesa pero también nos descubre quién es «La Lola» (y no, no es una prostituta de León como todo el mundo cree sino una presentadora de televisión) o cuenta cómo se metió a fondo en Tinder y casi acaba escribiendo un libro sobre ello. En definitiva, el músico quita el velo a las excitantes intrahistorias entre los bastidores de sus más memorables tonadas.

Sus canciones son un diario. Y este libro, que explica las historias detrás de sus letras, unas memorias.

Podría decir que prácticamente sí. Desde los últimos 23 años parte de mi vida está detrás de estas canciones.

Su espinaza clavada ha sido no ser piloto de rallies.

Mi primer objetivo e ilusión, cuando era joven, era ser piloto de carreras. Era mi pasión y, a día de hoy, mi mayor frustración. No tenía otra idea en la cabeza. Si ahora mismo me dieran a elegir entre músico y piloto, te diría que complicado elegir. Y diría también que lo primero fue ser piloto. Una frustración dolorosa. Y no se me ha quitado a lo largo de la vida ni se ha suavizado. Lo que más me desanimó en aquel momento fue la familia, por supuesto. En mi casa hablar de coches y carreras era.. Es que no podías ni sacar el tema. Y tampoco podían permitirse, en el caso de que hubieran decidido apoyarme, pagarme eso. En mi caso, me encontré con una barrera infranqueable por parte de mis padres. ¿Podría haber hecho yo algo más? Probablemente, pero tampoco era tan fácil.

Pero sí echó carreras nocturnas por su León, incluso a la policía.

Era un loco de los coches y me metía por las noches a hacer carreras cuando no había tráfico ni nadie. Solo había algún coche de policía por ahí, y era un signo de mostrar rebeldía. Nos perseguían, imagínate. No había absolutamente nada, ni tráfico, y aparece un loco haciendo el imbécil. Era un acto de rebeldía y un juego poco ortodoxo echar carreras con la policía.

A los 29 años llega el gran cambio de su vida: forma Café Quijano. ¿Desde el principio fueron a por todas?

Sí, porque el grupo, en primer lugar, era una forma de vida. Yo entendía la música como un negocio en el que si entrabas, te podía ir bien. El grupo lo veía como una empresa a la que había que sacar partido. Lo que pasa es que, rápidamente, me di cuenta que esa empresa me había atrapado, se convirtió en la pasión y en el motivo de mi vida. Era lo que me ocupaba el pensamiento desde que me levantaba hasta el final. Hacer buenas canciones y disfrutar lo que estaba viviendo: ser músico, grabar discos y estar frente al público, me di cuenta de que era algo único que no quería perder al margen de que fuera o no negocio. Y me hubiera gustado empezar antes, pero no lo digo con dolor. Me hubiera gustado conocer este mundo con 18 ó 19 años, aunque no sé si hubiera estado preparado de la misma manera.

«La Lola», su primer gran éxito, no va de una prostituta de León como tanta gente cree... Es una presentadora de televisión.

Es que nosotros nos hemos criado en León. Y, efectivamente, la gente de León, que no deja de ser una pequeña ciudad de un territorio que escuchó la canción y llegó a abarcar millones y millones de personas en España, Latinoamérica y Estados Unidos... Pues lo que la gente pensara en León podía repercutir en lo que se pensara a nivel internacional. No dejaba de ser chocante que alguien, a mí mismo, me discutiera quién es la Lola. Manda cojones. ¡Gente venía incluso diciéndome la identidad! Perfectamente podría haber sido, pero no. Lo que tienen las canciones es que cada uno las puede adecuar a sus propias vivencias o cómo vive su mundo, pero muchas canciones, y las mías también, tienen pelos, señales e identidad. Cuando las cuentas la gente se sorprende porque no imagina que vayan por ahí. Y es cierto, parece que cuentas una historia de la Lola, una mujer, una prostituta… Pero como una persona me dijo hace poco, además: «La Lola es una mujer que hace lo que ha hecho toda la vida el hombre». Y, efectivamente, ese es el quid de la cuestión. Nos parece que es una prostituta porque hace lo mismo que un hombre ha hecho toda la vida. Y es lo que justo estaba defendiendo, que esa mujer podía hacer exactamente lo mismo que hacía un hombre.

