Un
2016-02-12
Un "bon vivant"

 

 

 

 

 

 

Un “bon vivant”

 

 

“La salud no está en el plato, sino en el zapato”

 

(Anónimo)

 

 

 

 

 

Por Jesús Manuel Hernández

 

 

Un día le preguntaron a Zalacaín cuál sería el mejor regalo en el mundo para un “bon vivant”. La disertación se encontraba entre la comida, los vinos, alguna prenda de vestir, tal vez una corbata, un pañuelo. Incluso se llegó a pensar en un cinturón, pero nunca jamás, a alguien se le había pasado por la cabeza regalar un par de zapatos a un hombre.

Es más fácil obsequiar a una mujer, había reflexionado en aquel momento Zalacaín. Un perfume, alguna bisutería, un bolso o unos buenos bombones de chocolate siempre sacaban del apuro.

Viajero incansable y comprador por excelencia, el aventurero acostumbraba tener siempre a la mano algún pañuelo de mujer, de seda por supuesto, una caja de Hediard con castañas confitadas o unos “pecadillos” de chocolate amargo, no menos de 70 por ciento de cacao salpicados con granos de sal o alguna confitura de naranja picante.

Pero dar un regalo a un hombre considerado “bon vivant” era otro asunto. Una corbata, salvo de marca como Leonard, Hermes o Pancaldi, garantía de hechura a mano y el empleo de las “siete telas” -"sette pieghe"-, el doblez perfecto de la seda para confeccionar una corbata, 4 de un lado y 3 del otro, constituían regalos exclusivos, sólo para conocedores.

Unos gemelos, debían ser acordes a su ropa formal y el color de las camisas; un pañuelo para la chaqueta era algo más común. Luego entonces se optaba por una botella de whisky, un vino de reserva, y eso ya era apostar por un regalo cuantioso.

Pero aquella vez la chica le había insistido mucho en el regalo. Quería sorprender al novio y el tema económico, por suerte, no era problema. Sin embargo quería algo verdaderamente muy exclusivo, sorprendente.

Sin duda la ropa confeccionada en sastrería era algo muy especial sobre todo si el presupuesto alcanzaba para mandar las medidas para una buena camisa en Jermyn Street, o una chaqueta de cualquiera de los establecimientos de Savile Row.

Si era fumador el tema se facilitaba hasta cierto punto más. Un buen cortador de puros, de oro con laca o un encendedor de material similar podía dejarle también satisfacción.

Y así fueron apareciendo un sinnúmero de ideas sobre los regalos al novio de la amiga del aventurero. Pero ninguno le satisfacía por completo. La lista se incrementó, pasando por libros antiguos, algún grabado de artistas de moda, una escultura, una loción de colección como la Creed Millesime Imperial o una caja de habanos. Nada.

La chica quería regalar zapatos, el novio era un amante de los zapatos, usaba marcas inglesas e italianas y algunas españolas de confección artesanal.

Por tanto el aventurero se dio a la tarea de contactar a sus maestros de la vida en el afán de encontrar los mejores zapatos del mundo.

Y así sucedió. Del otro lado de la línea la respuesta fue inmediata “ no se si son los mejores, pero seguramente los más caro del mundo, sí lo serán”.

Amedeo Testoni fue un artesano del zapato nacido en Bolonia, de donde nunca salió, fundó su taller de zapatos artesanales y lo mantuvo en la primera línea de prestigio hasta 1984 cuando murió, luego le siguieron sus hijos. Se especializo en trabajar las mejores y más exóticas pieles para confeccionar zapatos a la medida.

Testoni sólo tuvo un sueño en la vida: crear los zapatos más cuidados y sofisticados del mundo respetando los diseños clásicos de su tierra, Bolonia, famosa desde el siglo XVII en la elaboración de zapatos.

Pero además Testoni tomó las técnicas noruegas, especialistas en botas para enfrentar los climas nórdicos, aún así los zapatos no son duros, por el contrario, ligeros y flexibles.

¿Cómo se logra esa cualidad de los Testoni? Le preguntó Zalacaín a su amigo al otro lado de la línea.

El zapatero italiano efectúa un segundo proceso al momento de armar cada pieza, le llama “piuma rapid”, primero se monta el zapato sobre una horma, luego se desarma y se monta de nuevo, la técnica aportada requiere de unas 200 operaciones a mano, totalmente artesanales con lo cual se obtiene sin duda el mejor y probablemente más caro zapato del mundo.

Pues cuánto cuestan, cuestionó la ansiosa novia. La friolera de 30 mil Euros los de cocodrilo y unos 20 mil los de anca de potro.

¿Puede pedir menos un amante de la vida y a elegancia?, preguntó el aventurero. O  como dijo Honoré de Balzac: “Elegancia es la ciencia de no hacer nada igual que los demás, pareciendo que se hace todo de la misma manera que ellos”.

Chapó.

 

losperiodistas.com.mx@gmail.com

Video en: https://youtu.be/7VVlaGxVrOM

 

 
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