La “media tostada de abajo” y el “Pepito”
2016-01-15
La “media tostada de abajo” y el “Pepito”

 

 

 

La “media tostada de abajo”

y el “Pepito”

 

 

Por Jesús Manuel Hernández

 

1888 fue un año de intensas lluvias en Madrid, donde los amantes de la zarzuela aún saboreaban las tonadillas de “La Gran Vía”, estrenada en el 86 en el teatro Felipe, cuyo verdadero nombre fue “La Gran Vía, revista lírico-cómica, fantástico-callejera en un acto” y  cuyo libreto respondía a la inauguración de una de las más importantes y modernas calles de Madrid.

Ante tal éxito, Federico Chueca y Joaquín Valverde se dieron a la tarea de consagrar el año más lluvioso de Madrid con otra zarzuela, llamada “El Año Pasado por Agua” donde son citados algunos de los emblemáticos cafés literarios de la zona de la Puerta del Sol, como el “Café de Don Marcial” donde cobró fama la cena de un buen trozo de carne. de varias anécdotas en torno a esa época literaria del Madrid, llamado hoy “viejo”, donde su acompañante comentaba sobre las especialidades de cada uno de los más importantes cafés.

En el edifico de Puerta del Sol número 2 estuvo el famoso “Café Lorenzini”, uno de los primeros en desaparecer con la remodelación de la calle; otros en Carrera de San Jerónimo, calles de Sevilla y Príncipe. Existía la tradición de recorrerlos de uno en uno para ir probando las especialidades y conociendo a los personajes de las letras de la época.

El “Café de las Columnas”, en el número 3 de la calle era el mas moderno y elegante de la época, utilizaba lucernas de gas y contaba con una gran sala de billar y servía uno de los mejores chocolates de la ciudad. Benito Pérez Galdós lo citó en sus “Episodios Nacionales”.

El “Café de Puerto Rico” también en el mismo edificio fue el último de esa maravillosa época, abrió en 1902 y se mantuvo abierto con varias reformas hasta 1959. Cuando abrió, ofreció menús por 2 pesetas con ¡dos platos, vino, pan y postre! Estaba lleno de actores y actrices quienes se reunían ahí con los críticos de al salir de las funciones de los teatros de la Comedia y el Apolo.

Fue en aquella época cuando cobraron fama las tertulias de los profesionales de la medicina, farmacéuticos o abogados en torno a los platos más socorridos por su sabor, abundancia y el precio, por supuesto.

Uno en especial se repetía en la mayoría de los cafés: “El bisté y la Media Tostada de Abajo”. Consistía en una buena ración de bistec con papas y un pan tostado untado con “manteca”, así llamaban los madrileños a la mantequilla en aquélla época.

El gran escritor y cocinero, promotor de la cocina moderna española en el siglo pasado, Teodoro Bardají, registró dos recetas en su “Índice Culinario” debido a la popularidad de los platos sugeridos en todas las cartas de las cafeterías madrileñas de finales del XIX y bien entrado el XX: “El Bistec con Papas y la Media Tostada”.

Citó Bardají al “Café Fornos”, en la Calle de Alcalá esquina con Virgen de los Peligros, donde el solomillo de ternera a la parrilla se colocaba sobre una rebanada de pan frito y se coronaba con una loncha de jamón frito y otra de lengua en salsa Colbert, llamada “Escarlata”, y unas patatas soufflé de guarnición. El Fornos cobró fama por haber sido la cuna del “Couplet” desvergonzado, donde se rendía honor al libelo.

Los estudiantes de la época no podían comer más allá de ese bocadillo y entonces se decía “vamos donde el bisté y la media tostada de abajo” refiriéndose al sentido de la calle con runo a la Puerta del Sol.

La fama de la “media tostada” provocó al compositor de zarzuelas Miguel Ramos Carrión consagrarla en una receta llamada “Cena Estudiantil”.

Y Zalacaín la recordó:

  “Coge un cuchillo y después

con la mayor igualdad

divide por la mitad

un panecillo francés.

  Toma la parte inferior,

sobre una parrilla luego

colócala sobre el fuego

a lento y suave calor,

  y antes que se ponga seca

cuando esté casi dorada,

ya del fuego separada,

úntala bien con manteca.

  Así, con poco trabajo,

tierna, sencilla y sabrosa,

conseguirás la famosa

media tostada de abajo.

  Es plato que hace cualquiera

y se toma comúnmente

con un café bien caliente,

y modista… o chalequera”

 

¿Y el “Pepito”? preguntó Zalacaín a su compañera de paseo aquél día de Invierno por las calles del viejo Madrid.

Eso –le dijo- es una leyenda. A uno de esos cafés un día se presentó un hombre muy respetable llamado José a quien los camareros cariñosamente le llamaban “Don Pepito”. Estaba inapetente y por tanto pidió le acomodaran en una media tostada la mitad del bistec de ternera. La combinación resultó buena, por tanto quedó registrada y después los vecinos siguieron la costumbre de no pedir el bistec entero, sólo la mitad, como lo pide “Don Pepito”. Y de ahí se popularizó perdiendo el “don” y guardando el “Pepito”.

 

losperiodistas.com.mx@gmmail.com

Video en: https://youtu.be/caT3ttWmn60

 
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