Los Tamales y La Candelaria
2016-02-05
Los Tamales y La Candelaria

 

 

 

Los Tamales

y La Candelaria

 

 

 

 

 

 

 

Por Jesús Manuel Hernández

 

“Comían también tamales de muchas maneras; unos de ellos son blancos y a manera de pella, hechos no del todo redondos ni bien cuadrados… Otros tamales comían que son colorados…”, esa era la cita del Códice Florentino dando inicio al comentario sobre la tradición prehispánica de comidas no conocidas por los conquistadores.

Fray Bernardino de Sahagún da fe en sus textos de la Historia General de las Cosas de Nueva España de ese y otros pasajes coincidiendo con otros autores donde el tamal es figura principal no sólo en la comida cotidiana, también en las ceremonias religiosas, principalmente entre los Tepehuanes, Tarahumaras, Tarascos y Huicholes.

Los tamales fueron usados en ceremonias funerarias y para alimentar a los sacerdotes y a los notables de las tribus. El origen de la palabra es náhuatl “tamalli” y su confección se ha mantenido por siglos respetando en muchos casos las recetas originales.

Los había de preparación especial para la Huey Tecuilhuitl, “Gran fiesta de los Señores”, donde las mujeres los preparaban desde la noche anterior. Para cada festividad prehispánica se tenían recetas y protocolos en su elaboración, algunos eran para ofrendas, otros para el dios del fuego, otros para las fiestas del fin del año Azteca, algunos más para la llamada “fiesta del Agua” o para despedir o recibir a los guerreros después de las batallas.

Existían algunos dichos o creencias registrados por los historiadores de la Nueva España sobre las condiciones ideales de comer los tamales y otras donde se aclaraban los perjuicios de comerlos como debía ser. Por ejemplo los tamales no bien cocidos se pegaban a las “hojas de maíz“, la masa por tanto no se había cocido bien y en consecuencia su ingesta derivaba en dolores estomacales, empacho o algún desperfecto. Y de ahí las creencias populares, decían a quien los comía, si era hombre ”nunca tiraría bien las flechas en la guerra; y si eran mujeres “nunca bien pariría, se le pegará el niño por dentro”.

Toda esa variedad provocó el número de recetas en todo el territorio conocido y conquistado por los españoles quienes se quedaron asombrados de los ingredientes, tamaños, figuras, sabores en cada región. Se sabe de unas 300 recetas en el país y cerca de mil combinaciones.

El tema había sido socorrido aquella mañana del 2 de Febrero, festividad católica de la Virgen de la Candelaria, patrona de Canarias donde se celebra la Fiesta de las Luces, cuyo origen se registra a mediados del Siglo V.

Pero, de dónde la tradición mexicana de celebrar La Candelaria con tamales, de dónde relacionaron los antepasados el asunto de comer la Rosca de Reyes, meter el niño y “premiar” a quienes lo encontrara con la invitación a preparar los tamales de La Candelaria. Esas preguntas fueron soltadas en la mesa aquella mañana mientras Rosa preparaba el Champurrado, el atole de maíz con chocolate amargo, la bebida favorita en el pasado para acompañar los tamales de dulce.

Los refranes populares abundan en torno del tamal, dijo el aventurero Zalacaín a los convidados al desayuno:

El que para tamal nace

vive ajeno de congojas

le dan la manteca fiada

y del cielo le caen las hojas”

Alguno de los amigos terció sobre los dichos en la vecindad donde vivió de niño, donde a una señora famosa por su tacañería le decían: “No come tamales por no tirar las hojas”. O aquella para definir a quien mostraba habilidades peculiares para determinada actividad: “Por las hojas se conoce al tamal que es de manteca”.

Algunos eran a manera de piropos “¿Por qué con tamal me pagas teniendo bizcochería?” le decían a la colegiala cuando se negaba a dar un beso en la boca y lo plantaba en la mejilla.

Uno en especial se decía de los hombres engañados por la mujer, los cornudos, quienes no se enteraban de la infidelidad de la pareja. Entonces las señoras decían “Al del 9 su mujer le hace de chivo los tamales”, en relación a los ingredientes no válidos para rellenar el alimento, pues era preferible el guajolote, el cerdo, las frutas, las salsas, como el mole, o las rejas de chiles, pero no el chivo, pues en épocas pasadas la carne del chivo se comía seca, en forma de chito, muy dura y salada.

Pero cómo se unió la tradición de comer tamales al 2 de febrero, se preguntaban todos mientras devoraban prácticamente uno a uno los tamales de Rosa.

La Iglesia Católica celebra La Presentación del Señor en el templo a los 40 días de su nacimiento, según lo escribe el evangelista San Lucas. La occidentalización de la celebración se hacía con una procesión de luces para resaltar el papel de Jesús como luz del mundo.

Pero coincidió con la tradición descrita por Eteria o Egeria, en el siglo IV de las fiestas de candelas, de luces, el 14 de febrero.

Con los cambios en el calendario, la fiesta de La Presentación se ubicó el 2 de febrero, curiosamente el día de la Virgen de la Candelaria, de las candelas, patrona de Canarias, de donde llegaron muchos españoles a la Nueva España.

Los indígenas fueron iniciados en la religión católica y les llevaron a las procesiones del 2 de febrero donde se presentaba al Niño Dios, el Niño Jesús en el templo, para ello debían vestirlo pues apenas se había levantado del pesebre, otra costumbre aprendida por ellos.

Y entonces, dijo Zalacaín, vino el sincretismo de las ceremonias prehispánicas en honor de los sacerdotes, los guerreros y las divinidades al inicio del año, donde los tamales eran ofrecidos.

Y la tradición se fue formando y heredando. Lo del niño en la Rosca de Reyes, es otro asunto, primero era un premio y luego se convirtió en una especie de penalización, un pretexto para comer los tamales el día de la Candelaria.

 

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Video en: https://youtu.be/-Y-bV6ypC_M

 

 

 
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