Joker: así es la vida
2019-10-10
Joker: así es la vida

 

 

Joker: así es la vida

 

 

 

 

Por Noé Ixbalanqué Bautista

 

 

Impresionante, inquietante, sorprendente, aterradora, maravillosa… y lo es, en efecto Guasón (Joker, EU/Canadá, 2019) del neoyorkino Todd Phillips, lo es. Pero lo que no es, y no debemos confundirnos, es una obra maestra. Una obra maestra necesita de originalidad y franqueza, y esta película, merecida ganadora del León de Oro en la Mostra de Venecia de este año, adolece de tales características, pero ello no demerita significativamente el gran trabajo de su director y de Joaquin Phoenix, especialmente si hablamos de franquicia de superhéroes.

Todd Phillips nos presenta a un patético Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) en una caótica Ciudad Gótica entre las décadas de los 70 y 80. Su sueño, ser un gran comediante, se ha reducido a ser un mediocre payaso por encargo, quien es objeto de “bullying” de todos, hasta de niños. Sin embargo, Fleck sigue alimentando su sueño al mismo tiempo que debe encargarse de su anciana madre, teniendo en contraste la tensa situación social de la ciudad, la inhumanidad de los poderes político y económico, así como un pasado lleno de incógnitas. Pero puede más el entorno que su sueño, pueden más los trastornos mentales que las ilusiones, que se entremezclan peligrosamente para dar paso a un empoderado payaso que se ha convertido en un peligroso asesino y a la vez en símbolo de una sociedad desquiciada por ese sistema que también ha creado al Guasón.

Con una apuesta arriesgada, tanto la productora Warner como Todd Phillips, se han atrevido a madurar la narrativa de superhéroes, siempre infantil y superficial, como la creada por Marvel, su competencia. Apuesta arriesgada pues el rechazo del fanático, infantilizado y superficializado por la hegemonía narrativa de esas franquicias, era algo de esperarse. Sin embargo la estrategia, similar a la empleada por Alfonso Cuarón en año pasado, de presentarse primero, antes de su estreno comercial, en un festival tan prestigiado como lo es la Mostra de Venecia y salir no sólo ileso, sino triunfante, llamó la atención del público conocedor, y ahí está el giro. Tanto Warner como Phillips sabían que tenían una gran película.

A partir de un crítico y acusador análisis de la deshumanización provocada por el capitalismo, especialmente al inicio de su fase extrema -y quizá final- que es el neoliberalismo ocurrido en las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado, Phillips sintetiza esa deshumanización articulada por el sistema en Arthur Fleck, un lumpen que ha sido despojado de su pasado por ese sistema, que también le niega un futuro para conformarse con un intrascendente y patético presente. La “psicologización” científica de la sociedad y de la persona que implicó la puesta en práctica de la doctrina clásica del interés propio o Egoísmo psicológico utilizada por los fundadores del capitalismo, entre ellos Adam Smith, llevó al surgimiento de esos comportamientos deshumanizados actuales llamados trastornos mentales, tan comunes en la sociedad norteamericana. Arthur Fleck es la síntesis de todos estos trastornos causados por el capitalismo.

Pese a la gran apuesta temática, narrativa y estética que es Guasón, no se trata de una obra maestra como se clama por ahí. Es evidente la influencia en Phillips del cine de Martin Scorsese, uno de los mayores cineastas norteamericanos, con tácitos guiños a Taxi Driver (EU, 1976)  y a The King of Comedy, (EU, 1982) –quizá la razón de la presencia de Robert de Niro en esta cinta- pero también tal influencia la podemos percibir de Shutter Island (EU, 2010) y su impresionante trabajo sobre los trastornos psicológicos así como en The Wolf of Wall Street (EU, 2013) y su crítica a las consecuencias del capitalismo. La fuerte influencia, que no pretende rendir homenaje al gran director sino copiarle, ha creado la Ciudad Gótica de Phillips que es el Nueva York de Scorsese por ejemplo. Ello le resta originalidad, donde la subjetividad de Phillips también se eclipsa a partir de mantener los personajes de la franquicia. Y sin embrago es una gran película, pero no se siente franca pues tampoco es original totalmente.

Tampoco Guasón es la primera película que da un tratamiento alejado de la fantasía a la narrativa de superhéroes. Ya hemos visito este acercamiento en la notable cinta de Christopher Nolan El caballero oscuro (The Dark Knight, EU/RU, 2008) y recientemente en El hijo de la oscuridad (Brightburn, EU, 2019) de David Yarovesky, curiosamente ambas cintas con personajes surgidas de la franquicia DC. Por ello, el trabajo de Phillips no es necesariamente original.

Sin embargo es una gran película, la acertada selección musical, que potencia también el Nueva York de Frank Sinatra, sumado al de Scorsese, para mostrar la contrastante podredumbre creada por el capitalismo es otro punto destacable. La encantadora fuerza de la voz de Sinatra con That´s Life como leitmotiv genera la gran paradoja que es el mismo Guasón, un patético payaso que da miedo, no risa, no lástima. También hay que destacar el reconocimiento que Phoenix hace del gran trabajo que de este personaje realizó Heath Ledger en una específica escena, donde modifica por un momento la forma de caminar para asumir el creado por Ledger en El caballero oscuro.

En un mundo cuya vida se ha reducido al consumo como razón de ser, en mundo que reduce a la persona a la calidad de objeto y hace a un lado lo humano, en un mundo que nos pide tener ilusiones para transformarlas en alucinaciones, en un mundo cuya vida se articula con narraciones infantiles y superficiales de superhéroes, esta cinta es un grito desesperado y  enloquecido que muestra la gris realidad. Desde ese mundo surge el discurso crítico del Guasón. Lo paradójico del discurso crítico de Guasón sobre las consecuencias psicológicas del sistema capitalista es que tal está articulado por una franquicia de la industria cultural, eje de la “psicologización” capitalista. Así es la vida.

 

 
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