Para impulsar su segundo álbum, «La extraordinaria paradoja del sonido Quijano», llevaron a cabo la «Operación Gañán». Para ello... pidieron un crédito para autocomprarse 8.000 discos. Durante varias semanas, en las grandes ciudades de España y sin que nadie se percatara, una red de amigos adquiría en las tiendas todos sus discos. La idea era salir en la lista de los más vendidos y conseguir así el apoyo de la discográfica para una promoción potente.

Fue muy arriesgado. Principalmente porque si salía mal nos metíamos en un lío económico de cojones. Habíamos conseguido un dinero que había que devolver al banco y que no teníamos. Podía llevar 20 años devolverlo. O te tocaba la lotería o podía ser toda la vida pagando un crédito. Nos la jugamos mucho quizá guiados por la inconsciencia de lo que nos podía pasar si salía bien. Y salió mejor de lo que pensábamos. Sin esos 8.000 no hubieran existido los millones de discos vendidos posteriores.

Tuvieron la delicadeza de dejar algunos álbumes para los fans.

Porque nos interesaba que la propia inercia del lanzamiento del disco también jugara a nuestro favor y que no quitáramos la posibilidad de comprar a quien tuviera esa idea. Era muy difícil medir cuánto había que dejar y cuánto no. Nosotros íbamos a nuestro objetivo dejando ese pequeño margen para los clientes, pero siempre consiguiendo «x» discos que teníamos que conseguir como fuera. Un poquito se iba moviendo, pero no hubiera suficiente para meternos arriba en la lista de éxitos. Hubiéramos entrado la primera semana, pero muy residual. En el 40 y pico, o el puesto 50...

Erais muy lanzados, ¿no? Por cómo llegáis a iros de cena con Christopher Lambert u os plantáis en casa de Banderas en Los Ángeles un día por la noche…

Por muy atrevidos que fuéramos, teníamos como norma ser muy respetuosos y educados. Siempre bajo esas premisas, no había nada que se nos pusiera por delante. Pero que no implicara mal gusto. Siempre sin ofender. Si nos presentamos en casa de Antonio Banderas lo hacíamos con toda la educación del mundo. Aunque, luego, nos diéramos cuenta que no era síntoma de buena educación presentarte un día por la noche siendo el Día de los Enamorados en Estados Unidos. No teniámos muy claro que era ese día, le pedimos disculpas.

¿Es cierto que fue seminarista?

La vocación surgió... con nada que tuviera que ver con la vocación. Mi hermano, el segundo, iba a estar allí un año. Y yo fui con mi madre y mi hermano a ver las instalaciones y me pareció que aquello era un lujo. Había campo de fútbol, instalaciones para hacer deporte maravillosas, etc. Y dije: «Yo quiero estar aquí». Hasta que me di cuenta de que estaba a 10 minutos de mi casa en León y no podía ir a casa regularmente. Era como estar en un isla desierta donde no estaba para nada a gusto. No te digo que, en un momento determinado, no se me pasara por la cabeza la vía sacerdotal, pero tenía 13 años. Rápidamente me di cuenta de que vocación no tenía ninguna. Yo quería dejar de estar allí lo antes posible, porque era un seminario muy seminario. A la primera oportunidad que tuve cuando me preguntaron si tenía vocación fue: «¿Qué es eso?». Para dejarles claro que no tenía ninguna. Y cuando me preguntaron si me llamaba la atención la vía sacerdotal, les dije que yo estaba allí para acompañar a mi hermano y que no tenía ninguna vocación sacerdotal. No me dejaron al año siguiente matricularme, que ese era el objetivo.

«La taberna del Buda» era el «Stick», el bar que ganó su padre jugando al bacarrá.

