Jojo Rabbit: La incorruptible bondad
2020-01-30
Jojo Rabbit: La incorruptible bondad

 

 

Jojo Rabbit:

La incorruptible bondad

 

 

 

 

Por Noé Ixbalanqué Bautista

 

 

A decir de Rousseau, el gran pensador francés del siglo XVIII, el hombre nace bueno, pero es la sociedad quien lo corrompe. Sin embargo, el director neozelandés Taika Waititi propone que si la bondad está en el alma del hombre, no puede ser corrompida ni por un régimen represor y dictatorial. Esta es la esencia de JoJo Rabbit (República Checa/Nueva Zelanda/EUA, 2019) una magnífica comedia negra sobre la maldad y la guerra desde los ojos de un niño alemán de alma bondadosa.

Waititi nos traslada a Berlín en los meses previos a la derrota de Hitler para conocer a Jojo (Roman Griffin Davis), un niño alemán de diez años que ha absorbido fanáticamente la ideología nazi, tanto que su amigo imaginario es el propio Führer (el propio Taika Waititi) y por ello participa emocionado en las actividades de la juventud hitleriana para ser preparado para la guerra y seguir adoctrinado en el nazismo. Pero su propia naturaleza de bondad le hace sufrir un accidente en un campamento de formación bélica, acarreando el mote de Jojo Rabbit. Así que ya no podrá estar en el frente y tendrá que conformarse con servir solamente como mensajero y con otras actividades menores. Con el padre ausente y su hermana muerta, su madre es su único mundo hasta que encuentra en su propia casa a Elsa (Thomasin McKenzie) una joven judía que permanece oculta, protegida por su madre. De este impactante encuentro, Jojo reconocerá en sí mismo su naturaleza bondadosa en contraste con la maldad del nacismo, de la guerra y de su héroe; Adolf Hitler.

El control de la mente es una de las ambiciones de todo aquél hambriento de poder, y las mentes manipulables son las inocentes y crédulas. Eso sucede con Jojo, cuyo mundo se basa en los valores nazis e ideas descabelladas sobre el peligro que representan los judíos. Taika Waititi ha tenido el gran tino de abordar el tema del nazismo y el holocausto con una fina comedia negra desde la mente inocente y buena de un niño. La comedia negra es un riesgoso abordaje para un tema aún sensible, pero Waititi ha escrito, dirigido y actuado una excelente propuesta que invita a la reflexión sobre la naturaleza bondadosa del ser humano ante la maldad de la sociedad, los sistemas autoritarios y la guerra.

De alguna forma, en Jojo Rabbit Waititi defiende al alemán común de esa época, manifestando un nivel de inocencia de ese alemán de a pie, persona normal y buena, que creyó irreflexivamente la insana ideología nazi. Sin embargo, no todas las mentes cautivas de Hitler creyeron él era un salvador de su “raza”, sino un cruel dictador, y ya sea que simularon ser colaboradores del Tercer Reich ante la represión del régimen, como es el caso del capitán Klenzendorf, o participar clandestinamente en la resistencia, aún a costa de su propia vida, como es el caso de la madre de Jojo.

La estructura del guión recuerda a Cara de guerra (Full Metal Jacket, EUA, 1987) el gran filme antibélico de Stanley Kubrick y coinciden en el espíritu para mostrar lo absurda y estúpida que es la guerra iniciando por el entrenamiento bélico que deshumaniza al sujeto, hasta la total pérdida de aquello que nos hace humanos, cuando se está en pleno campo de batalla. Pero la diferencia es, evidentemente, los personajes y tono del tratamiento dramático de la historia.

El desarrollo narrativo junto con la excelente construcción de personajes y situaciones apuntaladas por una comedia negra muy fina hacen de este filme un deleite, que pide, al final, reflexionar sobre el sentido de lo humano a partir de los actos motivados por la inocencia, que es la manifestación de la verdad del ser humano y que llamamos bondad.

Ser bueno en una sociedad como la nuestra, es sinónimo de ser tonto, pero seguir siendo buenos a pesar de las malas experiencias con esta sociedad y sus presiones que terminan por corrompernos en la malicia, es ser estúpido. Jojo es un tonto y un estúpido cobarde, y sin embargo esa es su grandeza, misma que reconoció en sí mismo al enfrentarse al otro extraño, al enemigo, a una judía. La natural bondad de Jojo emergió definitivamente gracias a Elsa y también gracias al amor de su madre y a los actos del capitán Klenzendorf. Pero no nos confundamos: ellos no lo hicieron bueno, él nació bueno y ni su sociedad pudo corromperlo.

 

 
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