Apego. Soltar para la construcción de nuevos horizontes
2019-04-09
Apego. Soltar para la construcción de nuevos horizontes

Apego: 

Soltar para la construcción de nuevos horizontes

 

Vivo comprometido con mis metas y desapegado de los resultados que ocurran en el camino”

 Ignacio Bossi.

 

“No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio”

Charles Darwin

 

 

 

 

Por Ana Laura Tello Barrio

 

Si existe el apego es porque seguramente es funcional, los evolucionistas plantean que las especies se adaptan al medio en las que se desenvuelven así como la atrofia de los órganos necesarios para esta adaptación. Actualmente, estas teorías evolucionistas están explicando no solo la parte biológica del ser humano sino también la parte emocional.

Eduardo Punset, plantea hoy en día y basándose en una metodología netamente científica que más allá de la pura supervivencia, solo florecemos, si las necesidades emocionales están atendidas en especial las de protección y afecto, destacando la importancia de una adecuada gestión de las emociones.

Partiendo de estas ideas pensemos el apego puntualizando en la definición que la Real Academia de la Lengua Española hace: afición o inclinación hacia alguien o algo.

Si echamos un vistazo a esta descripción  nos podemos percatar de que literalmente es inofensiva, este conjunto de palabras no nos invita si quiera a considerar que el apego sea tan dañino como se ha planteado en los últimos años, al contrario, hemos perdido de vista aquellas ventajas de las cuales está rodeada, por ejemplo y probado en experimento con simios: la de brindar seguridad. De entrada cuando nacemos, el apego con nuestra madre nos va consolidando como seres aptos para seguir existiendo, Sin embargo, en la medida en la que vamos creciendo confundimos la palabra apegar con “aferrar”.

Los apegos que tenemos a lo largo de nuestra vida nos van cobijando, pensemos por ejemplo: una sana relación con alguien, en esa circunstancia podemos ver que el apego a esa persona nos ayuda existir, crecer, evolucionar y si en un momento dado esa relación termina esto no implica necesariamente que estemos en el amargo problema de que no podamos dejar esa relación. Sin embargo, lo que no nos permite cortar con aquello que no es ya funcional no es el apego, son aspectos muy personales que tendrían que ser analizados de fondo, por mencionar un ejemplo: inseguridad, expectativas personales, obsesiones, etc.

Retomando nuevamente a Eduardo Punset, una función esencial de las emociones es destacar la memoria, en la medida en que las cosas me provocan una emoción quedan plasmadas en nuestro cerebro, y el apego cumple perfectamente con esta característica, no tenemos por qué satanizarlo, siempre y cuando lo entendamos y no perdamos de vista que este nos hace experimentar seguridad,  está cubierto de rasgos de cariño, de cobijo, sin embargo al sentirnos así puede que perdamos la objetividad y transformemos el apego en obsesión.

Somos seres emocionales, incluso antes de que el homo fuera sapiens. Está comprobado que las emociones existen hace millones de años y si esto se ha presentado de esta manera es porque simplemente han resultado útiles para la supervivencia, vivir sin ellas es una sentencia de muerte y vivir sin apego sería como pedirle a una embarazada que no tomara vitaminas en su proceso. Sin embargo, una alta dosis de ella también ocasiona problemas al nuevo ser.

Como conclusión y dicho de manera muy manoseada, nada con exceso, todo con medida, disfrutemos de aquello de lo que sentimos apego, y soltemos aquello que ya no nos brinda lo que nos haya tenido que ofrecer, ¿es difícil? Depende, pero cuando se superan las separaciones podemos ver desde la distancia la fortaleza emocional que se ha instalado en nosotros.

Así que soltemos la idea de que el apego es algo con lo que tenemos que trabajar día a día, mejor ocupémonos en disfrutar nuestros apegos y liberarlos cuando hayan cumplido con su misión, la vida no es una manda.

Finalmente, deseo que poco a poco vayamos recobrando a aquella persona que en la infancia no dejaba de soñar e imaginar mundos grandiosos para presentarla con aquella que seguramente está esperando inquieta hacerlos realidad.

 

 

 
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