Sí, lo ganó en una partida de cartas. Es muy curioso porque lo ganó de una manera no buscada. Se adentró en la hostelería de una manera no ordinaria, y luego ese negocio fue determinante en nuestra vida. Porque fue el primer lugar en el que nosotros tocamos para el público, también surgió una canción de ahí que fue nuestro segundo gran éxito y, ahora, es un bar que sigue siendo el bar donde mi padre, con 81 años, sigue tocando la guitarra. Yo jamás tuve un grupo. Empecé con 29 años. Normalmente vienes de grupetes, bandas juveniles... Lo único una vez que toque la guitarra eléctrica en el seminario. Me la regaló mi padre y formamos un grupo que se llamó The Dominicals, porque el seminario era de padres dominicos. Es cierto que en ese bar, alrededor de él, han pasado muchas cosas importantes que tienen que ver con nuestro futuro.

Allí había timbas, y a los jugadores les llamas ludópatas.

Bueno, es que al final el ludópata es el que tiene el vicio del juego. Normalmente el ludópata no es profesional. Pero es una enfermedad, una adicción. Al final, el jugador profesional, el que vive de ello, y allí todos vivían del juego, no dejan de ser ludópatas. Es su profesión pero también es su vicio. Y aunque vivían de eso, en muchos casos, siempre les gustaba jugarse dinero en las tragaperras o ir al casino a jugar a la ruleta.

En la letra de «La taberna del Buda» fue misericordioso tratando a sus protagonistas.

Bueno, trasladar a las palabras ciertos hechos no es tan fácil. Y, sobre todo, en muchos casos, dicen que vales más por lo que callas que por lo que cuentas. Hay límites que sobrepasarlos… Creo que en algunas historias que he contado he sobrepasado ciertos límites pero hay otras que llegarían un poquito más lejos y tampoco tocaba. Quien vivió algunos de aquellos determinados momentos, me dicen has sido bastante «light» en la narración. Pero así es suficiente.

Por allí pululaba de todo. Desde camareros que iban tras cerrar sus bares, dueños de bingos, expresidiarios y presidiarios de permiso, policías, abogados, jueces, prostitutas, proxenetas, traficantes, pijos, gente desubicada… Y todo regado de mucho alcohol, un polvorín. Leyéndole rememorar aquellos días parece casi como ir a la guerra, de tanta tensión. De hecho, se siente afortunado por seguir vivo ya que hasta le atracaron a punta de pistola..

Sí, las armas aparecieron en varias ocasiones. Fui muy afortunado por varias razones. La primera por salir ileso, la segunda por haber salido ileso y haber sido capaz sin haber tenido ningún contacto con la droga en una época en la que había facilidad y si no te metías no eras «cool». Haber salido indemne de ese mundo es una gran victoria, y a mí me dio mucho conocimiento de la vida y de mí mismo. De conocerme a mí mismo frente a situaciones que nunca me imaginé que iba a vivir. Una época de aprendizaje en muchos sentidos. Y para escribir una canción... y que no olvide en toda la vida ese sitio. Fue hace 30 años. Una época muy diferente… que me marcó. Me marcó demasiado. Afortunadamente lo cuento como una marca que sirvió de aprendizaje. Pero fue muy complicado. Y fue solo un año y poco. Como 13 ó 14 meses. Pero imagínate los días que tiene un mes y las horas que tiene una noche. Han sido muchas horas. Y aunque un año pase rápidamente, en un día a día convulso… ostias, son muchas horas. Estaba entretenido allí pero iba pensando cada noche con qué me iba a encontrar. Cada día, me mentalizaba tiempo antes de entrar. Hubo un momento en el que la tensión formaba parte como cuando juegas a tenis. Yo juego a tenis todos los días. Y cuando vas a la cancha a jugar lo que tienes que hacer es concentrarte y poner la mente en modo tenis. Pues yo llegaba allí y ponía la mente en modo guerra, como dices. Sabía que mi mente estaba con la concentración y la atención máxima en que en cualquier segundo podía entrar uno por la puerta y montarte un número. O montarte un número el que menos esperabas. Era un cóctel explosivo que normalmente explotaba. Era el único sitio en el que se podía tomar una copa entre semana en una época en la que por la noche había vida nocturna. No es como ahora, quitando las grandes ciudades. Tú en León ahora sales un lunes por la noche no hay ni un alma ni bares abiertos a las 3 de la mañana. Pero de aquella había gente a las 3, 4, 5, 6, 7… y era gente de todo tipo juntándose en un lugar pequeño. Había gente que estaba acostumbrada a relacionarse con gente conflictiva, pero había otros que no tenían la mínima prudencia ni conocimiento de la gente con la que se está moviendo. Y en cualquier momento les podía llegar un bofetón que no sabían ni de dónde les llegaba. Y era lo normal cuando un tío que desconoce el medio se mueve sin conocimiento.

