PŠjaros de verano:   en la batalla por un ”scar
2018-12-20
PŠjaros de verano: en la batalla por un ”scar

 

 

 

 

 

Pájaros de verano:

en la batalla por un Óscar

 

 

 

 

 

Por Noé Ixbalanqué Bautista

 

 

Propuesta para representar a Colombia al premio Óscar a la mejor película en habla no inglesa, Pájaros de verano (Colombia/Dinamarca/México, 2018) se exhibe en algunas salas poblanas y vale mucho la pena verla. Dirigida por Cristina Gallego y Ciro Guerra, la cinta nos descubre el paisaje desértico de la Guajira colombiana y a su pueblo originario, los Wayúu, con su contraste, la sierra, su exuberancia y su gente. Contraste apacible hasta que el trasiego de la droga les llevó a una de las tragedias más fuertes sucedida entre las décadas de los 60 y 80 del siglo pasado. La bonanza “marimbera” cobró vidas y esta película analiza ello.

Basados en hechos reales, Gallego y Guerra nos narran la historia de Rapayet (José Acosta) un indígena de un clan de los Wayúu que debe pagar una fuerte dote para casarse con Zaida (Natalia Reyes) la hija de la matrona de otro de los clanes. Para lograr reunir lo solicitado, Rapayet se asocia con un mestizo urbano para satisfacer un gran pedido de mariguana –marimba en el argot regional- de unos gringos hippes que están ahí en misión para prevenir la llegada del comunismo. Rapayet logra formar una familia con Zaida, pero la gran demanda por la droga para llevarla ilegalmente a los Estados Unidos despierta la ambición, no sólo de él, sino de todo el clan. Como es de suponer, con la gran cantidad de dinero sucio y fácil que les llega, también llegan las armas, el poder y las disputas. Se alejan de sus costumbres, de su cultura y por ello de su identidad, especialmente en las nuevas generaciones. Ello lleva al exterminio casi total de todos los involucrados. “Viva el capitalismo”, es la frase con que inicia todo, con la bonanza que anuncia el fin.

 

 

Los Wayúu son una etnia que, como muchas otras en América, había resistido por siglos su exterminio ante la llegada de los europeos con su cultura materialista y su inmediatez, con su autoritarismo, represión y discriminación. Resistencia surgida desde el siglo XVI hasta entrado el XX. Ellos defendieron a la tierra, a su cultura y su ser para seguir existiendo, sin embrago unos gringos que llegaron con el evangelio del capitalismo, y con las adicciones surgidas para escapar del horror de ser nada/nadie en la sociedad capitalista, logró lo que no hicieron los españoles y los piratas ingleses anteriores: exterminarles. Provocar la implosión es mejor estrategia que atacar frontalmente desde afuera. Por eso los gringos en esta película sólo aparecen en un par de escenas y el resto de la historia su presencia es latente en la forma de los dólares, de las armas, de las avionetas y las camionetas, de las casas, de la vestimenta… de la cultura hedonista de las masas creada por los gringos mismos.

Las costumbres Wayúu presentadas ricamente en el primer acto de la película, así como su idioma, poco a poco es sustituida, casi imperceptiblemente por la arquitectura gringa, por costumbres modernas y por el español. Eso lo dejan muy claro Gallego y Guerra en un guión bien construido que busca ir más allá del hecho que lastimó a toda Colombia en los ochenta, y que será el antecedente a la tragedia del narcotráfico y al surgimiento de los grandes cárteles del crimen organizado que tanto daño han hecho a esa nación, como también lo están haciendo a la nuestra, entre otras.

Algunos críticos consideran Pájaros del verano como el Scarface (Brian De Palma, EU, 1983) sudamericano y no les falta razón. Más allá de las semejanzas que se puedan encontrar entre estas cintas, el valor de la película colombiana radica en la reflexión que hacen sus directores del hecho real, reflexión casi antropológica, y con ello hacer visible ya no el gastado discurso sobre el narcotráfico, sino la erosión cultural que ha significado la presencia del crimen organizado como parte de la lógica de esa mano invisible del capitalismo. Vale la pena ver esta cinta, y si, merece estar en la batalla por ese Óscar, aunque sabemos que México se lo llevará. Sin embargo Pájaros de verano es un gran filme.

 

 
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