Brightburn: el hijo de la oscuridad. Paranoia a los superhéroes
2019-05-23
Brightburn: el hijo de la oscuridad. Paranoia a los superhéroes

 

 

 

 

 

 

Brightburn: el hijo de la oscuridad

Paranoia a los superhéroes

 

 

 

 

 

 

Por Noé Ixbalanqué Bautista

 

 

 

El cine comercial es de género y cuando sus fórmulas se han gastado lo conveniente es experimentar con los géneros. Eso es exactamente lo que hace el director David Yarovesky en Brightburn: el hijo de la oscuridad (Brightburn, EU, 2019) su segundo largometraje donde fusiona el género fantástico de los superhéroes con el género de horror.

En alguna granja del centro de los Estados Unidos el infértil matrimonio Breyer recibe de una nave extraterrestre caída en el bosque la bendición de un bebé. ¿Les suena esta historia? Al cumplir 12 años, Brandon (Jackson A. Dunn) el hijo adoptivo de los Breyer, comienza a darse cuenta de que es diferente a los demás pues tiene poderes sobrehumanos que lo hace prácticamente invencible. Sin embargo, el odio al género humano a raíz del rechazo en una sociedad racista, y también a partir de recibir mensajes desde la nave que lo trajo a la Tierra, convierten a Brandon en un monstruo determinado a extinguir a la humanidad.

Evidentemente la historia es tomada directamente de la narrativa sobre la génesis de Supermán, pero Yarovesky le da un giro para crear un monstruo al introducir el género de horror en el argumento. Un giro interesante que rompe la gastada fórmula de los superhéroes, que parece ser ha llegado al hastío al no poder presentar algo nuevo en su panorama, misma que está encadenada a los requisitos del género. Sin embargo Yarovesky se libera de esas cadenas e introduce el horror en la narrativa de superhéroes dándole un enfoque diferente, que termina en la paranoia por la migración, propia de la cultura norteamericana.

Desde su fundación, los Estados Unidos ha promovido la narrativa del miedo al extraño, especialmente al forastero argumentando que éste solamente llega a dañar a la población local. Así, iniciativas originarias como la posesión de un arma para defenderse de ese invasor tienen legalidad en una sociedad paranoica. Cuando Jerry Siegel y Joe Shuster crearon a Supermán inspirados en mitos griegos y cristianos, especialmente en Hércules y Jesús, buscaron una metáfora positiva del migrante, pues implicaba beneficios al país del norte que la mente prejuiciada de los conservadores no podían percibir. Fue en la década de los 20 y 30 del siglo pasado que la migración en los EU fue notable, y por ello surgieron muchas agrupaciones conservadoras que intentaban impedir tal migración y eliminar al forastero. Así que con Supermán se buscó crear una narrativa contraria a la discriminación y paranoia de los este grupo de norteamericanos. Tal vez la metáfora no tuvo un gran impacto, sin embargo el personaje si, tanto que sentó las bases del género de superhéroes.

 

 

El paralelismo descarado en Brightburn con la narrativa  y personaje de Siegel y Shuster, que parece plagio, no es gratuito ni se circunscribe solamente a la historia de la película, también tiene una lectura política que es coherente con el pensamiento racista y paranoico de Donald Trump. David Yarovesky propone en su cinta que Brandon Breyer, el niño que llegó del espacio para vivir entre los humanos, o sea un migrante, no se convierte en el superhéroe para bien de la humanidad, como lo fueron –guardadas las distancias por supuesto- Hércules o Jesús. Brandon llegó para conviertirse en un asesino masivo que exterminará a la humanidad que lo ha alojado, criado y cuidado como uno de ellos. Así, semejante a esta perspectiva es como los conservadores norteamericanos encabezados por Trump perciben al migrante: como un monstruo que amenaza la supervivencia de los propios gringos. Monstruos como los traficantes, violadores y criminales que somos los mexicanos, según Trump.

La fórmula del género de superhéroes está desgastada por la excesiva exposición propia de la ambición de las productoras hollywoodenses, y por ello necesita un respiro y una renovación. Un buen recurso es fusionarles con otros géneros insospechados, como lo es el horror en el caso de Brightburn, sin embargo la narrativa destrás de este buen experimento no es loable del todo. Es paranoia a los superhéroes.

 

 
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