Allí tuvo mucha relación con prostitutas. Y les dedica muy buenas palabras, cuenta maniobras de autoproteccíon que utilizaban, apuntes personales...

En muchos casos son circunstancias de la vida que a ti no te gustaría hacer y nunca imaginaste hacer. La prostitución es una de las profesiones más duras de asumir, que tienes que dedicarte de forma forzada y no quieres, porque la prostitución no es una profesión vocacional, sino que al 99% es una profesión obligada a la que llegas por circunstancias muy concretas. Y son gente como cualquier otra, que viven en unas circunstancias que no se las desearían a nadie ni se las desean a ellas mismas. Y que tratan de obviar en muchas situaciones. Ahí sí se ponen en modo trabajo y modo no trabajo, porque, al final, aunque estás encima de un escenario el artista igual lleva una vida de artista las 24 horas. Por todo lo que le envuelve, por su estudio, composición, por su manera de pensar, creatividad. Pero una prostituta.... Hay una parte de su vida que dedica, muy a su pesar, a eso. Pero el resto del tiempo no es eso, es una persona como cualquier otra. Yo lo veo así. Y a mí me parece muy doloroso que alguien por necesidad económica tenga que entregar lo más preciado de uno mismo, que es su propio cuerpo. Me parece aterrador.

El amor y el desamor, están detrás de muchas de sus canciones. Su gran motor.

Y el de mucha gente. Hay quien me dice: «Joder, cuánto has ligado. Solo hablas de chicas». Y yo hablo de mi vida y tampoco hablo de tantas. Hablo de mujeres que han pasado durante treinta y pico años, incluso en «Mi preciosa amiga» hablo de una amiga que conocí hace cuarenta y pico años. No hablo de tantas historias de amor y seguro que hay muchas personas también cuyas vidas giran en torno al amor. Y hay que ver cómo varía tu estado anímico en función de tu estado sentimental.

Componer boleros le implica más emocionalmente, ¿no?

Sí. «La Taberna del buda», por ejemplo, habla de gente, de una aventura, describe algo físico, un local, una experiencia… eso es más fácil que describir sentimientos y, sobre todo, que tengan que ver con sentimientos propios. Una cosa es hacer una canción sobre el amor y otra tres discos de boleros. Y, en muchos casos, con cosas que tú has pasado y sufrido, aunque describas un desengaño de un amigo o un familiar. Porque algo te toca a ti. Porque en todos los desengaños o desamores hay algo de alumno propio. Es como ver el accidente de alguien, te recuerda al tuyo propio.

Hablando de amor, se adentró profundamente en el universo Tinder y siendo famoso. Incluso se planteó escribir un libro sobre el tema.

El mundo pone herramientas a tu alcance que porque seas popular no vas a dejar de utilizar. Yo siempre he contado que para un tío popular, aunque parezca lo contrario, es más complicado ligar que lo que parece. Un escenario clásico: un bar o una discoteca. Si tú ves a una chica que te gusta y vas a hablar es muy fácil que ella piense: «Este qué pasa, que porque sea famoso se cree que me va a ligar». Un prejuicio. Y si tú no vas, ella no va a venir porque: «Qué pasa, que porque sea famoso voy a tener que ir allí». Entonces, es complicado siempe, salvo en tu círculo. Para mí era más fácil coquetear con alguien del mundo de la televisión, de la música o del cine que con alguien de otras profesiones, como una dependienta de Zara o una maestra. Porque la gente de fuera a veces te miran con cierto recelo. Con Tinder, un amigo me dijo mira esto y, quizá, se entra por curiosidad. Y cuando te das cuenta es un mundo. Y Facebook o Instagram. Daba para escribir un libro, tal cual. Cuando te adentras en las redes sociales con un fin, como este, de voy a ver hasta dónde da de sí... eso no tiene límite, da de sí en todos los sentidos. Hay gente que las redes han sacado provecho a su trabajo, a nosotros en lo promocional nos ayudan también… E igual que puedes promocionar en lo laboral puedes hacerlo en lo personal. Voy a buscar cuánta gente estaría dispuesta a liarse conmigo. Es como si te presentaras en un bar lleno de gente y dijeras, voy a ver si encuentro pareja esta noche. Y hay un abanico de posibilidades infinito sabiendo que hay mucha gente en ese bar que está buscando lo mismo que tú. Es un bar virtual donde encuentras de todo.

Y es terapéutico.

Porque muchísima más gente de lo que nos imaginamos usa Tinder o cualquiera de estas aplicaciones con fines terapéuticos. Mucha gente está allí porque busca ayuda para un momento sentimental delicado, para un desamor. Mucha gente despechada aparece en este tipo de apps. Lo ves que es así. La persona menos promiscua del mundo puede estar en Tinder porque quiere ver qué es esto aunque solo sea para hablar, o relacionarse, escribirse, o sentirse deseado, o para sentir que tiene posibilidades… para reafirmar, en muchos casos, su autoestima. Cuando alguien, por un fracaso en una relación, se siente mal, cuando su autoestima está por los suelos, este tipo de aplicaciones le pueden ayudar. El halago reafirma, anima y te sube el autoestima. Allí se puede encontrar el amor perfectamente, estoy convencido. Es un crisol de personalidades y de gente, hay absolutamente de todo. Desde el carácter más mojigato hasta el carácter más abierto del mundo. Lo que hay que mirar es el origen de por qué están allí. Y conociéndolo, ves la diferencia de personalidades. No solo va gente con ánimos de relación sexual rápida. La gente aterriza por muchos motivos y hay tantos motivos como personalidades.

El libro es muy confesional, ¿le ha costado lanzarse?

Bueno, yo me he ido abriendo sin darme cuenta. A medida que iba contando las cosas y las iba leyendo me iba dando cuenta de que estaba contando demasiado. Luego vi que no me desagradaba lo que ponía y que no suponía ningún tipo de trauma. Me parecía que tenía mucho que ver con el por qué de las canciones. Hasta cierto punto, desde ciertos límites y la base del respeto a mí mismo, me parece que no tenía que avergonzarme de nada. Lo cuento con toda la naturalidad del mundo hacia el que lo lee y hacia mí. Son historias que aunque no se hubieran hecho canciones son historias curiosas en cualquier vida.

En 1991 viajó a Jamaica con 24 años en busca del hotel «Hedonism», en una muestra de carácter curioso e intrépido que luego se ve en otras de sus historias. ¿Lo es tanto?

 

A medida que lees el libro llegas a esa conclusión pero no lo soy tanto como parece. Me gustaría serlo, de hecho. Como he contado estas partes donde he sido más intrépido parece que he sido siempre así. Pero soy super prudente porque soy bastante miedoso, quizá es la misma razón por la que nunca me drogué. Dedicándote al mundo de la noche y a la música, un músico que no se ha drogado es un tanto curioso. Quizá, por eso, no soy tan intrépido. Siempre tuve la curiosidad, pero me falta ese punto de intrépido que te lleva más allá. Eso no lo tengo. Si he sido curioso o me he atrevido a... Por ejemplo, tengo un vértigo que flipo si me asomo a la terraza de mi casa, que es un primero. Pero también quería ver lo que era tirarse en paracaídas. Y sí, lo hice. Pero después de pensarlo mucho. Me lo pienso mucho todo. Y luego lo hago. Pero no es tanto como parece.

Fuente: https://www.abc.es/cultura/abci-manolo-quijano-miedoso-y-prudente-nunca-drogado-algo-curioso-mundo-musica-202008040051_noticia.html

 
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